¿Otro libro sobre la Guerra Civil? Pues sí, y uno muy bueno, por cierto, además de ser absolutamente necesario para profundizar en nuestra comprensión del conflicto. Y es que la inmensa mayoría de los estudios, novelas y películas sobre la guerra española se ocupan, en realidad, de lo que sucedía en la retaguardia, no de la lucha en los frentes, de la que finalmente se der...

ivaba todo lo demás, desde decisiones políticas hasta reconocimientos diplomáticos, pasando por cambios sociales y actividades culturales. Sin duda, es chocante el relativo segundo plano en el que han permanecido batallas y combatientes, ya fueran voluntarios o soldados a la fuerza. Por contraste, resultan innumerables las ocasiones en las que, de norte a sur, hemos visto repartirse estopa a los azules y grises que protagonizaron la Guerra de Secesión norteamericana.

Así las cosas, Miguel Alonso Ibarra ha decidido coger su fúsil, bajar al fango de las trincheras y acercarse al máximo a la experiencia de combate de los soldados del ejército franquista. Los ha acompañado durante su movilización, equipamiento e instrucción, incluso ha compartido sus correrías en los permisos disfrutados lejos de la primera línea, fundamentales para la moral de la tropa, la forja de lazos de camaradería y la cohesión de las unidades. También, a través de un conocimiento detallado de las fuentes (Archivo General e Histórico de la Defensa, Archivos Militares de Ávila, Segovia y Guadalajara), el autor ha sido capaz de seguir el rastro de aquellos soldados considerados inadaptados. Ya fuera por disidencia política, por no acomodarse al modelo imperante de masculinidad, que podía ignorar la moralidad católica ante la prostitución, pero no ante prácticas heterodoxas como la homosexualidad, pero sobre todo por no participar del “modo rebelde de hacer la guerra”. Dicho modo, una “confluencia entre necesidad militar y motivación ideológica”, se caracterizaba por solventar las carencias técnicas y materiales, así como el afán de notoriedad de mandos y formaciones, a fuerza de sangrientos asaltos frontales, verticalidad extrema y amenazas de castigo. Todo ello bien sintetizado en la fórmula: “La Laureada o el paredón”.