Bastantes de los muertos conservadores en la Guerra Civil no eran fascistas —sino de buena fe, o por autodefensa, o porque les tocó ese lado—, sino republicanos moderados

Los vencedores de la Guerra Civil española, y sus descendientes, también somos víctimas de aquella catástrofe....

Porque tantos murieron en el frente, y no les conocimos. Porque en bastantes casos nuestros padres tampoco encontraron en las fosas los cuerpos vulnerados de sus mayores. Porque la carga moral de la victoria también puede ser dura. Porque sabemos, y duele, la asimetría entre los nuestros, que fueron recordados, y la condena a largo ostracismo aplicada a los perdedores que perdieron la vida en busca de dignidad.

Porque, además, bastantes de los muertos conservadores no eran fascistas —sino de buena fe, o por autodefensa, o porque les tocó ese lado—, sino republicanos moderados. O, ay, demasiado católicos para lo que convenía. O pasaban por allí, y les confundieron. Porque burgueses catalanes o vascos evitaron la matanza, pero perdieron durante años lengua y cultura propias.

El lector excusará este alivio, quizá sea útil. Se me encaramó ayer en un acto público insólito. La inauguración en el cementerio de Montcada, a la entrada de Barcelona, de una singular instalación-circuito permanente.