365 días. Ese es, aproximadamente, el tiempo que puede pasar entre que compras la entrada para el concierto de tu artista favorito y llega el día del espectáculo en directo. Tiempo suficiente también para enamorarte, romper con tu pareja, volver, mandarlo todo a paseo y acabar entrando al estadio preguntándote: “¿Y ahora voy a tener que volver a ver a mi ex, con quien compré estas entradas hace más de un año?”.El mercado de los conciertos ha cambiado drásticamente y, con él, también las relaciones personales que orbitan alrededor de la música en directo. Cada vez más exparejas y antiguos amigos se ven obligados a retomar el contacto meses después de una ruptura porque, en algún momento del pasado, compraron entradas para una gira que parecía lejanísima.Lee tambiénHace apenas dos décadas, lo habitual para cualquier gran artista era poner las entradas a la venta entre cuatro y ocho semanas antes del espectáculo. Un margen razonable que permitía organizarse con cierta lógica y asumir que, probablemente, seguirías manteniendo relación con la persona elegida como acompañante.Para los macroconciertos de U2 en Barcelona (gira Vertigo, 2005), las entradas salieron a la venta a mediados de febrero y el show se celebró en agosto: seis meses de margen. Algo similar ocurrió con Bruce Springsteen en su gira The Rising (2002): las localidades para su concierto de octubre en el Palau Sant Jordi se vendieron a principios de septiembre, apenas seis semanas antes.El mercado de los conciertos ha cambiado drásticamente y, con él, también las relaciones personales que orbitan alrededor de la música en directoNacho Vera / PropiasHoy, sin embargo, los plazos se han estirado hasta el año completo, especialmente en las grandes giras internacionales. Como consecuencia, ya no es raro encontrarse con personas que, cuando llega la fecha del concierto, hace meses que dejaron de tener relación con quien iba a acompañarlas.La última prueba de ello se está viendo estos días con la gira europea de Bad Bunny, nombre artístico de Benito Antonio Martínez Ocasio, que dio el pistoletazo de salida en Barcelona el pasado 22 de mayo. Las entradas, sin embargo, salieron a la venta general el 8 de mayo de 2025, mientras que la preventa exclusiva comenzó un día antes. “Ha llovido mucho desde entonces”, resume Laia (nombre ficticio, como el de todas las parejas que han participado en este reportaje, pues quieren permanecer en el anonimato).Los conciertos de Bad Bunny fuerzan el reencuentro entre exparejasEsta joven de 21 años llevaba dos años con su novia, María, cuando decidieron ir juntas al concierto. “Suelo tener suerte y, cuando salen las entradas, casi siempre quedo entre los primeros cinco mil de la cola virtual, así que me encargué yo de cogerlas”. Laia compró la suya, otra para su ex, otra para la hermana de su ex, otra para una amiga de la hermana de su ex y dos más para dos amigas suyas. Tres semanas después, Laia y María terminaron la relación.Después de algunos intentos fallidos de mantener la amistad y varias idas y venidas, en diciembre de 2025 dejaron de tener contacto. Hasta que, semanas antes del concierto, Laia descubrió por sorpresa que su expareja estaba buscando otra entrada y que la suya acabaría en manos de su padre. “De repente me encontré con que tenía que ir al concierto con el padre de mi ex, su hermana y una amiga mía. ¿En qué universo tiene sentido eso? En ninguno. Encima las entradas eran en grada. Mano a mano. Ninguna gracia”, recuerda.Las canciones de Bad Bunny hablan de despecho, desamor y de echar de menos a alguien, así que imagínate el ambiente con tu ex al ladoLaiaFue al concierto de Bad Bunny de Barcelona con su exAl enterarse del cambiazo, Laia decidió escribir a María. Finalmente, María le confirmó que su padre no iría en su lugar y que quería asistir con Laia al Estadi Olímpic. “Yo no acababa de entender por qué de repente quería ir conmigo. Incluso le propuse varias opciones para no tener que ir juntas, pero no hubo manera”, explica Laia.La joven recuerda que su ex apareció apenas un minuto antes de que comenzara el espectáculo y admite que las primeras canciones fueron algo incómodas. “Las canciones de Bad Bunny hablan de despecho, desamor y de echar de menos a alguien, así que imagínate el ambiente. Yo intentaba estar más pendiente de mis amigas que de ella”. Cada vez más exparejas y antiguos amigos se ven obligados a retomar el contacto porque compraron entradas para un conciertoGetty ImagesDe hecho, en la discografía del artista encontramos versos desgarradores como “Que se joda el amor, yo no creo en tus promesas. Ya me cansé de tus mentiras”, de su éxito Amorfoda, y líneas llenas de nostalgia como “Debí tirar más fotos de cuando te tuve. Debí darte más beso' y abrazo' las vece' que pude”, pertenecientes a DtMF, la canción que da título a su último álbum, Debí tirar más fotos.Aun así, Laia reconoce que la noche terminó siendo mucho mejor de lo esperado. “Al final me lo pasé muy bien. Fueron tres horas de olvidarnos de todos los malos rollos, bailar y reírnos. Mis amigas se sorprendieron de nuestra actitud”.Rompí con mi ex, volví a España y ahora iremos juntos al concierto de Bad Bunny en LondresLaiaFue al concierto de Bad Bunny de Barcelona con su exAunque ambas tienen claro que el concierto no supuso ningún acercamiento sentimental, todavía tendrán que enfrentarse en los próximos meses a las consecuencias de haber comprado entradas con tanta antelación. “Tengo pases para Carolina Durante, Amaia, Aitana y Dani Martín, y todos los compré con ella. Esta vez voy a anticiparme e intentar que venga más gente para no ir mano a mano y estar rodeadas de más amigas”, concluye Laia.Otra expareja que se ha visto obligada a reencontrarse estos días para hablar sobre cómo gestionar el concierto del puertorriqueño es la de Natalia y Marcos. Ella llevaba casi tres años viviendo en Dublín y dos de relación con Marcos cuando decidieron separarse, tan solo unos meses después de comprar las entradas para ver a Bad Bunny en Londres. La compra anticipada de entradas obliga a reflexionar mejor sobre con quién compartiremos el conciertoMané Espinosa / Propias“La relación se había vuelto un poco monótona y en España me pasaron cosas a nivel personal y familiar que me afectaron mucho. Ya había terminado el máster y decidí volver”, explica Natalia.Aunque el amor terminó, Natalia asegura que fue “desde el cariño” y que siempre mantuvieron una buena relación. “Al principio no tenía claro si ir con él o no al concierto, pero después de vernos y comprobar que seguíamos teniendo buen rollo, decidí hacerlo. Así que voy a pasar una semana en Dublín visitando a unos amigos y luego iremos juntos al concierto de Londres”, explica. Contacto cero: la estrategia más recomendada tras una rupturaA pesar de que el encuentro entre estas dos parejas haya sido positivo, la psicóloga Eirene García, especialista en duelo y cambios personales, señala que compartir el concierto tras una separación no es la decisión más acertada. “El contacto cero tras una ruptura es lo más recomendado para hacer el duelo y asumir que las cosas han cambiado. Ir a un concierto con tu expareja rompe ese proceso”, explica.La especialista asegura que una de las situaciones más habituales entre sus pacientes tiene que ver con la idea de “seguir siendo amigos”. “Muchas veces lo que realmente quieren estas personas es seguir siendo pareja”. Por eso, cuando se plantea un reencuentro, García considera fundamental preguntarse en qué punto emocional está cada uno.El contacto cero tras una ruptura es lo mejor para el duelo y asumir que las cosas han cambiado; ir a un concierto con tu ex rompe ese procesoEirene GarcíaPsicóloga “A veces uno de los dos sí quiere volver y el otro no. O quizá uno ya hizo el duelo mientras seguían juntos, pero el otro se ha quedado completamente roto y necesita tiempo. En ese caso, verte en ese concierto es como un recordatorio de lo que pudo ser y no fue”, señala.En esa situación se encontraron Miguel, un joven barcelonés de 25 años, y Elena, su expareja. “Cuando compramos las entradas llevábamos apenas unas semanas juntos y ella ni siquiera era tan fan de Bad Bunny, pero nos hacía muchísima ilusión. Pagamos más de 200 euros por ticket”. Su relación terminó a finales de 2025 y ambos se bloquearon en todas las aplicaciones: Instagram, WhatsApp, TikTok… Días antes del concierto, sin embargo, retomaron el contacto. “Ella me dijo que le apetecía ir, pero no tanto para ver el concierto sino para compartir conmigo ese último momento juntos”. Tras varias discusiones y desacuerdos, decidieron vender las entradas y evitar el reencuentro.Si sabes que un reencuentro puede removerte emocionalmente, lo mejor es intentar mantener la mayor claridad posible para actuar desde lo que realmente te hace bienJordi SalasY es que el tiempo que muchos expertos recomiendan pasar sin hablar con una expareja puede rondar incluso los tres años. Un periodo que permite rehacer la vida, vivir nuevas experiencias y recolocar emocionalmente esa relación. “Aunque eso es lo que dice la teoría; luego cada persona tiene sus tiempos y hace un poco lo que puede —o lo que quiere—”, matiza Eirene García.Por eso, ante la duda de acudir o no a un concierto con un ex, la psicóloga recomienda hacerse dos preguntas: “¿Para qué quiero ir con esta persona?” y “¿Cómo me hace sentir?”.El alcohol, un factor que no ayuda en los reencuentrosRecuerda también que en este tipo de eventos suele aparecer otro factor desestabilizador: el alcohol. “Todos conocemos el típico mensaje a un ex a las tres de la mañana después de haber bebido y el arrepentimiento del día siguiente. Si sabes que un reencuentro puede removerte emocionalmente, lo mejor es intentar mantener la mayor claridad posible para actuar desde lo que realmente te hace bien”.Ella me dijo que le apetecía ir, pero no tanto para ver el concierto sino para compartir conmigo ese último momento juntosMiguelRechazó ir al concierto con su exEso sí, añade que, se tome la decisión que se tome, conviene pensar muy bien cómo comunicarla para evitar discusiones y malentendidos.Andrea, de 22 años, explica que, tras romper con Juan, su exnovio, él cogió su móvil y se transfirió una de las dos entradas que ella había comprado para ir juntos al concierto, aunque todavía no se la había pagado. “Después de una discusión, acabó devolviéndomela y se la vendí a mi mejor amigo para ir con él”, explica a este diario.Cómo decirle a tu ex, de forma asertiva, que no quieres ir con él al conciertoPara evitar situaciones como las de Andrea y Juan y comunicar límites de forma asertiva, Eirene García recomienda utilizar la llamada técnica sándwich: empezar desde la empatía, marcar el límite y cerrar desde el respeto. Por ejemplo, se podría decir algo como: “Me habría encantado que las cosas fueran diferentes, pero, dada la situación, no me siento cómodo compartiendo ese momento contigo. Creo que lo mejor es que no vayamos juntos”.La psicóloga añade que, si la otra persona insiste o minimiza lo que sentimos, también pueden ayudar otras estrategias como la técnica del “disco rayado” —repetir calmadamente la misma postura— o la del “banco de niebla”, que consiste en validar parcialmente lo que el otro dice sin renunciar a la propia posición: “Entiendo lo que dices y puede que tengas razón, pero yo lo vivo de otra manera”.Mi ex me cogió el teléfono y se transfirió una entrada; después de discutir, me la devolvióAndreaCortó con su ex y va con un amigo al concierto de Bad BunnyAunque asegura desconocer la técnica sándwich, Pablo, de 29 años, recuerda con bastante tranquilidad el proceso de revender su entrada para el concierto del puertorriqueño, al que inicialmente iba a asistir con su exnovia Martina. A diferencia de Miguel y Elena, ellos llevaban años juntos e incluso habían estado a punto de comprarse un piso.“Terminamos la relación en julio de 2025 y fue un shock. Lo último en lo que piensas en ese momento es en que dentro de meses tendrás que ir a un concierto con esa persona”. Conforme se acercaba la fecha, Pablo empezó a asumir que probablemente sería él quien acabaría renunciando a asistir, ya que tenían las entradas junto al grupo de amigos de Martina. Finalmente, ella le escribió porque una compañera de trabajo buscaba entrada y él no dudó en vendérsela.Aprender a disfrutar de planes como un concierto en solitario puede ser positivoNacho Vera“Me dio un poco de pena, porque es un concierto al que ha ido muchísima gente y cuando lo ves en redes sociales te entra FOMO, pero tampoco creo que hubiera sido el concierto de mi vida. Lo hablamos bien y me alegro de que otra persona haya podido disfrutarlo”, admite el joven.La otra cara de la moneda: jóvenes que van solos a los conciertosAnte la volatilidad de las relaciones —y para evitar situaciones como las de los protagonistas de este reportaje— cada vez hay más jóvenes que deciden acudir solos a conciertos y festivales. Es el caso de Verónica, que este año ya ha asistido a cuatro recitales en solitario.“Empecé a hacerlo con 18 años y la primera vez estaba bastante ansiosa, pero cuando lo vives el nivel de serotonina es tan alto que es imposible estar triste y pasarlo mal aunque estés sola. Es una experiencia que te conmueve, te llena de alegría y también de nostalgia, claro, pero nadie debería privarse de vivirla por no tener con quién ir”, explica.Nadie debería privarse de ir a un concierto por no tener con quién ir; la ansiedad social existe, pero hay que plantarle caraVerónicaVa sola a los conciertos desde que tiene 18 añosLa joven asegura que muchas veces se subestima lo que significa hacer cosas solos y se le tiene miedo sin motivo. “La ansiedad social existe, pero hay que plantarle cara. Nadie te dice nada por ir solo: tú disfrutas del festival o del concierto y ya. Hazlo, porque el recuerdo se queda contigo”, concluye.La psicóloga Eirene García coincide en que aprender a disfrutar de planes en solitario puede ser positivo, aunque recuerda que inevitablemente habrá muchas ocasiones en la vida en las que tocará compartir espacio con alguien con quien antes existió una relación. “En esos casos, la mente tiende a imaginar el peor escenario posible, así que también podemos intentar utilizarla a nuestro favor: visualizarte disfrutando muchísimo del concierto, cantando esa canción que te encanta y pasándolo bien”, explica.Y concluye con una reflexión inevitable: “Yo no digo que la gente deje de comprar entradas o de hacer planes juntos, pero sí que tenga presente que en un año pueden cambiar muchísimas cosas. Especialmente en la fase de enamoramiento, donde todo parece muy estable, pero doce meses dan para mucho”.Periodista en el equipo de Audiencias de La Vanguardia. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Graduada en Periodismo y Comunicación Corporativa por la Universidad Ramon Llull.