Bad Bunny actúa hoy 30 de mayo en el estadio Metropolitano. Repite el 31, luego el 2 de junio, el 3 y así hasta diez conciertos. Esto, en términos de la industria del entretenimiento, se denomina residencia musical, una serie de recitales que un artista ofrece en un mismo recinto y en un estrecho espacio de tiempo. Cuántos espectáculos deben ser: no existe un número exacto, pero una de las claves de este invento habla de crear impacto, así que cuántos más, mejor. Se han despachado 500.000 entradas para ver al puertorriqueño, que eligió Madrid por una cuestión estratégica: España funciona como puente entre Latinoamérica y el resto del mundo, sobre todo Europa. Otro aspecto relevante: según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España residen 3.200.000 personas que han nacido en un país de América de habla española, de los cuales 1.038.671 viven en Madrid; estamos ante potencial gente para sentirse atraída por el espectáculo del compositor de Debí tirar más fotos. Siendo motivos de peso los citados, existen otros por los que se ha implantado este modelo de conciertos masivos y múltiples en una misma ciudad. En septiembre, Shakira también se apunta a la tendencia con 12 conciertos en el espacio Iberdrola, el mismo donde se celebra el festival Mad Cool. Manuel López, cofundador de Sympathy for the Lawyer, empresa líder en gestión del negocio musical, informa sobre los beneficios de las residencias: “Uno de los factores es que ahorra costes. Todo se ha encarecido después de la pandemia y sobre todo desde la guerra de Ucrania, la tensión en Venezuela y ahora el conflicto Estados Unidos-Irán. Estas turbulencias en la política internacional repercuten en un aumento de costes que en el ámbito del directo se nota mucho en transporte, en logística, en materiales, en disponibilidad de equipos… Si en lugar de girar por muchos países te estableces en una ciudad, los gastos disminuyen”. Hablamos de solo un día de montaje y otro para desmontar. Técnicamente, estructuralmente y económicamente este formato ofrece prestaciones más óptimas que una gira. Es como un teatro para 50.000 personas con la misma dinámica todas las noches. “El primer día puedes tener un error, pero lo vas puliendo y al tercero ya todo transcurre perfecto”, apunta López. Este sistema con artistas de primer nivel es tan insólito en España que Nacho Córdoba, de Live Nation, promotora que organiza los conciertos de Bad Bunny y Shakira en España, matiza: “La gira de Bad Bunny en España no puede considerarse una residencia, ya que ha pasado por Barcelona y pasará por Madrid tras su parada en Lisboa, para continuar su recorrido por Europa y Reino Unido. Es una gira internacional que, debido a la demanda sin precedentes en España, ha necesitado programar diez conciertos en Madrid y dos en Barcelona. Actualmente, la única residencia como tal anunciada en España es la que Shakira”.Pero la idea de residencia no es algo nuevo. Probablemente su inicio arranca en Las Vegas, un lugar donde las estrellas en decadencia vislumbraban una oportunidad para ganar dinero exprimiendo su último estertor artístico. Sin embargo, la primera experiencia rockera relevante supuso lo contrario: Elvis Presley se reinventó en Las Vegas a partir de 1969. Posteriormente, los casinos de la ciudad del juego sí cumplieron la función de lugar en el que retirarse con la cuenta corriente llena. Hasta 2003, cuando Celine Dion, lejos de jubilarse en aquella época, generó 700 millones de dólares con sus actuaciones. Conviene recordar el caso de Michael Jackson en 2009, cuando programó 50 conciertos en el O2 Arena de Londres. Mientras preparaba este extenuante desafíó, Jackson falleció a los 50 años. Ha sido en los últimos años cuando artistas en la plenitud (o casi) de sus carreras experimentaron este modelo con éxito: Adele, U2, BTS, Harry Syles, Lady Gaga, Drake… Pascual Egea, presidente de la Asociación de Promotores Musicales de España (APM), cree que este sistema “convierte a la música en un fenómeno más de destino y menos de proximidad y acercamiento a diferentes ciudades”. Y añade: “Una residencia lo que genera es eso de un evento al que hay que ir. Creo que en los conciertos de Bad Bunny acudirá mucho público que va porque tiene que estar ahí, que no se conoce muchas de las sus canciones, gente que no es realmente seguidor. Y eso en una gira que pasa por diferentes ciudades no se da tanto”. Dentro de la industria se consideran los casos de Bad Bunny y Shakira en Madrid como una excepcionalidad en España, dos experiencias que será complicado repetir con otras estrellas. Por un lado, porque resulta complicado que los artistas anglosajones elijan una localidad española como única opción para condesar diez o más conciertos, ya que preferirán, por ejemplo, Londres, una ciudad afín a su idioma y cultura. España como sucursal latina de Europa funciona. El problema aquí es que, exceptuando a Bad Bunny y a Shakira, pocas estrellas latinas exhiben poderío como para vender 500.000 entradas. Egea recalca el impactó económico que la decena de espectáculos del puertorriqueño tendrá en la capital: “Va a generar mucha riqueza”. Se calcula que al menos “el 30% llega de fuera de Madrid”. “Existe variedad de lugares de procedencia entre los que han comprado las entradas: Canadá, Latinoamérica, Estados Unidos, otras partes de Europa...”, anuncia Live Nation. La residencia capitalina de Benito Martínez Ocasio dejará 150 millones de euros en Madrid, entre transporte, hoteles, hostelería y compras. El rango de edad mayoritario que acude a los conciertos va de 18 a 30 años, y similar proporción entre mujeres y hombres. Un artista encadenando días de actuaciones puede parecer un reto agotador tanto físico como emocional. Y lo es. Pero Rosana Corbacho, psicóloga clínica con 15 años de experiencia especializada en la industria musical, considera menos exigentes las residencias que las giras: “A nivel psicológico donde el cuerpo se somete a mayor estrés es en todo lo que tiene que ver con la logística, donde las personas, y hablo también de los trabajadores, están más en peligro de accidentes y de lesiones. Eso ocurre en las giras que van cambiando de ciudad o de país. Montar, desmontar, mover 300 personas, un escenario de esa envergadura…”. Corbacho explica uno de los alicientes para el artista: “Ven que pueden apuntarse a un formato novedoso y es una sensación de éxito, que es muy difícil de obtener cuando estás tan alto. Lo has conseguido todo, ya estás acostumbrado a vender entradas, discos y a recibir premios, pero esto de las residencias es una novedad, un éxito nuevo diferente que les saca de la monotonía. Es muy estimulante para ellos”. Bad Bunny llega a Madrid con un equipo de 350 personales, más los trabajadores locales. Dentro de su círculo personal cuenta con médico, fisioterapeutas, apoyo psicológico… Un equipo de cuidado integral del cuerpo y la mente, porque están todos los conciertos muy concentrados y si la estrella enferma, con un problema vocal, por ejemplo, puede llegar a suspender varios recitales. Si las fechas están más distanciadas, como ocurre en una gira itinerante, se posee más tiempo para la recuperación. El actual momento dulce de este formato permite abrir el debate sobre la posibilidad de que pueda sustituir a las giras o, al menos, si se instalará definitivamente. El presidente de los promotores españoles, Pascual Egea, expone su teoría: “En el momento en el que las residencias se hagan mucho, el modelo puede perder excepcionalidad. No va a ser algo tan novedoso y se convertirá en una máquina de maximizar ingresos y en una especie de parque de atracciones. O sea, como ir al Parque Warner una vez porque es novedad”. La visita de Bad Bunny coincidirá con la residencia en Madrid del Papa León XIV. José Cobo, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), no descartó un encuentro: “Si quiere hablar con el Papa, el Papa seguro que le recibe”. Aquí tenemos otro aliciente de estas residencias.
Diez noches, un estadio y una sola ley: la de Bad Bunny y el negocio de las residencias
El puertorriqueño inicia hoy en Madrid su decena de comparecencias, un formato, también elegido por Shakira, logísticamente rentable con el peligro de convertirse en “un parque de atracciones”











