En los negocios, al negociar presupuestos, plazos, alianzas, lanzamientos de productos, planes de contratación y objetivos de sostenibilidad, muchas veces hay que realizar concesiones. La frase de la maravillosa primatóloga Jane Goodall afirma que estas concesiones forman parte del cambio, pero que, al hacerlas, hay que mantener los valores.De esta manera, la idea distingue entre flexibilidad y rendición: un líder fuerte puede ajustar la estrategia, pero no la dirección moral. Por ejemplo, una empresa puede ceder en cuanto al momento del lanzamiento, el precio, la elección del proveedor o el formato de la campaña. Sin embargo, si su valor declarado es la confianza del cliente, no debería comprometer la seguridad, la transparencia, la precisión ni la comunicación precisa.Otra frase conocida de Goodall es: “El ser humano es una criatura extraordinaria, pero el modo en que lo hayamos conseguido no importa. La evolución misma no tiene sentido si no somos capaces de hacer grandes cosas con lo que somos ahora”.La cita contiene en sí misma una idea que también comparten muchos pensadores actuales: la comunidad científica se obsesiona con poder explicar nuestra línea evolutiva, pero para ella nada de eso importa. Lo relevante sería aquello que hacemos con nuestra vida en el momento presente.¿Cómo aplicar la idea a la vida cotidiana?Para poner en práctica la frase de Jane Goodall: “El cambio duradero es una serie de concesiones. Y ceder está bien, siempre y cuando tus valores no cambien”, se pueden seguir algunas pautas:Definir cuáles son nuestros valores innegociables para distinguir las tácticas de los principios.Crear un método, como la lista de verificación, para llegar a un compromiso y evaluar los impactos.Documentar las decisiones que tomamos para poder evaluarlas más adelante. ¿Quién fue Jane Goodall?Famosa por sus estudios sobre los primates en África, Valerie Jane Morris Goodall (1934-2025) nació en Londres. Durante su infancia y juventud, creció rodeada de animales y soñando con escribir sobre ellos en África. A los 23 años, comenzó a hacer realidad su sueño.Viajó a Kenia, donde trabajó con el famoso antropólogo Louis Leakey, quien la enviaría, en 1960, a las selvas de Gombe, en Tanzania, con la misión de investigar por primera vez a los chimpancés salvajes. En 1964, Jane se casó con el fotógrafo y aristócrata neerlandés Hugo van Lawick y recibió el título de baronesa. Sin embargo, la pasión de Goodall no estaba en el lujo; nunca quiso que se le conociera de esa manera y orientó sus esfuerzos en comprender el comportamiento de la naturaleza. El matrimonio duró diez años y se separaron amistosamente. Goodall volvió a casarse en 1975, esta vez con el aviador británico Derek Bryceson, quien moriría de cáncer cinco años después.Con la sola compañía de su madre y un cocinero, plantó su tienda en la selva y comenzó su proyecto de investigación que duraría en teoría seis meses y que continúa gracias al Instituto Jane Goodall.Los resultados de sus investigaciones de campo revolucionaron a la comunidad científica y fascinaron al mundo entero a través de los documentales de National Geographic. “Su perseverancia, intuición, empatía y capacidad de observación permitieron echar luz en el desconocido mundo de los chimpancés. Llegó a comprenderlos no solo como una especie, sino también como individuos con emociones y vínculos”, destaca la biografía publicada por el Instituto Jane Goodall, en Madrid.Goodall creó el Instituto en 1977, para resguardar a los chimpancés y apoyar la investigación en Gombe. “Sabiendo que las comunidades locales son clave para proteger a los chimpancés, abogó por un enfoque de conservación que reconociera el papel central de ellas”, dice la información oficial.