La autora, que conquistó a millones de lectores con su libro ‘Una trenza de hierba sagrada’, propone en ‘El guillomo’ cambiar la narrativa como parte de la resistencia al colapso climático y social

“Estamos practicando la amabilidad. Tú también puedes hacerlo”. La frase, lista para ser usada en un contexto cotidiano —un atasco, una cola que va lenta en el supermercado— suena casi subversiva en tiempos de rabia algorítmica y agresividad cotidiana. Robin Wall Kimmerer (Nueva York, 1953) —que en el perfil de su web se describe primero como madre, después como científica y profesora distinguida de Biología Ambiental y también como miembro de la Nación Citizen Potawatomi— la propone como un acto de resistencia. “Necesitamos dotarnos de un nuevo lenguaje”, explica, “algo que afirme que esto es lo que significa ser humano”. En un mundo donde la bondad genera desconfianza o es desdeñada, la amabilidad —admite— se está convirtiendo en un gesto militante.

“Cuando eres amable con alguien, no es universal que te respondan con amabilidad, pero si se planta esa semilla, ambas personas se sienten mejor”, reflexiona por videollamada desde su hogar en una granja antigua en el norte de Nueva York la autora best-seller de Una trenza de hierba sagrada. ¿Y si nuestra economía se pareciera más a un bosque que a un mercado de valores? ¿Y si, en lugar de acumular, aprendiéramos a regalar, como lo hacen las plantas? Sobre estas cuestiones reflexiona en su último libro, El guillomo. Abundancia y reciprocidad en el mundo natural, publicado recientemente en España por Capitán Swing y que, desde el optimismo y el reconocimiento, invita a mirar de otra manera el mundo que nos rodea.