Una oleada de tebeos recientes se vuelca en facilitar la comprensión de la economía y denunciar la explotación laboral y sus consecuencias sociales, ambientales o de salud mental
Todos los humanos se ríen, lloran, comen, duermen, aman. Aunque la mayoría del día se les va en otra actividad universal: trabajar. Así que muy compartidas, de un lado a otro del planeta, son también las quejas al respecto. Demasiadas horas, estrés, exigencia, renuncias y unos cuantos etcéteras. Desde que triunfó, el capitalismo neoliberal repite que no existen alternativas. Últimamente, sin embargo, ha surgido una opción sencilla para cuestionarlo. O para conocer las reglas y sombras del juego en el que todos participamos. Basta con leerse uno de los muchísimos cómics sobre economía, explotación y demás estropicios laborales que no paran de publicarse. Resulta que
/ideas/2022-09-14/el-comic-que-retrata-como-el-acoso-moral-puede-llevar-a-un-trabajador-al-suicidio.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/ideas/2022-09-14/el-comic-que-retrata-como-el-acoso-moral-puede-llevar-a-un-trabajador-al-suicidio.html" data-link-track-dtm=""> otro mundo sí es posible, al menos en los tebeos.
“Tenemos que entender la economía por nosotros mismos, o estamos a la merced de cualquier charlatán”, alerta el escritor Michael Goodwin. Él mismo ha aportado un granito de arena: primero, buceó en décadas de tratados y pensadores; luego, en Economix (Lunwerg), resumió en viñetas ―con dibujos de Dan E. Burr― lo que había sacado en claro: teorías, prácticas y trampas de los últimos dos siglos de desarrollo. Ahí se descubre que hasta Adam Smith, pasado a la historia como baluarte del libre mercado, denunciaba la “rapacidad” de los magnates e invitaba a recelar de sus propuestas legislativas. O se reflexiona sobre una sociedad democrática en sus estructuras, pero “dictatorial” en muchas empresas. “Cada problema o decisión pública son económicos. En EE UU, los ricos básicamente han comprado las instituciones. Si hubiéramos estructurado la economía de forma diferente, no habrían podido. Fue nuestra elección. O nunca nos lo presentaron en esos términos”, añade Goodwin.






