La directora debutante Laura García Allonso aborda la caída en desgracia de una atleta con una puesta en escena reglada por la distancia y el encuadre preciso

Las películas deportivas no suelen ser tan crudas. Corredora, mucho más que una película sobre el atletismo, es una obra que se adentra en la dicotomía entre el desequilibrio y el equilibrio asociados al deporte de alta competición: en ocasiones ayuda, sostiene e impulsa las personalidades; otras, las aprieta, las trastorna y las destruye. Lo hemos visto no pocas veces en el profesionalismo. Y lo hace, como otro de los títulos españoles estrenados este viernes, A la cara, a través de un estilo radicado en el rigor formal y la contención.

Su directora, la novel Laura García Alonso, ha puesto su ojo punzante y sus métodos austeros en una adolescente de categoría juvenil, corredora de 800 metros, que aspira al triunfo no solo desde la constancia y el trabajo; también desde el ímpetu, la soberbia, la seguridad en sí misma y una cabeza tan alta y una mirada tan altiva que roza el precipicio de la estabilidad personal. La clave, y ahí se mueve la película desde que sufre un brote psicótico con delirios, está en si necesita un psicólogo o un psiquiatra. Y García Alonso, al lado de Pol Cortecans en el guion, reflexiona con sentido acerca de, por un lado, el tratamiento farmacológico, y por otro, la ayuda familiar.