La prolongada agon�a de S�nchez es una muy mala noticia porque paraliza la necesaria toma de decisiones en el peor momento posible. El entorno es extremadamente complicado y requiere pol�ticas �giles y activas que est�n en consonancia con las de socios y aliados.Agoniza hoy el Gobierno que dirige Pedro S�nchez por el mismo turbio y letal asunto de las conductas corruptas que forz� la expiraci�n del de Mariano Rajoy hace ahora ocho a�os. Sin faltar a la presunci�n de inocencia todos, salvo los que se informan exclusivamente por lo que dice RTVE, tienen la bien fundada sospecha de que el sanchismo ha cruzado esa l�nea roja que protege a toda democracia liberal y que es la financiaci�n ilegal.Se pueden escribir cr�nicas de muertes anunciadas, pero no es aconsejable adelantar las fechas de la defunci�n que tantos desean y que otros tantos temen. Los magistrados y la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil cumplir�n con su deber y en los d�as venideros habr� muchos terribles titulares al igual que los de los d�as anteriores. Sin embargo, el proceso ser� lento y por mucho que les duele a quienes euf�ricamente gritan "S�nchez dimisi�n", todav�a hay S�nchez para rato.La prolongada agon�a de S�nchez es una muy mala noticia porque paraliza la necesaria toma de decisiones en el peor momento posible. El entorno es extremadamente complicado y requiere pol�ticas �giles y activas que est�n en consonancia con las de socios y aliados. La voz cantante es la de los adultos y de los robustos, y estos excluyen de sus saraos a los impertinentes que les llevan la contraria. Si el inoportuno est� en la cuerda floja, que es el caso de S�nchez, se le manda al rinc�n.Esto es malo para Espa�a, pero el hecho de que sea perjudicial no necesariamente le importa a quien solo piensa en ganar tiempo y en su supervivencia. El resultado es que no se habla de otra cosa que no sea investigaciones judiciales, registros policiales y la inestabilidad propia de un gobierno que est� ya empapado de tantas salpicaduras corruptas. Lo que se dicen los parroquianos a la hora del aperitivo es "esto no puede seguir as�".Lo que no est� en la conversaci�n y deber�a estarlo es el reto de la revoluci�n tecnol�gica de la cual nos alerta la reciente enc�clica de Le�n XIV y que se ha de compartir y coordinar con los socios europeos. Tampoco lo est� el di�logo con los aliados de la OTAN en torno al no menos espinoso tema del reajuste que fuerzan los tiempos de Trump de las pol�ticas de Defensa y seguridad.Sin embargo se pasa de los temas urgentes de largo alcance. Se est� solamente con el S�nchez agonizante y esto hunde a una sociedad porque la polariza y borra cualquier autoestima que pudo tener la colectividad. Crece el asco que se tiene hacia quienes figuran en la vida p�blica y el rechazo del sistema representativo se hace extensivo.El sanchismo est� moribundo, pero a diferencia de lo que le sucedi� a Rajoy el l�der socialista no fallecer� por el mecanismo de muerte asistida, que es lo que viene a ser una exitosa moci�n de censura. Alberto N��ez Feij�o no podr� apear a S�nchez como hizo S�nchez con Rajoy el 1 de junio de 2018 porque la derecha nacionalista, el PNV y Junts, jam�s apoyar�n una censura que cuenta con las bendiciones de Vox. De eso S�nchez est� seguro.Quienes dicen conocer bien las maquinaciones del presidente del Gobierno insisten que se ha parapetado en La Moncloa y est� empe�ado en agotar la legislatura. La angustia de S�nchez ser� por ello prolongada y su eventual sepelio ser� conflictivo como corresponde a una sociedad que el sanchismo ha dividido en dos bloques antagonistas. El Frente Popular que ha creado S�nchez no perdonar� el asesinato civil y pol�tico perpetrado por los jueces y los medios de la "fachoesfera".N��ez Feij�o ya puede pedir la disoluci�n de las Cortes un d�a s� y el siguiente tambi�n. Pierde el tiempo porque S�nchez no tiene la menor intenci�n de convocar elecciones anticipadas. Lo har� cuando cumpla su mandato. Su lema es "resistir es vencer" y repite el "no es no", frase que tanto r�dito le obsequi� en los comienzos de su ascenso al poder. Nadie deber� dejarse enga�ar.Ser�a, a la vez, un grav�simo error minusvalorar la astucia, la piel de rinoceronte y el instinto y la capacidad de killer que distinguen a S�nchez. El presidente del Gobierno conf�a en repetir su mayor�a parlamentaria porque su campa�a se centrar� en el tercer a�o triunfal de la econom�a espa�ola que crece por encima de la media europea, en la defensa de lo "p�blico" en una Espa�a plurinacional y en el "lado correcto de la historia" que �l ocupa como flagelador de Vox y de un Partido Popular que es reh�n de la extrema derecha.Llega el est�oLa perspectiva, por lo tanto, es que, desde el actual comienzo del bochorno veraniego hasta la vuelta de la can�cula por estas fechas el a�o que viene, un pato cojo con mucho plomo en las alas seguir� presidiendo un gobierno que a lo m�s puede poner parches para atajar las inconveniencias y reveses del d�a a d�a. Lo que no puede hacer el gobierno sanchista, al ser incapaz de conseguir la aprobaci�n de los Presupuestas Generales del Estado, es planificar y consensuar pol�ticas p�blicas de relieve.Es un panorama tenebroso y no hace falta ser catedr�tico de la John F. Kennedy School of Government en la universidad de Harvard para saber que ante la acumulaci�n de incertidumbres, retos y shocks ex�genos las democracias avanzadas requieren liderazgos que son fuertes porque los acompa�a la legitimidad que les permite actuar con la firmeza.Esto, obviamente, no se da en estos pagos. Tampoco se prodiga en los de los vecinos. Europa requiere pol�ticas p�blicas audaces para superar la decadencia de una poblaci�n que parece huir del esfuerzo, solo mira por su inmediata comodidad y gusta escuchar los cantos de las sirenas populistas.Tan preocupante como el continuo, y aumentado, bombardeo de Ucrania que ha ordenado Vlad�mir Putin estos d�as pasados es la manera en la cual la opini�n p�blica europea se ha acostumbrado a una guerra a sus puertas que dura ya casi cuatro a�os y medio. En los d�as y semanas posteriores a la invasi�n rusa Europa se volc� con Ucrania. Hoy est� m�s bien olvidada.A la vez el brutal choque externo que representa la imagen de m�s de dos mil grandes buques atrapados aguas arriba del estrecho de Ormuz no tiene pinta de haber impactado como debiera en la conciencia de quienes pueden estar condenados a sufrir fuertes restricciones energ�ticas. Si se abriese ma�ana este desfiladero, cosa que no es segura a la hora de escribir estas l�neas, se tardar�n semanas y meses en restaurar las cr�ticas cadenas de suministro energ�tico que pasan entre las dunas de una orilla y otra.La Guerra del Golfo ha expuesto con excepcional crudeza la fragilidad de esa comodidad que las sociedades avanzadas dan por sentada porque creen tener derecho a ella. No quieren "tener l�os" y por ello se ponen de perfil si un r�gimen b�rbaro, teocr�tico y totalitario, desarrolla la bomba nuclear y financia el terrorismo para exterminar el estado de Israel y erigirse como poder regional.Punto de no retornoPuede que se est� acercando el punto de no retorno en el camino hacia una gran crisis energ�tica que superar� a todas las anteriores. Se llega a ese punto cr�tico cuando las reservas energ�ticas de las econom�as desarrolladas est�n agotadas y cuando sin soluci�n de continuidad se disparar� hacia niveles inasumibles el precio del crudo que han de importar para aprovisionar industrias y sostener el bienestar.Ciertamente los mercados, con Wall Street a la cabeza, se muestran complacientes y hasta exuberantes. Pero solo el necio ignora el peligro que acompa�a a los ciegos excesos de confianza. El sabio, que est� de vuelta de muchos periodos pasados de complacencia, sabe que las semillas de la pr�xima crisis se siembran en �pocas de bonanza.Y los operadores hablan del "momento Minsky" por Hyman Minsky, el venerado economista estadounidense del estudio macro que formulaba los distintos pasos que conduc�an hacia la repentina ca�da en picado de la confianza, la estampida de la manada y el p�nico. La lecci�n que se extrae de la invasi�n el pasado 28 de febrero por Estados Unidos del espacio a�reo iran� y del posterior bloqueo del estrecho de Ormuz tiene que ver con las muy negativas consecuencias que conlleva lo que se suele llamar hubris, que es lo que los antiguos griegos llamaban la desmesura y la soberbia.Soberbia y desmesura son los estados an�micos que definen las decisiones que toma Donald Trump y el inquilino de la Casa Blanca, impulsado por el hubris, que cometi� el garrafal error de pensar que los iran�es se levantar�an contra los ayatol�s.Con desmesura y soberbia, seguro de su superioridad hist�rica, el socialismo hispano se ha cre�do impune en su versi�n zapaterista y en la sanchista para hacer lo que sectariamente quisiera a la hora de colonizar las instituciones. El hubris de su liderazgo en La Moncloa no conoc�a l�mites hasta que ahora se le ha puesto un l�mite.Diligentes funcionarios p�blicos en la magistratura y en la Guardia Civil se disponen a limpiar la mugre acumulada como hizo H�rcules con la porquer�a de la establos de Aug�as. Alabada sea la herculina labor pero el momento de acometerla es complicado por los shocks ex�genos y porque el agonizante S�nchez sigue mandando.