Donald Trump volvi� a la Casa Blanca prometiendo evitar nuevas guerras, reducir el papel de Estados Unidos como polic�a del mundo y desarrollar el 'America First' una agenda nacional centrada en cerrar las fronteras, mejorar la econom�a y priorizar los problemas dom�sticos. Su segundo mandato, sin embargo, est� marcado por una enorme expansi�n exterior, una reconfiguraci�n del orden mundial, el bombardeo de al menos siete pa�ses y la ruptura de ejes y alianzas tradicionales.Lejos de replegarse, Trump est� utilizando el poder estadounidense de una forma m�s agresiva, unilateral y transaccional. La presi�n simult�nea sobre China, la UE, la OTAN, Cuba o Ir�n refleja una cosmovisi�n en absoluto aislacionista. Trump utiliza aranceles, sanciones, amenazas comerciales, presi�n diplom�tica y la evidente superioridad militar de su pa�s, simbolizada en los ataques a Ir�n de 2025 o la captura de Maduro, ambas operaciones �nicamente a su alcance, como herramientas de negociaci�n permanente, con la idea de que el poder debe ejercerse y de manera visible. Si lo tienes y no lo usas, eres un perdedor.Pero esa estrategia est� poniendo tambi�n a prueba los l�mites reales de la hegemon�a estadounidense. Puede bombardear Ir�n, pero no ha tumbado al r�gimen. Puede poner aranceles, pero la inflaci�n le acaba golpeando. Puede intentar achantar a socios y rivales, pero si las amenazas se quedan en nada, o hay marcha atr�s constante, la credibilidad se diluye. Un mundo en el que has abandonado, humillado y despreciado a los antiguos amigos es un mundo muy solitario y hostilIR�NPor razones obvias Ir�n es el tema principal de la pol�tica internacional ahora mismo. Este jueves, ambas partes parecieron llegar a un entendimiento t�cnico, pero el presidente quiere unos d�as para pensar si da el visto bueno al Memorando de Entendimiento que sus negociadores llevan semanas peleando con Teher�n. La firma permit�a reabrir el estrecho de Ormuz y retirar los dos bloqueos de ambas armadas, dejando para m�s adelante la cuesti�n nuclear. Las conversaciones est�n sido un parto m�s que complicado y doloroso. Intercambios de llamadas, mensajes y documentos con lanzamientos de misiles y drones puntualmente intercalados. Un tira y afloja en el que ninguno quiere ceder ni parecer d�bil.Voluntarios ayudan a una mujer herida tras un ataque ruso en Kiev.APTrump se ha visto atrapado en algo que no esperaba. Asum�a, tras los bombardeos de verano de 2025 pero tambi�n de los cientos de drones y misiles lanzados contra Israel un a�o antes sin causar apenas da�os, que Ir�n era un gigante de papel, sin control de su espacio a�reo ni capacidad de reacci�n. Que en los primeros d�as de bombardeos sus tropas hundieran decenas de embarcaciones no hizo sino multiplicar esa confianza. Y sin embargo, no ha sido el paseo que esperaba o le dijeron. Ir�n respondi� alcanzando e incluso inutilizando decenas de bases y posiciones estadounidenses en la regi�n, haciendo un da�o mucho m�s profundo de lo imaginado. Y no ha habido revuelta popularEstados Unidos tiene en la regi�n el mayor despliegue en dos d�cadas con un gasto de miles de millones de d�lares que no ha logrado lo que buscaba y que ha provocado una distorsi�n in�dita tambi�n en el mercado de petr�leo o fertilizantes. Trump, probablemente consciente de la mala imagen que proyecta, busca ahora reconducir la situaci�n intentado obligar a todos sus socios �rabes y musulmanes en la regi�n a que se sumen obligatoriamente a los Acuerdos de Abraham, formalizando relaciones con Israel. Algo que, obviamente, ha sentado mal.ALIADOS DEL GOLFOEl mi�rcoles, Trump amenaz� por sorpresa a Om�n, diciendo que o hacen lo que deben o pueden ser atacados. Poco despu�s, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de sancionar a Muscat por contemplar la posibilidad de desarrollar junto a Ir�n un sistema de peajes o impuestos medioambientales para los petroleros en Ormuz.Es el en�simo ejemplo de c�mo las aspiraciones de los pa�ses del Golfo de llevarse bien, de forma preferente, con Washington est�n ligados a su total sumisi�n y el caracter arbitrario e impresivible del presidente, que exige lealtad total, inversiones millonarias y obediencia. Los primeros meses de Trump en 2025 fueron magn�ficos para los intereses de la regi�n, en un lenguaje que entend�an muy bien: sumas estratosf�ricas de dinero en inversiones (pero tambi�n en inyecciones para las empresas del yerno de Trump o su negociador principal, o en negocios cripto de la familia Trump, o en regalos de aviones directamente al presidente) a cambio de seguridad, armas. Hasta que estall� la guerra y vieron que todo pod�a pasar.Trump tan pronto elogia y agradece a Pakist�n su mediaci�n como revienta lo acordado por peticiones de Netanyahu o coloca en una posici�n imposible a sus amigos exigi�ndoles que se reconcilien con Israel mientras siguen cayendo bombas en Gaza o L�bano. Arabia Saud� se enter� casi por la prensa de la idea improvisada de la operaci�n para escoltar buques en Ormuz y dijo que no prestaba su espacio a�reo. Unas semanas antes, Trump se burl� de forma incre�blemente ofensiva en un discurso en casa del pr�ncipe Bin Salman diciendo que le estaba "besando el culo". Igualmente, Kuwait, Emiratos �rabes Unidos o Qatar han visto c�mo Ir�n (o Israel en el �ltimo caso) les golpeaba con misiles sin que EEUU pudiera pararlos, pese a decir que los defender�a. Por no hablar de Egipto y Jordania a los que quiso forzar a recibir millones de palestinos desplazados mientras fantaseaba con convertir la Franja de Gaza en una riviera tur�sitica.CUBA Y VENEZUELACuba es la siguiente en la lista. Es la novedad del �ltimo trimestre. Trump ha visto una oportunidad �nica para algo que le obsesiona desde los a�os 70. Nunca entendi� c�mo un pa�s diminuto y pobre plantaba cara a EEUU. Ahora la situaci�n es desesperada y quiere no s�lo compensar el fracaso en Ir�n, sino pasar a la historia como el presidente que cambi� el destino de Cuba, donde tantos antes, especialmente Kennedy, fracasaron.Un hombre vende objetos recuperados de la basura en La Habana.AFPSin combustible, la crisis en las islas se est� volviendo insostenible. Washington ha enviado al jefe de la CIA, imputado a R�ul Castro e intenta forzar la ca�da del r�gimen, pero sin descartar una intervenci�n militar. Bien al estilo de la que se sald� con la captura de Maduro, la opci�n favorita ya que Trump est� entusiasmado con Delcy Rodr�guez y su Gobierno est� instruyendo incluso a la fiscal�a para que eviten llevar a cabo investigaciones penales contra ella), bien algo mucho m�s serio. Una apuesta arriesgada, que puede llevar a una crisis humanitaria, oleadas migratorias y desestabilizaci�n.UCRANIAUcrania es la gran olvidada de 2026. Fue la gran causa global el a�o pasado, en los primeros meses del mandato de Trump, que hab�a prometido, ufano, que acabar�a con la guerra en 24 horas. Era muy f�cil, dec�a, presumiendo de su relaci�n y ascendiente sobre Vladimir Putin. El mundo vio algo ins�lito, una presi�n salvaje pero no sobre el agresor, sino sobre el agredido, con una encerrona que buscaba humillar y destruir a Volodimir Zelenski.Washington, para alegr�a no oculta del vicepresidente JD Vance, ha reducido al m�nimo la ayuda militar a Kiev. Trump pensaba que Ucrania no ten�a "las cartas" para hacer frente a Mosc� y que sin su apoyo total el colapso ser�a inminente, pero tambi�n en esto se equivoc�. El martes, Zelenski envi� una larga carta al presidente Trump y al Congreso solicitando ayuda para proteger a Ucrania de los ataques bal�sticos rusos y pidiendo un acceso ampliado a los interceptores Patriot PAC-3: "Francamente, aunque hemos logrado un �xito significativo en la defensa contra todo tipo de drones, Ucrania a�n no ha desarrollado su propia capacidad para producir sistemas de defensa antimisiles. Cuando se trata de defenderse contra misiles bal�sticos, dependemos casi exclusivamente de los Estados Unidos", rog� el ucranianoEn una carta al secretario de Defensa Hegseth enviada este jueves, los senadores republicanos Tillis, Cramer y Grassley se unieron a casi todos los dem�cratas para instar al Pent�gono a liberar 400 millones de d�lares en fondos fiscales de 2026 destinados para Ucrania, pero inutilizados. Trump ha perdido completamente el inter�s, y tambi�n la prensa norteamericana, que cada d�a le lanza decenas de preguntas, pero cada vez menos sobre lo que ocurre en el Este de Europa.CHINADesde el regreso de Trump a la Casa Blanca, la relaci�n con China ha entrado en una fase de confrontaci�n m�s abierta. Trump ha retomado y ampliado la l�gica de su primer mandato: aranceles, restricciones tecnol�gicas (especialmente en chips), presi�n sobre cadenas de suministro y un discurso sobre rivalidad civilizatoria. Washington considera ya a Pek�n no solo un oponente comercial, sino el �nico competidor capaz de desafiar a muy corto plazo la primac�a tecnol�gica, militar y financiera estadounidense. La disputa afecta a semiconductores, inteligencia artificial, autom�viles el�ctricos, acceso a minerales raros, control mar�timo en el Pac�fico y el �ndico y alianzas geopol�ticas. Y Taiw�n, claro.Voluntarios ayudan a una mujer herida tras un ataque ruso en Kiev.APLa tensi�n sin embargo revela tambi�n las limitaciones de ese poder: China es hoy mucho menos dependiente de Estados Unidos que hace una d�cada, dispone de capacidad industrial propia y ha acelerado sus alianzas alternativas. A diferencia del resto del planeta, Pek�n no se ha plegado a las amenazas y al juego geopol�tico de Trump, especialmente en los aranceles, Xi Jinping no se ha vuelto loco como los l�deres europeos por ir a la Casa Blanca a ara�ar concesiones. Ha plantado cara. Y eso Trump, alguien que s�lo cree en el poder bruto y siente profunda admiraci�n por l�deres autoritarios (Putin, Erdogan, Xi, etc), a su manera, lo valora, respeta y teme. De ah� el �ltimo viaje a Pek�n, donde se encontr� mucha frialdad y cero complicidad. Y acab� dejando en el aire incluso la asistencia militar o las garant�as de seguridad y defensa con Taiw�n.EUROPA / OTANDesde hace d�cadas Trump mantiene una visi�n cr�tica y puramente transaccional de la Alianza Atl�ntica y la UE: cree que se crearon casi para abusar de Washington o "joder" a los norteamericanos. Sostiene que los socios europeos son unos gorrones, unos aprovechados. No s�lo exige que aumenten el gasto en Defensa, comprando material estadounidense, sino que asuman su propia seguridad mientras se alin�an ciegamente frente a China. Trump, que lleva una d�cada flirteando con la idea de no honrar la idea central de la OTAN, la defensa colectiva, habla de la alianza menos como una comunidad estrat�gica y m�s como una negociaci�n permanente sobre costes, contribuciones y beneficios nacionales.Sus amenazas de reducir garant�as de seguridad, imponer nuevos aranceles o actuar unilateralmente en cuestiones comerciales y geopol�ticas forma parte de algo tambi�n m�s amplio que lleva d�cadas esboz�ndose en Washington, un pivotar hacia Asia. De todo ese c�ctel sale el anuncio de reducir tropas en Alemania, el amago en Polonia o las amenazas de cerrar bases en Espa�a y otros pa�ses. Son placas tect�nicas que se mueven ahora al ritmo de tuits diarios y caprichos vol�tiles.CHINA Y CANAD�Las primeras semanas de este Gobierno estuvieron marcadas por una obsesi�n inexplicable con sus vecinos del norte y del sur, y una bater�a arancelaria brutal. Trump bromeaba, o no, con anexionar Canad� y con lanzar a su ej�rcito en M�xico, insultando a sus l�deres una y otra vez. En su segundo a�o, sus prioridades se han ido a otras partes.Desde el regreso de Donald Trump, la relaci�n con Mexico ha vuelto a situarse en el centro de la pol�tica exterior y de seguridad estadounidense. La Casa Blanca vincula directamente inmigraci�n, tr�fico de fentanilo y crimen organizado, y ha endurecido la presi�n diplom�tica y econ�mica sobre el Gobierno mexicano para aumentar el control fronterizo y actuar con m�s contundencia contra los c�rteles. Trump ha recuperado un lenguaje de confrontaci�n, incluyendo amenazas arancelarias y referencias a posibles operaciones unilaterales contra organizaciones narcotraficantes consideradas amenazas para la seguridad nacional. La estrategia refleja tambi�n una concepci�n expansiva del poder estadounidense: Washington intenta demostrar que puede utilizar su peso econ�mico, financiero y militar para forzar cambios en un vecino profundamente interdependiente. Pero al mismo tiempo esa presi�n pone de manifiesto los l�mites de esa capacidad coercitiva, porque Estados Unidos depende de M�xico en comercio, cadenas industriales y control migratorio, mientras que los c�rteles operan dentro de una red transnacional cuya demanda y financiaci�n tienen una enorme base en territorio estadounidense.
Donald Trump pone a prueba los l�mites del poder estadounidense
Donald Trump volvi� a la Casa Blanca prometiendo evitar nuevas guerras, reducir el papel de Estados Unidos como polic�a del mundo y desarrollar el 'America First' una...







