El pequeño Thiago, con dos meses de edad, duerme ajeno al revuelo a su alrededor, y desconoce que fue operado antes incluso de conocer el mundo. Todavía no había abierto los ojos, no había llorado por primera vez, ni había respirado fuera del vientre de su madre, Camila. Pesaba apenas unos 700 gramos cuando un equipo médico de Barcelona, compuesto por especialistas del Hospital Sant Joan de Deu y el Hospital Clínic de Barcelona, decidió intervenirlo porque su vida podía depender de ello en una operación inédita en Europa hasta la fecha.Durante una revisión del embarazo en la vigésima semana, los médicos detectaron que el bebé presentaba una grave malformación abdominal, llamada gastrosquisis: gran parte del intestino se había desarrollado fuera de su cuerpo. Permanecía expuesto dentro del útero materno, sin protección, en una situación que amenazaba con dañarlo de forma irreversible antes del nacimiento. Al no estar protegidos, el órgano queda expuesto al líquido amniótico y según detallan los expertos, crece el riesgo de inflamación, pierden riego sanguíneo y pueden sufrir necrosis.Los profesionales tomaron entonces una decisión poco frecuente y extremadamente compleja: operarían al feto dentro del útero materno. El procedimiento se llevó a cabo durante la 28º semana de embarazo en Barcelona con especialistas de BCNatal de los mencionados centros sanitarios. El pasado 10 de febrero, los cirujanos accedieron al útero materno, recolocaron cuidadosamente al feto, de únicamente 700 gramos de peso, y, mediante laparoscopia, fueron introduciendo de nuevo el intestino dentro del abdomen fetal antes de cerrar la abertura. Esta maniobra milimétrica, dentro de un espacio mínimo y sobre un paciente que aún no había llegado al mundo, permitió ganar tiempo para continuar con el embarazo. Tiempo para que el intestino dejara de inflamarse, se recuperara y pudiera seguir desarrollándose dentro del diminuto cuerpo de Thiago. Únicamente seis semanas después, el bebé nació por cesárea y, aunque llegó pequeño y antes de lo esperado, lo hizo con una evolución favorable gracias a la operación. Ahora, incluso puede alimentarse con normalidad."Corría un riesgo muy elevado"El director de BCNatal HSJD-HC, Eduard Gratacós, explicaba que, normalmente, los fetos con gastrosquisis son intervenidos después de nacer, "pero este caso era tan grave que el bebé corría un riesgo muy elevado de perder gran parte del intestino si esperábamos al nacimiento". El experto detalla que el nonato "tenía prácticamente todo el intestino fuera del abdomen, comprimido por un orificio de apenas un centímetro"."Si no se hubiera intervenido en el vientre de la madre", añadía Xavier Tarrado, jefe del Servicio de Cirugía del Hospital Sant Joan de Déu, Barcelona, "el bebé corría el riesgo de sufrir el síndrome del intestino corto y tener que requerir nutrición parenteral a largo plazo e incluso un trasplante intestinal".Para ello, y tras acceder al útero mediante una incisión en la pared abdominal materna, el equipo médico reposicionó al feto para garantizar un acceso seguro a la cavidad abdominal. A continuación, se practicaron pequeñas aperturas controladas en la bolsa amniótica para "introducir trocars e insuflar gas", creando un espacio de trabajo que permitiera la visualización y manipulación quirúrgica. Con técnicas de cirugía mínimamente invasiva, los especialistas fueron reintroduciendo progresivamente el intestino fetal en la cavidad abdominal, corrigiendo la exteriorización causada por la gastrosquisis. Una vez completada la reducción intestinal, se cerró la defectuosa abertura de la pared abdominal. Tras la intervención, se realizó un "seguimiento ecográfico" estrecho para comprobar la disminución de la inflamación intestinal y la correcta evolución del feto durante el resto de la gestación.Una técnica pionera en EuropaLa gastrosquisis es una malformación poco frecuente, que afecta aproximadamente a entre 2 y 3 de cada 10.000 nacimientos —unos 120 casos al año en España y alrededor de 2.400 en Europa—. Sin embargo, la cirugía fetal solo se contempla en una minoría muy reducida de estos pacientes, en torno al 10%, cuando la gravedad del caso hace prever un daño intestinal importante si se espera al nacimiento. Se trata de una técnica altamente compleja, reservada a situaciones excepcionales por los riesgos que implica intervenir dentro del útero para el feto y para la madre.Hasta ahora, este tipo de intervenciones se había realizado de forma muy puntual en centros de referencia de Estados Unidos y Colombia, pero nunca en Europa, lo que convierte el caso tratado en Barcelona en un hito médico en el continente. Los especialistas subrayan que, pese a su carácter excepcional, podría abrir una nueva vía para casos seleccionados que podría cambiar de forma sustancial el pronóstico de algunos pequeños, incluso antes de que hayan vivido su primer día de vida.