Feria de San IsidroNatural de Jarocho al sexto toro de la tardePlaza 1Actualizado Mi�rcoles,
mayo
21:50La corrida de Pedraza de Yeltes ocup� podio en la b�scula de San Isidro con sus 3.622 kilos, un promedio de 603. No se trataba tanto de los kilos como de su gigantismo, unas estructuras propias de la arquitectura brutalista. Bloques de hormig�n armado, sin un �tomo de flexibilidad pero con una movilidad muy cabrona, por mentirosa y desagradecida. Cuando perd�an las inercias, no hab�a entrega. Es decir, no hab�a bravura. No cab�an los toros en los av�os o se sal�an de ellos. Fue m�s dura la guerra de lo que pareci�. El contraste de los gigantes con la peque�a escala de Isaac Fonseca y Roberto Mart�n "Jarocho" se hac�a abismal. Ni aposta. Jarocho se agigant� con los gigantes y se erigi� en el protagonista de la tarde, con el viento del sorteo soplando a su favor dentro de un orden. A las 20:07, Jarocho se clav� en los medios, puesto en la v�a, y se dej� venir de lejos a aquel tren al galope con una determinaci�n suicida: todo lo que hab�a hecho el toro por el pit�n derecho —siempre por dentro— invitaba a la tragedia. Los pitones silbaron un �ay! a mil�metros de los muslos. Pero el susto no rest� un �pice a la disposici�n de un tipo que ya hab�a lucido a la bestia en el caballo con enorme generosidad. Un hurac�n de m�s casta que bravura, pues para que haya bravura tiene que haber entrega. All� la entrega corr�a de parte del peque�o gran hombre, que encontr� una cierta veta por la mano izquierda. Por ah� parec�a que el toro lo hac�a mejor con sus 624 kilos a cuestas, y Jarocho le enjaret� algunos naturales merit�simos cuando m�s le cogi� la cara con la muleta por delante. Remont� el burgal�s un violento desarme para seguir al natural y colocarse en la frontera de un posible trofeo que la espada arruin�. Volvi� a brillar con la mano izquierda ante el �ltimo toro de blandos apoyos y cierta bondad que s�lo admit�a el toreo de uno en uno. Jarocho extendi� la receta con listeza, adorn�ndola de un cierto gusto, pero volvi� a irse a los blandos con el acero tras un pinchazo.Cuando el reloj toc� las 20:28, Isaac Fonseca quiso cambiarle el viaje por la espalda a un cuarto enorme que galopaba por fuera. Aquello fue un atropello, un violento bofet�n. El mexicano, que hab�a hecho el pase�llo con el capote de paseo de la Virgen de Guadalupe, se levant� milagrosamente intacto. Y se puso de rodillas: en la valiente serie de derechazos Fonseca lo dio todo y el toro tambi�n, que se desfond� a plomo. El banderillero Ra�l Ruiz, que reaparec�a de su cornada del 1 de mayo, hizo un quite providencial cuando su matador perdi� pie a la hora de matar, cosa que el espada no hizo con efectividad.Hablando de toros que se sal�an de las muletas, Tontillato, un aparato con hechuras de buey, iba fuera de los enga�os siempre, incapaz de humillar, tremendamente distra�do; las telas quer�a pisarlas, ni siquiera cogerlas. Jos� Fernando Molina lo pas� como pudo y lo pasaport� con contundencia. Esa cosa de abandonar los enga�os la repiti� un quinto que hab�a cogido a V�ctor Manuel Mart�nez en banderillas —hasta para esto fueron complejos los Pedraza—, un politraumatismo considerable, nada m�s. Molina estuvo firme —no perdon� un quite— y busc� siempre el pit�n contrario para acallar las voces que le imputaban a �l la colocaci�n y no al toro, que se abr�a de los enga�os.Cuatro cinque�os adornaban la brutal corrida de Pedraza, entre ellos el primero, un toro que sali� andando de chiqueros y nunca galop�, tan agarrado al piso y sobre las manos desde que Isaac Fonseca lo par� con el capote, cambi�ndole los terrenos. Fue mal picado y bien banderilleado por Iv�n Garc�a, c�mo no. Fonseca le sac� todo, que no fue mucho, apret�ndolo en el final de faena. Lo mat� de forma muy cabal. Una gran estocada.













