Hay que rendirse a la evidencia: la Feria de San Isidro es ya un producto —la afirmación es del empresario Rafael García Garrido y es cierta—, y lo es al margen de las figuras, del público bullicioso, de la pesadez de todos los toreros e, incluso, de la ausencia de Morante de la Puebla de los carteles de este año, y de la propia inercia de la empresa de Las Ventas, Plaza 1.Los datos son incontestables: 18 llenos de no hay billetes, según la empresa, 9 salidas a hombros por la Puerta Grande, 28 orejas, tres toros de vuelta al ruedo y otros muchos excelentes colaboradores para el triunfo no siempre aprovechados por sus lidiadores.En el otro lado de la balanza, también es un producto consolidado la nueva afición que llena la plaza y que ha cambiado su fisonomía por su desconocimiento, la constante búsqueda de la diversión y su exagerada generosidad a la hora de solicitar trofeos, lo que ha alimentado la reivindicación de una minoría de exigentes que trata de que no desaparezca el rigor, aunque algunos de ellos crean erróneamente que la intransigencia y los pitos a destiempo son signos de conocimiento.El palco presidencial anda desnortado a la hora de dirigir un espectáculo ‘nuevo’ con una herramienta antiguaY entre unos y otros, el palco presidencial, donde se sientan cinco hombres, a quienes se les supone conocimiento y ecuanimidad, pero que andan desnortados a la hora de dirigir un espectáculo nuevo con una herramienta antigua como es el Reglamento Taurino Nacional; y, en muchas ocasiones, han sido objeto de airadas protestas, no siempre justas, en medio de un ruidoso guirigay que nunca es el mejor escenario para adoptar decisiones justas e inteligentes.En toda esa mezcla radica, quizá, la causa de que se hayan aprobado toros sin el trapío necesario, o se hayan concedido orejas sin mérito aparente, o se hayan decidido sorprendentes cambios de tercio o mantenido en el ruedo toros supuestamente incapacitados para la lidia.Lo cierto es que la fiesta de los toros del siglo XXI está inmersa en un proceso de cambio profundo. Así se viene constatando desde hace años en Sevilla y Madrid, y los políticos, que son quienes deciden la norma, aún no se han dado por aludidos.La fiesta de los toros del siglo XXI está inmersa en un proceso de cambio profundo, y así se constata desde hace años en Sevilla y MadridLa nueva afición, el público, el llamado respetable, ya no es el de antaño, y su presencia obliga necesariamente a un replanteamiento del espectáculo.Tampoco los toreros son los de antes. Hoy no destaca una hornada de diez grandes figuras que desaten la pasión, provoquen la competencia, animen la polémica y tiren del carro de la tauromaquia moderna. Existen figuras, sí, pero amortizadas todas ellas, con la única excepción de Morante, acomodadas en su zona de confort, y que no piensan en la retirada; otro grupo de toreros que apuntan mucho y disparan muy poco, y jóvenes con futuro a quienes el sistema impide que asomen la cabeza.Y todos ellos son unos pesados irredentos, sin sentido alguno de la medida del tiempo, dispuestos a aburrir cada tarde, como si ese fuera el objetivo último del paseíllo. Prueba de ello es que en esta feria se han escuchado hasta 84 avisos, de los cuales 13 se dieron antes de que el matador de turno se perfilara para la suerte suprema. Los festejos ya no duran hora y media, como en los tiempos de nuestros abuelos, sino dos horas y media, y alguno ha rondado las tres.Nada de ello ha evitado que en la Feria de San Isidro de 2026 se hayan vivido momentos henchidos de emoción. Dos toros (Núñez del Cuvillo y Victoriano del Río) y un novillo (Conde de Mayalde) de vuelta al ruedo; y corridas interesantes de El Torero, Fuente Ymbro, el propio Victoriano, Pedraza de Yeltes, Adolfo Martín, Juan Pedro Domecq, y las novilladas de Montealto y Conde de Mayalde.Toreros en lo más alto del podio, como Román, Ferrera, Urdiales, Talavante, Adrián, el rejoneador Diego Ventura y los novilleros Álvaro Serrano, Julio Méndez y Julio Norte; en un segundo escalón, Fortes, Diosleguarde, Ismael Martín, Castella, José Garrido, Víctor Hernández, Damián Castaño, De Miranda, Jarocho, Roca Rey, Clemente y el novillero Mario Vilau. Subalternos sobresalientes como Ángel Otero, Iván García, Sergio Blasco, José Chacón, Víctor del Pozo, Juan Sierra, Curro Javier, Antonio Chacón, Fernando Sánchez, entre otros; y picadores (el primer tercio sigue desaparecido) como Manuel Jesús Ruiz Espartaco, Alberto Sandoval, Oscar Alba, Juan Melgar y Luc Tosello.Sin duda alguna, San Isidro es un producto consolidado (curiosamente, no se ha notado la ausencia de Morante), pero la efervescencia actual no “es el resultado de muchos años de trabajo”, como afirmó García Garrido en una reciente entrevista en Libre Mercado. Algo habrá hecho bien Plaza 1, claro que sí, pero son otros factores políticos, sociológicos y taurinos los que alargan las colas en las taquillas.La gran sorpresa: Talavante y Juan Pedro Domecq, triunfadores según los periodistasA.L.Los periodistas que cubren la información de la Feria de San Isidro se quejan con frecuencia del desconocimiento del público en materia taurina y de su triunfalismo, y resulta que a la hora de la verdad han (hemos) elegido a Talavante y el ganadero Juan Pedro Domecq como triunfadores de San Isidro, con lo que todos los que allí trabajamos cada tarde nos hemos colocado al mismo nivel de los espectadores criticados.Esta ha sido la decisión del jurado de Plaza 1, la empresa gestora de Las Ventas, compuesto por periodistas especializados.Cada cual es libre de dar su voto a quien considere, faltaría más, y todos son respetables, pero el mismo derecho existe para la discrepancia; y es un clamor evidente que ni el torero extremeño ni el ganadero sevillano han sido los mejores en este largo ciclo.Talavante ha cortado tres orejas y salió por la Puerta Grande el primer día de feria tras una sentida faena a un toro artista de Núñez del Cuvillo. Los mismos trofeos paseó Román, y su labor ante el victorino Gallarete fue mucho más intensa y emocionante; y la Puerta Grande de Antonio Ferrera estuvo salpicada de genialidades. Sobre gustos, los colores, pero la realidad es inapelable. Talavante no hizo méritos para ser declarado triunfador.¿Y los toros de Juan Pedro del 28 de mayo? Muy cuidados en varas, justos de fuerza y casta, bondadosos y nobles. ¿Se ha acordado algún periodista de El Torero, Fuente Ymbro y Pedraza de Yeltes, entre otros? Y no digamos los novillos de Montealto y Conde de Mayalde, los más encastados de la Feria.El resto de los premiados son los siguientes: mejor faena: Talavante, Urdiales, Castella y Ferrera; mejor novillero: Álvaro Serrano; mejor rejoneador: Diego Ventura; torero revelación: Ismael Martín; mejor estocada: Urdiales; mejor picador: Manuel Jesús Ruiz Espartaco; mejor brega y mejor banderillero: Iván García; y mejor toro: Cantaor, de Victoriano del Río.