El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha supuesto un antes y un después. También para las relaciones entre Europa y Latinoamérica, y no solo por el desbloqueo de Mercosur tras un cuarto de siglo de negociaciones, sino por una batería de acuerdos con países de la región que relanzará un mercado común que abarca a más de 1.100 millones de consumidores. Es decir, el mercado transnacional más importante del mundo. En noviembre del año pasado, se avanzó en esta dirección en la cumbre CELAC-UE; más recientemente, entró en vigor la parte comercial del acuerdo Mercosur; la semana pasada, se modernizó la alianza estratégica entre la Unión Europea y México, que será ratificada en la Cumbre Iberoamericana de Madrid en noviembre próximo, mientras que, por último, el Banco Europeo de Inversiones ha considerado a México como un aliado estratégico, lo que permitirá tener acceso a fondos europeos para el desarrollo. En particular, destinados a la transición energética, como ha revelado en Ciudad de México la presidenta del BEI, Nadia Calviño, durante el IX Congreso de CEAPI, un club de empresarios latinoamericanos. Según Calviño, de lo que se trata es de que “mientras unos construyen muros y cierran mercados, otros abren puertas”. O, en palabras de Javi López, vicepresidente del parlamento europeo, de lo que se trata es de “reconstruir el multilateralismo” y no utilizar el comercio internacional como un “instrumento de coerción”, que es lo que hace Trump, sugirió. No es irrelevante en términos geoestratégicos la nueva ofensiva de la UE respecto de Latinoamérica. Se produce en un contexto geopolítico en el que las dos superpotencias, China y EEUU, miran hacia la región. En el primer caso, en aras de recuperar la llamada doctrina Monroe: ‘América para los americanos’, y, en el segundo, como un espacio del que poder extraer materias primas y minerales críticos. Europa no quiere quedarse al margen de este pulso —también los recursos naturales son su objetivo— y es lo que explica su renovado interés por la región. Proteger las inversiones Según el Centro de Investigación en Política Pública, el Acuerdo Global Modernizado México-UE liberaliza 99% del comercio de bienes—principalmente por la reducción de barreras comerciales a bienes agroalimentarios—, moderniza la protección de inversiones mediante un sistema de corte internacional y extiende la protección recíproca a 568 productos mediante denominaciones de origen—desde el champán y el jamón de Parma, hasta el mango y la vainilla— sentando las bases para que los productos de ambas economías compitan en los mercados del otro con identidad y valor diferenciado. Es decir, la Unión Europea lo que hace es precisamente, poner en valor su gran activo: el comercio exterior, superior al de EEUU en términos agregados. Y es aquí donde un país como México es clave. No en vano, el gigante latinoamericano es uno de los países más abiertos del mundo gracias a su centenar largo de acuerdos internacionales, de los que alrededor de 50 son acuerdos preferenciales, lo que le garantiza tener acceso a los mercados. Y lo que han hecho México y la UE es, precisamente, acordar la eliminación de aranceles y la protección de las inversiones exteriores. España, de hecho, es el segundo inversor en el país azteca, tras EEUU. México, hay que recordar, es uno de los 16 países en el mundo con más de 100 millones de habitantes, lo que refleja su importancia económica. A lo que hay que añadir que es una potencia industrial gracias a su frontera con EEUU, donde los costes de producción son sensiblemente más elevados. De hecho, aún con aranceles, el flujo de inversiones no se ha resentido. Los problemas, sin embargo, son extraordinarios. En primer lugar, como sostiene Stanley Motta, uno de los principales empresarios de Panamá a través de Copa Holdings, por la violencia y la delincuencia. Lo reflejan un par de datos. Latinoamérica supone el 8% de la población mundial, pero representa nada menos que el 30% de los homicidios que se producen cada año en el planeta, lo que frena las inversiones en la región. También las inversiones se ven afectadas por la inseguridad jurídica debido, precisamente, a la inestabilidad política como consecuencia de los populismos emergentes. Riesgos a la baja Según el Banco de España, y de acuerdo con las últimas previsiones disponibles del consenso de analistas, Latinoamérica crecerá en 2026 cerca del 2%, por debajo de su crecimiento potencial, situado, según la estimación del FMI, en un 2,4%. Esa tasa es una décima superior a la del año pasado. Ahora bien, y a consecuencia de los conflictos en Oriente Medio, existen riesgos a la baja por la posibilidad de un menor crecimiento global, unas condiciones financieras más estrictas y una mayor incertidumbre, asociadas al conflicto bélico. En el caso de México, se esperaba a mediados de 2025 que el crecimiento para este año fuera negativo, aunque finalmente acabó siendo positivo, pero en menor medida que en años anteriores. Brasil, la otra gran economía de la región, registró una notable desaceleración en la segunda mitad del año. En cuanto a la inflación, en las principales economías de la región, se situó en el 3,8%, pero la inflación subyacente (sin energía ni alimentos no elaborados) se situó cerca de su promedio histórico, de 4,5%. La inauguración del IX Congreso de CEAPI ha contado con la intervención del secretario de Relaciones Exteriores de México, Roberto Velasco, que ha recordado que “en México estamos en un momento auténticamente iberoamericano”. Puso como ejemplo la reciente presencia de la presidenta del país, Claudia Sheimbaum en una Cumpre progresista mundial patrocinada por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, “donde tuvieron una conversación extraordinaria sobre la democracia en nuestra región”, afirmó el jefe de la diplomacia mexicana. España y México, dijo Velasco, tienen una “historia compartida”, pero con “abusos” por parte de los españoles y a veces de los propios gobiernos mexicanos contra los indígenas.
Europa mete baza en la batalla entre China y EEUU por conquistar Latinoamérica
Latinoamérica, por sus recursos naturales y por razones geopolíticas, es una de las regiones donde transcurre el pulso entre superpotencias. Pero Europa tiene algo que decir. Ha lanzado una ofensiva para aumentar su presencia










