Los ensayos clínicos son esperanza y puerta de entrada, no último recurso. “Cuando un paciente viene a consulta y le ofrecemos un ensayo, a veces nos contesta: ‘¿Tan mal estoy?’. Y es lo contrario: el ensayo es una oportunidad única de tratamiento”, explica Sergio Ramos, especialista en Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid). Lejos de ser una última opción, la también hematóloga Pilar Giraldo, del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza, explica que esta herramienta es además, en muchos casos, “una puerta de entrada a tratamientos innovadores y un motor para que la medicina siga avanzando”.En esencia y sin entrar en tecnicismos, un ensayo clínico es un estudio en el que se evalúa si un nuevo medicamento, o una combinación de ellos, es más eficaz que el tratamiento estándar. Pero antes de llegar a los pacientes, detalla Pilar Giraldo, los fármacos han pasado por distintas fases de laboratorio que garantizan unos mínimos de seguridad: “Solo entonces se prueban en personas reales. Y hay un comité de ética: no se puede plantear un ensayo con un tratamiento peor del que existe. Por tanto, no hay coste de oportunidad”.
España, el país más activo de la UE en ensayos









