Un chatbot es un programa informático diseñado para simular una conversación con seres humanos, utilizando la inteligencia artificial, mediante preguntas y respuestas, de modo oral o escrito, que permite pasar de contestaciones robóticas, basadas en botones, a asistentes virtuales inteligentes, capaces de entender el contexto, mantener conversaciones fluidas y resolver problemas en tiempo real. Para ello, se hace uso de una computadora, tablet o teléfono celular, pudiendo descargar las apps oficiales de plataformas, como ChatGPT, Google Gemini, desde la Google Play Store (Android) o la App Store (iOS), usar un navegador web con el buscador, como Chrome, Safari, Edge e ingresar al sitio web del chatbot, a través del WhatsApp. El chatbot responde de manera hablada y se pueden entablar diálogos cuya duración y tópicos dependen del ser humano, porque es un software que simula una conversación con otra persona. El resultado de esta práctica se está volviendo un fenómeno preocupante, tanto que el papa León XIV ha reaccionado y expresado su punto de vista. En publicación de este Diario, del 22 de mayo pasado, apareció la advertencia del papa sobre el riesgo de los chatbots.El uso responsable de las tecnologías en la era digital es, –a su juicio y al de muchos–, crucial ante el crecimiento desproporcionado del empleo de la IA, al punto que parecería que nos estamos “deshumanizando”. No es que se esté en contra del avance tecnológico, sino que debiéramos mesurar hasta qué punto debemos llegar con su utilización de manera lógica y racional, sin destruir los sentimientos de amor, ternura, compasión, solidaridad, afecto, entre otros, tan connaturales a los seres vivos normales. Y decimos “seres vivos” porque, en la naturaleza, hasta las plantas se comunican y reaccionan ante estímulos, no digamos del resto del reino animal al que pertenecemos, aunque, a veces, parecemos menos racionales de lo que pretendemos. Basta pensar en las conflagraciones bélicas a este respecto, en las cuales se mata cruelmente y sin piedad a miles de inocentes.Es evidente que no es normal asumir a una entelequia como alguien con sentimientos del cual podemos enamorarnos e, incluso, amar, convirtiéndola en nuestra pareja. Es un desenfreno de la tecnología actual, al decir del papa, quien manifestó, además, que “estamos viviendo un eclipse del sentido de lo que significa ser humano”.Sin embargo, debemos reconocer que este fenómeno se produce también por la ausencia de hogar, del sentido de familia que se proyectaba hasta comienzos del siglo XX, cuando la mujer entró al campo laboral y cambiaron nuestras costumbres, tanto así que hoy muy pocos quieren tener hijos. Ahora, el celular pasó a ser el “chinesco” de los bebés, lo que presagia una “humanidad” totalmente robotizada para dentro de poco tiempo. Es necesario revisar nuestra conducta para no caer en la deshumanización. Debemos entender que un chatbot es un ente artificial, que si bien no nos cela, no se pelea con nosotros y supuestamente nos entiende y nos atiende a la hora y el tiempo que queramos, no es ni puede el sustituto del ser humano. (O)