“Hace poco discutí con mi pareja. Estaba un poco en crisis por lo que significa tener un bebé nuevo en la casa. Durante esos días, estuve conversando con el Chat. Hablamos de todo y me ayudó mucho”, dice Alicia (este no es su nombre real), que admite: “empecé usándolo muy poco y hoy ya me encuentro usandolo para casi todo”. Escribir correos, resolver dudas médicas, buscar oportunidades de inversión, pensar qué comida preparar con los ingredientes que tiene en la nevera, aclarar trámites de viaje, saber qué sitios conocer en una nueva ciudad, son algunos de los usos que ha incorporado en su día a día.La inteligencia artificial ya no solo funciona como una herramienta para agilizar gestiones laborales y se abre paso hasta en las esferas más íntimas de la vida doméstica. Si se le pregunta al ChatGPT sobre los usos que se le da en España, dirá que las consultas personales y emocionales “han crecido muchísimo”, y van desde dudas sobre temas de relaciones, ansiedad laboral y conflictos personales a cómo responder mensajes, tomar decisiones, tener conversaciones que casi simulan lo terapéutico, e incluso para despejar dudas médicas del tipo “¿Qué puede ser este síntoma?”, “Explícame esta analítica”, o “¿Es grave esto?”.Mi bebé tuvo herpes en la piel. Subí una foto al chat y me dijo que creía que podía ser eso. Le pregunté al médico y estaba en lo cierto. Te puede guiar...AliciaCada vez más pacientes van al médico solo para validar un tratamiento que han decidido por recomendación de la IA o de TikTokNacho Vera / Propias“Mi bebé tuvo herpes en la piel. Lo había llevado al dermatólogo y no conseguían dar con lo que le pasaba. Subí una foto al chat y me dijo que creía que podía ser eso. Le pregunté al médico y estaba en lo cierto. Te puede guiar”, explica Alicia, aunque advierte: “A veces te dice cosas incorrectas, tienes que estar encima”. Al vivir en Japón, la inteligencia artificial le ayuda a traducir un entorno que de otra manera le resultaría ininteligible.Julia, de 38 años, empezó a usar ChatGPT durante su embarazo. “Lo usaba con criterio, no para tener conversaciones, sino para resolver dudas puntuales”, explica. El día que nació su hija, se despertó con contracciones. Como no recordaba bien cómo contarlas y quería evitar ir demasiado pronto al hospital, recurrió a la IA. “¿Quieres que las contemos juntas?”, le preguntó el chat, y le pidió que indicara cuándo comenzaba y terminaba cada una. En medio del conteo, le preguntaba cómo se sentía y cómo notaba su barriga. “Me fue guiando”, recuerda. Después de un rato, le avisó: “Julia, ya estás lista para ir al hospital”.Lee tambiénLa inteligencia artificial se ha convertido en un apoyo en su maternidad, especialmente porque viaja mucho. La ha consultado para saber desde cómo mejorar el sueño de su hija hasta qué hacer frente a un accidente doméstico. “Mi hija tiene problemas para dormir y he recurrido en noches de desesperación. Como ChatGPT tiene memoria, me decía: ‘esto lleva varias noches y no mejora, ¿probaste esto o esto otro?’”, explica. Y añade: “Siempre te da mensajes de aliento, como ‘estás haciendo todo bien’ o ‘esto es muy normal’, te pone emojis de corazoncitos, y eso es reconfortante”.Según una encuesta de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros), entre 2023 y 2025 el uso frecuente de ChatGPT en España pasó del 4% al 28%, y cuatro de cada diez menores de 45 años utilizan alguna herramienta de inteligencia artificial a diario.No lo uso como reemplazo de mi terapia, sino como un espacio de descarga para cosas que no quiero hablar con nadie...Macarena(35)La inteligencia artificial se ha convertido en un apoyo para cuestiones de todo tipo, también las emocionalesistockphotoCarlos, un médico de 35 años que vive en Barcelona, usa tanto ChatGPT como Gemini, la IA de Google. “Pasé de usarlo de forma puntual a que se metiera cada vez más en mi vida. Empecé a usarlo cada vez más, sobre todo para los viajes, cuando iba a una ciudad le preguntaba qué podía hacer”, cuenta.Tras varios intentos fallidos de encontrar una rutina de ejercicio que se ajustara a lo que necesitaba, encontró en la IA un entrenador a medida. Desde hace dos años la consulta casi a diario para darle forma tanto a su rutina del gimnasio como a su dieta. “No le hago caso al 100%, pero es una guía”, dice. También le ha servido para decodificar situaciones sociales, como interpretar comentarios o reacciones de compañeros o jefes. En el trabajo es más cauto: “Puede ayudarte a resumir un artículo, pero hay que vigilar mucho”.Para Macarena, usuaria de la versión de pago de ChatGPT, la herramienta es útil tanto para el trabajo como para ordenar sus pensamientos: “No lo uso como reemplazo de mi terapia, sino como un espacio de descarga para cosas que no quiero hablar con nadie”. Ella tiene su chat configurado para que sea “empático” y esas interacciones, a veces, alivian.“Cada vez más personas utilizan la IA como una primera vía de desahogo o acompañamiento”, asegura la psicóloga Ainhoa Vila, que lo atribuye a la inmediatez, disponibilidad y ausencia de juicio, lo que facilita que algunos usuarios se abran más que con un profesional en una primera sesión. “La IA no juzga y no existe el miedo a ser evaluado. En un momento en el que muchas personas se sienten solas o saturadas, eso tiene un atractivo enorme”, señala.Sin embargo, advierte que lejos está de implicar un proceso terapéutico real. En situaciones de crisis, la IA puede ser insuficiente o incluso problemática, ya que tiende a validar el discurso del usuario sin confrontarlo y carece de responsabilidad clínica o capacidad de intervención. Frente a ello, la terapia humana ofrece algo que la IA no puede replicar: un vínculo real, una lectura emocional y corporal, y una intervención adaptada a la historia y al contexto de cada persona. “La IA puede ordenar ideas o aportar recursos, pero no sustituye la complejidad, la presencia ni la capacidad transformadora de una relación terapéutica”, asegura Vila.La IA puede ordenar ideas o aportar recursos, pero no suple la complejidad, la presencia ni la capacidad transformadora de un terapeutaAinhoa VilaPsicologa“Puede ayudar de manera inmediata a superar una sensación de soledad, pero en ningún caso sustituye la relación terapéutica ni la intervención profesional”, coincide Carles Gallel, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC.El experto constata que se ha producido una expansión del repertorio de usos de la IA, que ya ha trascendido las típicas funciones redacción de correos o textos para integrarse en ámbitos mucho más cotidianos y personales: desde el apoyo emocional, la creación de cuentos personalizados para niños, la generación de música adaptada a intereses específicos, la simulación de conversaciones con personas ausentes o fallecidas, hasta para interpretar mensajes y situaciones sociales.Aunque podemos llegar a sentir que conversamos con un robot inteligente, la inteligencia artificial generativa debe entenderse como una herramienta de apoyo basada en modelos de predicción estadística, indica el experto. Sus respuestas no surgen a partir de un razonamiento propio o de una comprensión real, sino que identifica patrones en grandes volúmenes de datos y ofrece la salida más probable en función del contexto. Eso hace que pueda dar respuestas útiles pero también incorrectas o incompletas.Por ello, insiste en la necesidad de mantener una supervisión activa. Además, advierte que un uso excesivo puede derivar en una pérdida de creatividad y una generalización y empobrecimiento del pensamiento, así como en una cesión de datos personales de la que no siempre se es plenamente consciente. “Estás introduciendo datos en una plataforma y no siempre sabes con claridad qué uso se hará de esa información”, señala e insiste: “En ningún caso hay que entender que la respuesta que te dé es la correcta, sino que siempre hay que mantener un punto crítico. El control sobre la decisión final debe ser de la persona”.