Una formidable tormenta agita el mundo del arte en Galicia y más allá. La decisión de la Xunta de tomar por asalto la dirección del principal museo de arte contemporáneo ha provocado una inédita y casi unánime contestación en el sector: críticos, artistas o responsables de museos de todo el Estado censuran el método y el resultado de un proceso que ha desembocado en la elección de la desconocida Eva López Tarrío como directora del Centro Galego das Artes Contemporáneas (CGAC) de Santiago de Compostela. Las innumerables voces que cuestionan lo sucedido hablan de afán de control del Gobierno gallego y de subordinar el CGAC a la Cidade da Cultura y a la estrategia turístico cultural del Xacobeo y afirman que López Tarrío carece de la preparación adecuada para el puesto. El presidente Alfonso Rueda ignora sin embargo el clamor del sector cultural y asegura -sin dar nombres- que “gente de la cultura” lo ha felicitado por “una designación que ha sido un acierto”.

El nombramiento todavía no se ha producido, sí la resolución del concurso, pero culmina años de declive de la que fue una de las más prestigiosas instituciones artísticas de España. “Es evidente que ha habido una deriva”, explica a elDiario.es Miguel Anxo Rodríguez, profesor de Historia da Arte de la Universidad de Santiago de Compostela, “debida a dos factores principales, la falta de diálogo y el progresivo recorte de fondos y de personal. Además de injerencias absurdas en la programación, como dedicar más de medio año a la exposición de un artista”. Una actividad cada vez más mortecina y de escasa repercusión sociocultural era objeto habitual de comentario entre usuarios y creadores. Las habituales salas vacías contrastaban con las triunfalistas cifras oficiales de visitantes. “Vive una especie de declive y está claro que el Gobierno gallego no quiere apostar por el CGAC”, añade Rodríguez.