En el sector artístico nadie recuerda semejante unanimidad. Del director del Reina Sofía a más de 1.500 personas que subscribieron el manifiesto crítico Se afunde é porque pesa: SOS CGAC, de los departamentos universitarios vinculados al arte en Santiago de Compostela o Vigo al informado y contundente artículo de la crítica Elena Vozmediano -Una marioneta para dirigir el CGAC-, de la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo a Santiago Olmo, el anterior director: ninguna voz relevante respalda la decisión de la Xunta de Galicia de colocar al frente del principal museo de arte contemporáneo de la comunidad, el CGAC, a la desconocida Eva López Tarrío, profesora y artista de reducido currículum. Es una de las últimas crisis que ha afrontado una consellería, la de Cultura, que acumula palos en las ruedas de sus principales apuestas estratégicas.
El convulso aterrizaje de López Tarrío en la dirección del Centro Galego de Arte Contemporánea, ubicado en Santiago de Compostela, no fue azaroso. El Gobierno gallego había preparado el proceso a partir de la Lei de Museos de Galicia, aprobada en solitario por el PP en 2021, y de una modificación de la relación de puestos de trabajo del centro que eliminaba el contrato de alta dirección para el puesto y articulaba, en su lugar, un concurso de libre designación solo para funcionarios de carrera. Todos estos cambios ya habían sido objeto de crítica en el mundo del arte, debido a que contravienen los códigos de buenas prácticas operativos en el sector. Crítica infructuosa: una de las quejas más escuchadas entre artistas, comisarios o críticos es la ausencia de diálogo de la consellería. El “no hay nadie al otro lado” es recurrente.







