Uno de los errores más comunes al elegir una copa de vino es fijarse solo en la estética, en lugar de entenderla como una herramienta al servicio del vino. Porque, además de ser bonita y transparente, debe ayudar a sacar el mayor partido sensorial. “Para disfrutarlo como se merece, necesita tener una forma concreta”, apunta Jordi Segura, propietario de Euroselecció, distribuidor de Riedel en España, quien destaca como gran avance la diferenciación entre copas de vino blanco y de tinto. “Tomar vino blanco en una copa de tinto es lo más cómodo, pero así no se aprecia ni se obtiene una gran experiencia sensorial”, señala. Para los iniciados o para quienes no quieran complicarse demasiado, resume la elección de forma sencilla: las copas de blanco son de tamaño mediano y las de tinto tienen un cuerpo más amplio.De la misma opinión es David Menéndez, copropietario, jefe de sala y de bodega del restaurante La Tabla, en Gijón, con más de 4.500 referencias de vinos de todo el mundo: “Es sencillo: la del blanco es la que tiene el cáliz más afilado, las conocidas como tipo Burdeos, más largas que anchas”. No obstante, matiza que hay excepciones: “Si el vino blanco es de uva chardonnay o viognier, es preferible una copa más similar a la de tinto, más ancha que alta, para favorecer la entrada de aire y su oxigenación. Los vinos más estructurados conviene afinarlos; necesitan aire”. Como experto, asegura que el disfrute del vino es cada vez más sofisticado: “Antes nos fijábamos solo en la parte gustativa y olfativa; ahora percibimos más matices y, para ello, también es importante observar cómo el vino se comporta en la copa”.De lo que se trata, en definitiva, es de mostrar el vino tal cual es. Y existe una copa incluso para cada variedad de uva, independientemente de su color, como señaló la semana pasada el consejero delegado de la firma austriaca durante la Riedel Wine Glass Experience, una cata celebrada en el hotel Rosewood Villa Magna (Madrid), donde mostró cómo la forma de la copa puede cambiar la percepción de un vino. Fue el caso de la colección Veloce, fruto de un trabajo de investigación orientado a ensalzar el contenido de cada copa en función de la variedad. Para dar con la forma idónea, explica Segura, en Riedel siguen siempre el mismo proceso: “Por ejemplo, cuando se eligió el modelo adecuado para la garnacha de Gredos, se reunió a un millar de expertos internacionales que cataron y votaron cuál era el formato que mejor potenciaba su aroma, sabor y textura. A partir de ahí, la casa trabaja en el diseño de la copa en la que el vino mejor se expresa”. Porque la forma, añade, está ligada al ADN de la variedad: en función del diseño, “dirigimos el líquido a una zona u otra de la lengua, y por eso percibimos sensaciones distintas”.El enólogo Lluís Manel Barba explica en la guía La cata de vinos, editada por la Escuela Española de Cata, que es fundamental elegir bien la copa y prestar atención al grosor del cristal: “Cuanto más fino sea, mayor será el disfrute”. Insiste en que las copas grandes se reservan para los tintos, ya que necesitan una buena oxigenación: “Cuanto más concentrado sea el vino, mayor debe ser la copa”. En el caso de los blancos, el tamaño será menor, aunque si se trata de vinos fermentados en barrica conviene utilizar copas más grandes, similares a las empleadas para tintos de capa media.Hasta hace bien poco, para los vinos espumosos había una única copa, la tipo flauta, que, según Barba, permite disfrutar del perlaje —el espectáculo gaseoso de las burbujas—. Sin embargo, ahora, “se disfrutan en el mismo tipo de copa que los vinos blancos”, señala Menéndez. Segura concluye que, cuanto más crianza tengan estos vinos, mayor volumen de copa necesitarán, “aunque las alargadas no están desterradas, porque a los vinos más jóvenes les van bien”. También advierte de uno de los errores más habituales: pensar que cuanto más fino es el cristal, mejor es la copa. “La gente tiende a creer que el grosor del cristal determina la calidad, y no es así. Una copa fina puede estropear el vino si no tiene la forma adecuada. No sirve para todo”, agrega. En cuanto a su mantenimiento, recomienda lavarlas con agua caliente y secarlas con una bayeta de microfibra, sujetando con la mano izquierda el cáliz y limpiando el interior con la derecha.Breve guía para no perderse entre copasPara vinos blancos:Cáliz más pequeño: ayuda a mantener la temperatura fresca por más tiempo.Boca más estrecha: concentra los aromas más sutiles del vino blanco.Forma más vertical: ideal para vinos frescos y con acidez.Conclusión: los blancos no necesitan tanta oxigenación, a no ser que sean de largas crianzas, por eso la copa es más recogida. Se recomienda esta forma también para espumosos.Para vinos tintos:Cáliz más grande y amplio: permite que el vino se oxigene mejor.Boca más abierta: facilita que se perciban todos los aromas complejos.Mayor superficie de contacto con el aire: potencia sabores y suaviza taninos.Conclusión: Los tintos suelen ser más estructurados, por lo que necesitan respirar.