Un recipiente puede arruinar (o mejorar muchísimo) la cerveza que se va a beber. Estas son las claves para acertar
Una caña en vaso de tubo. Una IPA en copa de vino. Una sour servida en un vaso ancho de sidra. Hemos visto de todo y, aunque suene exagerado, el vaso puede arruinar (o mejorar muchísimo) lo que se está a punto de beber....
Porque sí, hay mucha diferencia. No es lo mismo tomar directamente de la lata o de la botella, que servir la cerveza en un vaso adecuado. Cuando la viertes, se liberan los compuestos volátiles, se forma la espuma, se aprecia el color y, sobre todo, entra en juego el olfato, que es responsable de gran parte de lo que consideramos sabor.
Y como cada estilo tiene su historia, su perfil aromático, su nivel de carbonatación y su temperatura ideal, no todos los vasos sirven para todo. Por eso existen formas distintas. Algunas se abren para liberar aromas, otras se cierran para concentrarlos. Algunas mantienen la temperatura, otras potencian la espuma.
Repasamos los diez vasos de cerveza más comunes (y uno extra que deberías tener sí o sí si te gusta catar), cuándo usarlos, y por qué hacen que la cerveza sepa mejor.






