Vi el documental Sopa de cabra, tornar enrere poco después de leer Cronofobia, de Sergio C. Fanjul, publicado por Arpa. El mismo día hablé con un amigo escritor en la setentena que me describía esa sensación de saber que te quedas sin tiempo, no por obligaciones y compromisos, ni por el frenesí de esta época acelerada, no como algo temporal que se resolverá cuando hayas resuelto lo que tienes pendiente, sino porque se va acabando y no puedes permitirte el lujo de perderlo: “Me pregunto dónde lo hemos dejado, el tiempo”, decía a raíz de un reencuentro en el que parecía que hubieran pasado días y no años. King's College/Mark Mitchison / Europa PressEn su libro, Fanjul se plantea (entre otras muchas cosas que invitan a la reflexión y a la divagación inspirada) si el tiempo tiene alguna particularidad, aparte de pasar, algo que a él le angustia, notar su perseverancia. También se pregunta si el tiempo existe y de qué modo se puede evitar lo inevitable: apunta que una recomendación frente a las fobias es alejarse del motivo que las provoca. Pero ¿cómo mantenerse apartado de algo intrínseco a la vida?Cargamos con el tiempo, y a veces pesa, otras llena, nos hace quienes somosEn la cultura aimara, el pasado no está detrás, como lo concebimos nosotros, sino delante. Por eso lo vemos y lo reconocemos, nos reconocemos en él. El pasado no es algo que dejemos rezagado, no le damos la espalda. Al contrario: cuanto más pasado tenemos, más aguda es nuestra mirada, más somos capaces de entender y de sentir. Tener el pasado delante, y no dejarlo atrás, es como tenerlo siempre presente. Temps era temps significa antes, anteriormente, en un momento previo al actual, hace mucho, cuando el tiempo era tiempo. Las rondalles mallorquines empiezan con un: “Això era i no era”, porque lo que fue tal vez no fue, porque todo parte de un relato y lo que pasó nunca acaba de pasar.Miraba el encuentro de Sopa de Cabra en el presente y pensaba en lo que implica haber sido Sopa de Cabra, haber vivido lo que han vivido y lo que han hecho vivir, haber formado parte de tantas vidas. No sentía exactamente nostalgia; más bien constataba que llevamos el tiempo (todos los tiempos) con nosotros. Cargamos con él, y a veces pesa, otras llena, nos hace quienes somos, deja testimonio de nuestra existencia. Recordar significa devolver al corazón. Por eso poder volver atrás es poner la propia vida –toda la vida– delante.