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mayo

23:58'Los domingos', de Alauda Ruiz de Az�a.Una lectura moderna de lo espiritual. Uno de los grandes aciertos de esta pel�cula es el t�tulo, repleto de evocaci�n y delicada sugesti�n. La potencia del domingo, tanto para los creyentes como para los no creyentes, culmina y recubre la semana con una especie de halo blanco como si sobre �l planeara la toca de las novicias. Durante mucho tiempo ha sido el d�a preferido de la infancia. Para ese momento se reservaba "el vestido de los domingos" o se estrenaban unos zapatos nuevos. En mi infancia el domingo irradiaba esplendor. Y para mucha gente a�n contin�a irradi�ndolo. Luz de domingo llam� a esta sensaci�n el escritor Ram�n P�rez de Ayala en una novela de 1916. Y en esa luz especial el mundo de la iglesia ha concentrado su poder espiritual para penetrar en almas ansiosas de fe y esperanza, tal vez de algo m�s all� de nosotros mismos.No ha necesitado la directora y guionista del film, Alauda Ruiz de Az�a, de alardes sentimentales, a las dos actrices (Blanca Soroa y Patricia L�pez Arn�iz) les han bastado desplegar sutiles miradas y gestos para transmitir tensi�n, fragilidad y verdad. Im�genes protagonizadas por silencios que marcan una austeridad que proporciona densidad a la narraci�n. Y desde esta sencilla contenci�n aborda la complejidad de las relaciones familiares, de la identidad, de la juventud y la necesidad (m�s all� de las vocaciones religiosas) de encontrar el b�lsamo de la espiritualidad en el convulso mundo de hoy.Quiz� es por esto que la pel�cula funciona, porque captura muy bien esa edad en la que el afecto se convierte en una b�squeda casi f�sica. La necesidad de que alguien confirme que una importa, que tiene lugar en el mundo, que no est� completamente aislada dentro de s� misma. Y los grupos religiosos, pol�ticos, espirituales, incluso amistosos, entienden perfectamente ese vac�o. Y adem�s ofrecen algo que hoy escasea much�simo: atenci�n.'Par�sitos', de Bong Joon-hoUna acertada representaci�n de la escalera social. Este fin de semana he vuelto a ver la pel�cula coreana Par�sitos, del cineasta Bong Joon-ho. No es actual�sima, se estren� en 2019, pero no importa, sigue tan vigente como el primer d�a o m�s porque el presente cada vez se parece m�s a ella: los alquileres desorbitados, la obsesi�n por un �xito esclavizante, los trabajos que exigen entusiasmo emocional adem�s de horas, la verg�enza silenciosa de no llegar nunca del todo a no se sabe d�nde. Como a sus personajes, nos acechan el agotamiento y la inestabilidad en todos los sentidos. La familia Kim sobrevive literal y f�sicamente abajo, en los s�tanos de la opulencia, con la picard�a, ingenio y desverg�enza que ya nos demostr� el Lazarillo de Tormes sin ser coreano.Porque la marca social del nacimiento atraviesa el tiempo y el espacio con sus peque�as o grandes humillaciones y rebeld�as, como las de esta astuta familia, que simplemente naci� demasiado abajo. Y en el capitalismo contempor�neo nacer abajo a veces significa dedicar mucha vida a fingir que no pasa nada. La pel�cula entendi� antes que muchos soci�logos que la desigualdad moderna es est�tica. Hay que saber hablar, moverse, decorar una mesa, pedir vino, sonre�r sin parecer desesperado. Incluso el cansancio tiene clase social. Los ricos de Par�sitos pueden permitirse el lujo de ser ingenuos porque hay alguien que arregla sus desastres. Los pobres, mientras tanto (desde los tiempos de las casas de campo de Jane Austen y antes), desarrollan talentos extraordinarios para desaparecer: limpiar r�pido, mentir bien, oler poco, ocupar el menor espacio posible.Para saber m�sArriba y abajo. Todo el mundo sube o baja constantemente por una escalera filmada como si fuera una condena b�blica. El dinero tambi�n funciona as�: decide qui�n recibe luz natural y qui�n aprende a convivir con la humedad. Hay una escena donde la lluvia cae sobre la ciudad y cada clase social la siente de una manera distinta. Para unos, una noche acogedora. Para otros, una inundaci�n. Dif�cil resumir mejor el mundo. Y esa forma de lograr que la tragedia nos arranque una sonrisa con escenas derivadas de absurdos comportamientos entre criados y se�ores: personas adultas escondidas debajo de una mesa mientras una pareja rica habla de ellas como si fueran parte del mobiliario.Todo el mundo deber�a verla al menos una vez. Algunas pel�culas entretienen, otras explican una �poca. Par�sitos hace algo peor: deja la sensaci�n de que alguien observ� el mundo con demasiada atenci�n.'El juicio de los 7 de Chicago', de Aaron SorkinUna mirada vigente sobre un problema del pasado. El otro d�a la vi en Netflix esta pel�cula escrita y dirigida por Aaron Sorkin . Como Par�sitos (2020) no es de ayer. Pero se podr�a decir que es de hoy y tambi�n de ma�ana por todo lo que est� ocurriendo en Estados Unidos. La historia cuenta un juicio que ocurri� hace m�s de cincuenta a�os y, aun as�, parece hablar exactamente del presente. Manifestaciones convertidas en amenaza p�blica, pol�ticos utilizando el miedo como estrategia, polic�as reaccionando con violencia y medios simplificando conflictos complejos hasta convertirlos en espect�culo.Hay algo agotador en darse cuenta de que ciertas im�genes nunca desaparecen del todo en Estados Unidos. Solo cambian de formato. Lo interesante es que la pel�cula no intenta convertir a los personajes en h�roes perfectos. Discuten, se contradicen, poseen egos enormes y maneras distintas de entender la protesta. Se parecen bastante a cualquier grupo pol�tico real. La gente suele imaginar los movimientos sociales como algo ordenado y coherente cuando normalmente se abastecen de personas cansadas intentando hacer algo �til mientras discuten entre ellas.Tambi�n deja bastante claro que el poder necesita enemigos visibles. Siempre hace falta alguien a quien se�alar como "radical", "peligroso" o "antipatri�tico" para evitar hablar de lo que verdaderamente provoca el conflicto, un mecanismo en auge en la mayor potencia del planeta. Y todo est� contado con esos di�logos tan r�pidos, casi teatrales con que Aaron Sorkin nos desliza hacia un final con una sencilla explicaci�n: la sensaci�n de que la justicia depende m�s de quien tiene el control que de quien tiene la raz�n. Un aspecto que dota de inquietud no solo a la pel�cula sino a nuestras vidas.