La película ganadora de la Concha de Oro es un sobrio y ambiguo drama familiar alrededor de una adolescente que quiere meterse a monja de clausura

Resulta chocante el revuelo de los últimos días ante la iconografía que despliega Rosalía en su nuevo disco. El hábito de las monjas, entre otros símbolos católicos, lleva décadas

om/babelia/2025-10-17/misticismo-crimenes-y-amores-no-solo-espirituales-todas-las-historias-que-encierra-el-convento.html" data-link-track-dtm="">inspirando a la moda, por no hablar de la música o el cine. Mientras aún tenemos frescas a las monjas revolucionarias del último largometraje de Paul Thomas Anderson, Una batalla tras otra, cabe recordar que una de las mejores películas españolas de la historia, Viridiana, está protagonizada por una novicia y que a su director, Luis Buñuel, le encantaba disfrazarse de monja. Pero el escándalo y la transgresión de ayer lleva tiempo diluida en la inanidad estética del presente.

Cuanto más se desacraliza nuestra sociedad, más fácil resulta recurrir a ciertos símbolos sin herir susceptibilidades. Lo cual no ha impedido que la coincidencia entre el hábito de monja de Rosalía y el estreno de Los domingos, la película de Alauda Ruiz de Azúa que se alzó con la Concha de Oro en el último festival de San Sebastián, haya incentivado el ejercicio de cierta crítica cultural de ocasión bajo la abundancia digital.