La directora de ‘Cinco lobitos’ y ‘Querer’ confronta al espectador con la historia de una chica que quiere meterse a monja de clausura: ¿adoctrinamiento o llamada de Dios?

Desde una familia, la de sangre, a otra familia, la espiritual. Desde el punto de vista de una adolescente que siente una llamada a la vida de clausura y religiosidad, al punto de vista de quienes la rodean, tías, hermanas, amigas, hermanas o padre, que proyectan en ella sus propias alegrías y sus propias miserias. Todo cabe en Los domingos, el bofetón que Alauda Ruiz de Azúa pega a cada espectador con una premisa: una niña de 17 años anuncia que quiere entrar en un convento de clausura. ¿Y ahora qué? ¿Respetamos el libre albedrío? ¿Pensamos que la han adoctrinado o de verdad tiene fe y ha sentido la llamada? Quienes rodean a la adolescente, ¿toman sus decisiones pensando en lo mejor para ella o proyectan en sus opiniones sus grandes miedos? A eso responde Ruiz de Azúa con una obra portentosa, inmensa, trasparente en su complejidad y gozosa en su dolor.

Qué fácil hubiera sido usar la brocha gorda para hablar de monjas y vocaciones. O definir desde el principio qué es secta y qué es religión pura y verdadera. Si la misma España aún no ha decidido apostar firmemente por erigirse como un Estado laico y aún permite que la Iglesia católica permee en las instituciones oficiales, ¿qué va a decir la familia de una niña de 17 años que quiere entrar en un convento de clausura?