La llegada del buen tiempo trae consigo el deseo, a veces obsesión, por lucir una piel bronceada. Sin embargo, la evidencia científica es clara al respecto: no existe un bronceado saludable mientras nos expongamos a radiación ultravioleta. Aquí entran en juego los autobronceadores, consolidados como la única vía para ganar un tono en la piel sin pagar la factura dermatológica del sol.

“Los autobronceadores representan una alternativa para obtener un aspecto bronceado y de forma segura, sin exponernos al sol o usar cabinas de rayos ultravioleta”, asegura la Dra. Natalia Jiménez, dermatóloga del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica (GEDET) y del Grupo Pedro Jaén.

Cómo funciona una crema autobronceadora

Jiménez destaca que la gran ventaja de estos productos es que actúan mediante una reacción química en la capa más superficial de la piel, sin necesidad de dañar el ADN celular. Así, subraya, se evita “el fotoenvejecimiento, las manchas y, sobre todo, del aumento del riesgo de cáncer de piel”, derivados de la radiación.

Al analizar la etiqueta de estos productos, el ingrediente clave suele ser la DHA (dihidroxiacetona), a veces acompañada de la eritrulosa para un tono más gradual y suave. Aunque ha existido cierto debate sobre si la DHA puede generar oxidación en la piel, la Dra. Jiménez aclara que “esa oxidación se considera muy poco significativa en comparación con la producida por la radiación solar”.