Solemos pensar que la crema solar solo es necesaria si vamos a la playa para evitar quemaduras. Pero para nuestra piel, el verano trae también una labor adicional. Los rayos del sol afectan a nuestra piel a diario, aunque no vayamos a la playa: de camino al trabajo, durante el almuerzo en una terraza, en el coche, cerca de una ventana e, incluso, en días nublados.

La protección solar diaria es uno de los pasos más importantes en el cuidado de la piel si queremos mantenerla sana, es una medida esencial para proteger la piel del envejecimiento prematuro, el daño solar e incluso de riesgos graves para la salud como el cáncer de piel, uno de los más frecuentes a nivel mundial. Nuestra piel está expuesta al sol mucho más de lo que creemos.

Piel y sol, el riesgo que se acumula

La piel posee una memoria prodigiosa y almacena los efectos de la exposición a los rayos UV durante años e incluso décadas. Tras repetidas exposiciones al sol, empiezan a producirse cambios celulares subyacentes. Y, aunque al final del verano el bronceado desaparece, el daño más profundo, como la degradación del colágeno y las mutaciones del ADN en las células de la piel, permanece latente y listo para manifestarse como envejecimiento prematuro o, en casos más graves, cáncer de piel. Se calcula que cada año la radiación ultravioleta causa más de 1,5 millones de casos de cáncer de piel.