Exponerse al sol es una actividad de riesgo si no se hace con seguridad. Sobre todo, cuando confiamos en untarnos la piel de crema solar creyendo que solo con su acción protectora no nos queramos. Algo que para muchos entra dentro de lo probable al visitar la playa o la piscina, pero que dista mucho de ser algo beneficioso para nuestra piel. Tanto es así que una exposición prolongada aumenta la aparición de cáncer de piel en la búsqueda de una mayor dosis de bronceado. Con el objetivo de prevenir este riesgo, y otros como el envejecimiento cutáneo o la aparición de manchas, es conveniente protegerse con otros textiles o tejidos especiales como sombrillas para hacer frente al sol, sombreros o prendas deportivas que nos ayuden a tal efecto.
En definitiva, productos que sean también transpirables y que limiten el riesgo de golpes de calor como el gorro idóneo para hacer senderismo, viseras para la práctica del running, evitar el calor extremo eligiendo el mejor paraguas con protección UV o descubrir el protector solar más adecuado según la OCU.
Sin embargo, y antes de destacar los tres accesorios para protegerse del sol y evitar untarnos un exceso de crema solar que resulte siempre ineficaz, nos gustaría repasar una serie de mitos con respecto a la aplicación de la crema solar.






