Que uno de los debuts literarios más esperados del año tenga como protagonista a una tradwife , no es algo que deba resultar extraño. Para quien desconozca el término, este anglicismo es una abreviatura de traditional wife o, lo que es lo mismo, ama de casa tradicional, y así se autodenomina Natalie Heller Mills, personaje de la novela Yesteryear (AdN), de Caro Claire Burke, que acaba de llegar a las librerías despertando mucha expectación entre los lectores. No es para menos, pues la actriz Anne Hathaway, a quien estos días se la puede ver en la gran pantalla protagonizando El diablo viste de Prada 2 , ha comprado los derechos cinematográficos para convertir la novela en una película, interpretando ella el papel de Natalie. Pasará así de ser una prometedora girlboss dispuesta a triunfar en la revista Runway , dirigida por Miranda Priestly (Meryl Streep), a todo lo contrario.“Todavía no termino de creérmelo”, reconoce por correo electrónico la escritora a La Vanguardia , tras conocer las intenciones de la intérprete con su obra. Y es que no es nada común que una primera obra cause este interés en Hollywood, antes incluso de haber llegado a los lectores. La explicación no es complicada de entender: las redes sociales y la globalización han contribuido a expandir la figura de estas mujeres que abogan por un retorno a los roles de géneros más conservadores dentro del hogar, priorizando la maternidad, la práctica de las labores del hogar y, en muchas ocasiones, la sumisión al marido. Algunos sociólogos consultados coinciden en que la pandemia contribuyó a ello, pues dejó de ser un lugar donde solo se duerme a un refugio y un espacio emocional en el que, de repente, se instauraban nuevas necesidades, como la de hornear pan o hacer jardinería. En definitiva, se abría “una posibilidad de romantizar los rituales domésticos, aunque eso conlleve sus riesgos”, tal y como también concluyó un estudio de Forbes que también se preguntaba el por qué de este auge de las tradwives .Como es habitual, la cultura está atenta a todo boom . No es que nunca antes no hubiera aparecido este arquetipo, pues existen grandes clásicos que lo incorporan. Lo que sucede ahora es que aparecen en contextos de contemporaneidad, y hasta ahora esto era menos habitual, excepto en contadas excepciones, como cuando en 2004 llegó al cine Las mujeres perfectas , el filme de Frank Oz protagonizado por Nicole Kidman. De ahí que Yesteryear genere interés, pues muestra el auge más reciente de este fenómeno. La trama de la novela de Burke pone en el centro a Natalie, esposa, madre de seis hijos y reina de las redes, quien disfruta viendo como las “mujeres enfadadas” la odian desde el otro lado de la pantalla. Una mañana ocurre algo imprevisible: se despierta en el año 1855. Su rancho ecológico y su familia están ahí, pero todo es distinto: no hay electricidad, la cocina se calienta con leña y su marido, antes inútil, es ahora un granjero competente. El ideal que vendía en Internet se ha vuelto realidad y ya no resulta tan conveniente como ella creía.La pandemia y las redes dieron visibilidad a las amas de casa más conservadorasCuenta la autora que la idea para crear esta trama surgió en 2024, cuando se descargó TikTok. “Casi de inmediato, me vi inundada de contenido de tradwives . La estética de esos vídeos, así como los mensajes políticos implícitos que flotaban bajo la superficie, me resultaban fascinantes, y empecé a compartir mis propias perspectivas sobre esta tendencia cultural desde una óptica feminista y de alfabetización mediática”.La fascinación fue tal que pasó alrededor de un mes compartiendo sus reflexiones y escribiendo ensayos documentados sobre el tema para el medio en el que trabajaba entonces. Tanto material le acabó le llevó a escribir una novela. “Encontré la voz de Natalie mientras escribía las primeras páginas, y terminó siendo bastante diferente de la protagonista que pensaba crear inicialmente. Había planeado escribir a una mujer más amable, pero los dioses de la escritura tenían otros planes”.Es consciente de que la forma de ser de Natalie puede hacer que algún que otro lector abandone la lectura. “Es una experiencia igual de válida que la que pueda tener otro lector, que considere esta una lectura entretenida para un fin de semana largo; u otro que la vea como una novela profundamente política”. Ella misma prefiere no posicionarse ni contestar ninguna pregunta que tenga que ver con el mandato de Trump y si este influye de algún modo en que estas influencers estén cada vez más presentes en redes, especialmente en EE.UU., y las sigan gente generalmente joven.“Empecé a compartir mis perspectivas desde una óptica feminista y de alfabetización mediática”, dice BurkeDurante la escritura admite que, más que cambiar su visión sobre una persona o figura concreta, lo que varió fue su forma de entender las redes. “Ahora me inquieta mucho más mi propia relación con ellas que antes, y paso bastante menos tiempo”. Y, al respecto, abre varios debates a lo largo de sus 488 páginas con internet como trasfondo, como la de compartir imágenes de menores en redes sociales. ¿Debería penarse? ¿Qué ocurre cuando ellos toman conciencia de que su privacidad está siendo vulnerada? “Esta es una de las grandes preguntas de 2026. Tengo opiniones éticas muy claras sobre este tema, pero hay muchas personas a las que quiero y admiro que tienen perspectivas distintas. Cuando hablamos de cuentas de famosos, la explotación económica y laboral resulta más evidente; aun así, es una cuestión a la que terminará enfrentándose cualquier padre con una cuenta en redes”.En el contexto actual de avances tecnológicos acelerados, ¿es Yesteryear una advertencia, un reflejo o simplemente una exploración? “Para mí fue las tres cosas”, concluye la escritora, a la que, a estas alturas y en vista de su éxito literario, no le debe sorprender que las tradwives se impongan en el imaginario cultural.Del modelo ‘girlboss’ al conservadurismo puroHiperproductividad, éxito profesional, emprendimiento y, sobre todo, empoderamiento. Estas son algunas de las características que cumple toda girlboss, aquella que está centrada en su éxito profesional y que tiende a huir de ataduras del hogar. Fueron las grandes protagonistas de las narrativas del 2000 en adelante, con destacados ejemplos, como El diablo viste de Prada, cuya segunda parte acaba de llegar a las salas de cine. Si bien continúan muy presentes en novelas y ensayos actuales, tal vez visualizando más el burnout al que a menudo se enfrentan, cabe decir que poco a poco empiezan a compartir protagonismo en literatura con su antítesis: las tradwives, la mayoría de las cuales esconden un mensaje conservador. Los expertos creen que estas surgen como reacción al feminismo contemporáneo e, incluso, a los avances queer. La mayoría de las obras culturales que las tienen como protagonistas aprovechan para lanzar reflexiones políticas. Sea como sea, una vez más la feminidad parece haberse convertido de nuevo en identidad pública.Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.