“Milei es un empleado de los grandes empresarios, que han ganado millones en estos años y con él esperan ganar mucho más. No es un león, es un gatito mimoso del poder económico”. Era octubre de 2023 y Myriam Bregman lanzaba, desde el atril que le había sido asignado en el debate de candidatos, una advertencia sobre quien pocos días después se convertiría en el presidente de Argentina. Mientras muchos políticos evitaban confrontar directamente con una figura de popularidad en ascenso, Bregman asestaba una crítica tras otra y lo hacía con el mismo estilo irónico y desfachatado que emanaba del discurso libertario, solo que en el sentido opuesto. A lo largo de los dos años y medio del gobierno de Milei, Bregman —54 años, diputada nacional por el Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad— mantuvo la línea, desmarcándose de una oposición que ella define como dubitativa y temerosa al momento de oponer resistencia a políticas como la reforma laboral o los recortes a la educación, la salud, los salarios y las jubilaciones. Una oposición que advierte demasiado pendiente de no contrariar el clima de época o de los manuales de marketing. Esa actitud, en parte, es lo que la ha catapultado en las encuestas argentinas. Aparece como la dirigente con mayor nivel de imagen positiva en mediciones como las de Atlas Intel, en la que obtiene 47 puntos de valoración positiva (contra 46 de imagen negativa) y es la única, entre los 14 dirigentes medidos, que registra un diferencial favorable. Si bien los encuestadores aclaran que la imagen positiva no equivale a intención de voto, el dato da cuenta de un mayor reconocimiento de parte de la sociedad a su figura y a su partido, que hasta ahora siempre ha sido marginal electoralmente. En las elecciones presidenciales de 2023 Bregman quedó en quinto lugar, con el 2,7% de los votos.Apodada La rusa por la combinación de su apellido judío, su pelo rubio y sus ojos claros, Myriam Bregman nació en un pueblo muy pequeño llamado Timote, a 450 kilómetros de Buenos Aires, de donde debió mudarse a los 15 años para terminar la escuela en una localidad vecina. Estudió derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde comenzó su militancia en la izquierda y, junto a otros abogados, fundó el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH) para defender a las personas que eran detenidas en las innumerables manifestaciones de la década de los 90. En medio del caos político, económico y social que desató la crisis del 2001, la organización también asumió el desafío de defender a los obreros que tomaban las riendas de fábricas que quebraban y, poco después, cuando fueron declaradas nulas las leyes que garantizaban la impunidad a los responsables de los crímenes de la última dictadura militar (1976-1983), comenzó a trabajar en las acusaciones contra los genocidas. Dentro del colectivo Justicia Ya!, Bregman se convirtió en querellante de causas por delitos de lesa humanidad e impulsó el juicio contra el represor sangriento Miguel Etchecolatz, en el marco del que fue desaparecido el testigo Jorge Julio López. Tuvo su primer cargo institucional en 2015, cuando asumió como diputada por el Frente de Izquierda de los Trabajadores —la coalición que engloba a los cuatro principales partidos de la izquierda argentina: Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), al que ella pertenece, Partido Obrero (PO), Izquierda Socialista (IS) y Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST)— para completar el mandato que había iniciado un compañero, en un esquema que de manera interna definieron que fuera rotativo. Fue legisladora de la Ciudad de Buenos Aires y luego electa diputada nacional en 2021 y 2025. Su perfil es el reverso del de Milei, en el sentido de que lo que para el presidente argentino son insultos para ella son rasgos identitarios: es zurda, socialista, defensora de los derechos humanos, feminista, antiimperialista. —Él dice que su propuesta es antagónica a la nuestra y la verdad es que sí —afirma en diálogo con EL PAÍS—. Milei es un sometido al Fondo Monetario Internacional, se deja gobernar por Donald Trump y por (el secretario del Tesoro estadounidense, Scott) Bessent y nosotros bregamos realmente por el sueño de San Martín y Bolívar, de integrar América Latina, de enfrentar al imperialismo, de pelear por una federación de estados latinoamericanos, o sea, lo contrario de ser una colonia yanqui. Él opina que tiene que haber un trabajo prácticamente esclavo y nosotros pensamos que hay que repartir las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, que nadie trabaje más de seis horas, cinco días a la semana, con un salario que alcance. La conversación se interrumpe de a momentos por los ladridos de su perro de nombre soviético, Dimitri. Bregman vive en el barrio porteño de Chacarita y, de acuerdo con la doctrina de su partido, cobra el equivalente a un sueldo docente y dona el resto a “distintas luchas”.—A cualquiera que le preguntes te va a decir que nos ve en la calle, en el subte, dando clases. Nosotros vivimos como cualquier trabajador o trabajadora y me parece que así debe ser. Es muy fácil hablar de la casta, pero andar en un Tesla [se refiere a la aparición reciente del diputado libertario Manuel Quintar en el estacionamiento del Congreso con un Tesla Cybertruck que en el mercado local se vende a más de 200.000 dólares] o hablar de la casta y viajar en avión privado. Esa contradicción yo creo que Milei creyó que la podía administrar y se le está derrumbando la careta, por eso lo de Adorni le produce tanta crisis. Era gente que dijo que venía a combatir a la casta y vive como la casta. Manuel Adorni, el jefe de Gabinete de Milei, recibió uno de sus dardos hace algunas semanas, cuando asistió al Congreso para dar su informe periódico reglamentario. “¿Sabé cómo le dice la gente?”, le preguntó Bregman al funcionario, investigado por presunto enriquecimiento ilícito. “Aloe vera, un chiste popular que se usa para decir que cada día le descubren más propiedades”. Su verba explosiva no le impide mantener buen vínculo con legisladores de los distintos partidos. Incluso Milei, que la conoce de haber sido vecino de banca cuando ambos eran diputados, dijo, antes de asumir, que le parecía “simpática” y “coherente”.Bregman no se acuerda de si existió esa escena, registrada en una crónica periodística, en la que el veterano legislador Miguel Ángel Pichetto le dice, dentro de un ascensor del Congreso, que si deja un poco el trotskismo y gira hacia la socialdemocracia, la Casa Rosada estaría al alcance de su mano. Pero asegura que no habría sido la primera vez que le dieran un consejo así. —Algunos te lo sugieren y otros te rompen la cabeza en la calle mediante la represión. Hay distintas maneras de tratar que nos moderemos, pero precisamente si nosotros ganamos este reconocimiento es porque no nos moderamos. La moderación ya se probó, tiene un nombre, se llama gobierno de Alberto Fernández, y fue un fracaso estrepitoso. Pregunta. Si bien hay un malestar, también hay en la sociedad una valoración de algunos hitos económicos del gobierno de Milei como la baja de la inflación o el ordenamiento de las cuentas fiscales. ¿Cómo pueden ustedes conciliar con eso? ¿De dónde vendrían los fondos para sostener el modelo alternativo que proponen? Respuesta. La dirigencia política argentina está muy colonizada con ideas neoliberales que han penetrado muchísimo y parecen conceptos sacrosantos. Se habla del equilibrio fiscal, del déficit cero, como si fuese algo bueno y está conseguido en base al ajuste de los salarios, de las jubilaciones. Acá la gran sangría es la deuda externa y no hay salida si no se cuestiona la deuda fraudulenta. No es muy difícil buscar ejemplos en el mundo para darse cuenta que con Estados Unidos y con el Fondo Monetario rigiendo los destinos del país no hay salida para las mayorías populares. Argentina produce alimentos y los pibes se acuestan sin comer; Argentina es productor de energía y no podemos pagar las tarifas. En Argentina hay un saqueo de recursos y hoy parece que tenés que aceptarlo calladita la boca porque si no te dicen que sos utópica.En Argentina, la izquierda ha estado históricamente opacada por el peronismo, un movimiento consolidado sobre una amplia base obrera. De la mejora en las encuestas, el desafío que recoge es el de “organizar la simpatía”: evitar que esa energía que registran se disipe y lograr traducirla en militancia. Aprovechar la coyuntura para llegar a sectores que hasta ahora no habían mirado con interés electoral a la izquierda y ser capaces de representar a esa “nueva clase obrera” que excede la caracterización arquetípica del trabajador fabril sindicalizado y se extiende a, por ejemplo, profesionales precarizados, repartidores de aplicaciones, docentes y estatales. Su candidatura presidencial para el año próximo “está a disposición”, aunque la definición vendrá del debate interno del Frente de Izquierda.—Pese a este aumento del reconocimiento trato de ser seria y no generar la visión de que es fácil cuestionar a los factores de poder o meterte con las clases dominantes, porque venimos de muchos años de demagogia donde aparecen líderes que se plantan como que saben todo, que van a solucionar todo, y después generan unas frustraciones enormes. Para cambiar la situación hay que afectar intereses y eso solo se puede hacer con movilización y organización, con lucha, porque nadie va a resignar su poder y sus privilegios alegremente. Tampoco por una elección. Van a pelear y van a defender con todas sus fuerzas todo lo que puedan.