Uno de los dilemas electorales es la figura de Myriam Bregman. Siendo una de las dirigentes nacionales con mejor imagen, todavía no logra traducirlo en intención de voto tanto personal como de la izquierda como espacio político. ¿Por qué? En un sistema político cambiante, con una matriz de fuerte polarización, suena bastante lógico que una candidata como Myriam Bregman pudiese llegar a un balotaje. A modo de política comparada, si observamos los últimos balotajes tanto en América Latina como en Europa, se observaron escenarios con dos candidatos en las antípodas ideológicas (Chile) o contiendas con un candidato outsider frente a otro política tradicional (Portugal). Con lo cual, en ambos casos la evidencia muestra que una figura de una izquierda trotskista, que jamás anteriormente ocupó puestos ejecutivos, levanta las acciones. El tema es que, propiamente en tierra argentina, la hegemoníapolarizante se halla entre los populismos. Esto es, el de derecha, hoy con dos grandes candidatos que pueden ser Milei y/o Bullrich y el de izquierda, básicamente el kirchnerismo con un Axel Kicillof que hoy saca una luz de ventaja frente al resto de sus compañeros. Este dato está evidenciado en informes como el de la Universidad de San Andrés donde el peronismo lidera con el 25%, seguido por La Libertad Avanza con el 24% y muy lejano se encuentran tanto el PRO como el FIT con un 5%. El mejor de los escenarios para la izquierda no lo hace llegar aún a los dos dígitos..