Como simpatizante de las ostras con prioridad nacional y del champán sin fronteras, estoy indignado con las insidias suscitadas por una foto donde aparece un caballero comensal –más solo que la una–, ocho ostras y una botella de champán sobre la mesa. ¿Acaso el marisco no merece la presunción de inocencia y el champán, la presunción de culpabilidad sexual?La fotografía de la celebración incluida en una conversación de WhatsApp que consta en un informe de la Udef sobre la causa Plus Ultra Ya está bien de asociar el marisco, que da empleo, factura riqueza y alegra la tita, a la corrupción política. El señor de la foto, don Julio Martínez Sola, presidía la compañía aérea Plus Ultra, corta en aeroplanos y grande de miras, y decidió celebrar con los amigos la concesión de un préstamo de 53 millones de euros del erario.¿Qué español no ha celebrado una mariscada al grito de ¡paga la empresa!?Con semejante lluvia de millones, ¿lo celebrarían ustedes con media docena de croquetas de espinacas, una pata tiesa de pulpo y una garrafa de Xibeca?Si invocamos la presunción de inocencia para todos los implicados, me parece justo reclamar un respeto por las ostras y el champán, extensible al marisco y las marisquerías, que –como el orden público– no son de izquierdas o de derechas.Percebes, nécoras, almejas, berberechos y navajas son de todos y todas, aunque hoy en día nadie se atreva a invitar a una señora a una mariscada porque hace facha, insinúa fines ulteriores y puede agravar la “cúpula de calor” que nos azota. Basta con ver el runrún de la fotografía y la incriminación social, que no hubiese cobrado altura de haberse zampado tallos de soja, pétalos en tempura o collons de mico en cautividad.¿Quién no se ha pedido una botella de champán y alguna ostra para celebrar algo, incluso anticipadamente? Al fin y al cabo, no les habían prestado una cifra que te obligue a devolverla, en cuyo caso te lo piensas más y terminas de picoteo en la barra del Mesón Luis Candelas, con la tele de fondo.¿Qué culpa tiene Rodríguez Zapatero de que sus amigos o clientes lo celebrasen con ocho ostras y champán? La culpa de fondo la tiene el franquismo, que popularizó las mariscadas por cuenta ajena y razones aspiracionales.–¡Otra botellita de champán, que paga la empresa!Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.
¡Vivan las ostras y el champán!, por Joaquín Luna
Como simpatizante de las ostras con prioridad nacional y del champán sin fronteras, estoy indignado con las insidias suscitadas por una foto donde aparece un caballero comensal –más solo que la una–, ocho ostras y una botella de champán sobre la mesa. ¿Acaso el marisco no merece...








