Durante el desayuno de uno de los hoteles más lujosos de Caracas es posible escucharlos. Se sirven huevos fritos, frijoles y arepas, mientras hablan del pasado, presente y futuro de Venezuela en conversaciones que a veces se vuelven susurros. Fragmentos oídos al pasar hacen referencia a las divisiones políticas del país, a una posible hoja de ruta electoral y al crecimiento económico impulsado por el petróleo.
Los que hablan sobre el rumbo del país tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro no son funcionarios del Gobierno venezolano. Antes que el español de esta parte del Caribe, lo que se escucha en el JW Marriott es el inglés de los espías, diplomáticos y funcionarios estadounidenses que, en gran medida, llevan las riendas tras la polémica intervención militar de Donald Trump el 3 de enero. En las mesas de al lado hay grupos de marines musculosos: llevan tatuajes en sus abultados gemelos, gorras de béisbol y walkie-talkies sujetos a la cintura.














