Los acusados en el conocido como caso ataúdes han negado durante el juicio en la Audiencia Provincial de Valladolid que se produjeran cambios de féretros antes de la incineración para ponerlos de nuevo a la venta y han sostenido que el único que mandaba en el grupo funerario El Salvador era el dueño, ya fallecido, Ignacio M.A. Después de que dos encausados se acogieran a su derecho a no declarar la pasada semana, durante la que sí prestó declaración Ignacio M.V., hijo del propietario de la empresa, este lunes ha sido el turno de los restantes procesados, entre ellos otras dos hijas del dueño del grupo. También, han comparecido durante esta sesión acusados que son o fueron trabajadores de la empresa, entre ellos conductores, albañiles, jardineros, tramitadores, enterradores y un vendedor de ataúdes, que en todos los casos han respondido solo a las preguntas de sus respectivos letrados. "La empresa y él eran lo mismo; él tenía el poder y el mando y hacía y deshacía con el dinero", ha expuesto una de las hijas de Ignacio M.A. al referirse a su progenitor, unas afirmaciones que han respaldado los demás encausados con distintas expresiones. También han afirmado que nunca se cobró dinero en b o comisiones por los cambios de ataúdes. Los procesados han asegurado que no participaron en el cambio de féretros, que no habían oído rumores sobre esta práctica durante su trabajo y que no recibieron órdenes para llevarlas a cabo, además de que parte de ellos han mantenido que en la época en la que supuestamente ocurrieron los hechos, entre 1995 y 2015, eran muy habituales los pagos en efectivo. Una de las hijas del dueño, Laura M.V., ha respondido en este sentido, acerca de una caja fuerte con 980.000 euros encontrada en un registro en casa de sus padres y que su progenitor llevaba al domicilio todo el dinero en mano con el que las familias pagaban los servicios prestados. En esos años se abonaba "todo en efectivo", ha subrayado la otra hija, María del Rosario M.V., quien ha rechazado que ella se encargara de la contabilidad de la empresa al manifestar que el que se ocupaba era su padre.Las preguntas de los letrados defensores se han dirigido también hacia la relación de algunos de los acusados con Justo M.G., ya fallecido, quien destapó el caso con libretas y fotografías que supuestamente delataban el cambio de los féretros. Varios de los procesados han descrito a Justo, quien se ocupaba de la recepción y cremación en el cementerio del grupo en Santovenia de Pisuerga (Valladolid), como una persona corpulenta, que podía manejar él solo los cadáveres, y que no se llevaba bien con el dueño de la empresa. La vista oral se reanudará el lunes 1 de junio, cuando las partes elevarán o modificarán sus conclusiones provisionales y comenzarán a exponer los informes finales.