En sus declaraciones en el juicio, los trabajadores acusados, en su mayoría familiares y conocidos del dueño del negocio de Valladolid, reconocen que hacían todo tipo de labores
Con el guion bien aprendido, han ido prestando declaración este lunes en el banquillo de los acusados casi una veintena de empleados de la Funeraria El Salvador de Valladolid. Al igual que los propietarios del negocio mortuorio, Ignacio Morchón Alonso, esposa e hijos, todos son investigados por supuestamente participar en el rescate de ataúdes de los difuntos antes de su cremación para la posterior reventa de esos féretros. Este lunes todos se han desligado del compañero que denunció los supuestos hechos que se investigan desde 2019 y han eludido sus responsabilidades en favor de “el jefe” ya fallecido de la empresa.
La macabra práctica fraudulenta, denunciada por Justo Martín Garrido, uno de los veteranos trabajadores de la funeraria encargado del horno crematorio, fue recogida por él metódicamente, con fotos y vídeos, en 26 libretas de anotaciones durante 20 años, de 1995 a 2015.
La razón de tan meticulosa tarea estaría en la voluntad de Justo de “dejar constancia” de la estafa, que usó posteriormente para chantajear a su jefe por no pagarle una parte de los beneficios que le reportaba. Ignacio Martín Alonso, el propietario, falleció en 2022; y Justo Martín Garrido se suicidó en agosto de 2024, colgándose del árbol del jardín de su casa.










