Se convirtió en la mano izquierda de Adolfo Suárez, al que se atrevió a cuestionar nada más conocerlo. De ahí que el entonces presidente dijera que le habían puesto de secretaria a “una marquesita monísima, pero un poquito… impertinente”.Fue conocida como la musa de la Transición, pero su figura posee mucho más alcance. Política resolutiva, nadie como ella para conseguir que las cosas se hicieran maniobrando entre bambalinas. Sin embargo, su memoria apenas nos ha llegado más allá de su condición de hija extraconyugal de un político franquista célebre, Ramón Serrano Suñer.En La soledad fue el precio, Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2026, nos devuelve la memoria de Carmen Díez de Rivera (1942-1999), una aristócrata que, contra lo que podían hacer presagiar sus orígenes, se pasó al campo democrático y progresista. Colaboró durante largo tiempo con Adolfo Suárez, primero en la etapa de la UCD y después en el CDS, para acabar en las filas del PSOE.No fue una política cómoda. Allí donde estuvo cuestionó la disciplina de partido con un criterio siempre independiente. Demostró, entre tanto, una capacidad de trabajo formidable. Sin embargo, su deslumbrante belleza hizo que muchos pasaran por alto su inteligencia y su coraje. Como señala Domingo, su labor fue la de una ejecutora discreta que tuvo una importancia muy superior a lo que indicaba su visibilidad. La sala de máquinas de la Transición no hubiera sido lo mismo sin su presencia.Carmen en un rastrillo solidario en 1971EFE¿Qué es lo que hizo que la inmensa labor de Carmen Díez de Rivera, durante la Transición, fuera a menudo invisible?Fueron muchos los factores que influyeron en la invisibilización del papel de Carmen, no solo la época: los setenta no fueron años especialmente feministas, aunque sí del despertar del feminismo. Creo que influyó más claramente el hecho de que los hombres que se otorgaron el protagonismo absoluto de todo lo que estaba pasando eran incapaces de reconocer el trabajo de los demás, máxime si era una mujer.¿Tuvo contacto con Ramón Serrano Suñer, su padre biológico?Sí, Carmen, muerto su padre adoptivo, empezó a tener cierta relación con su padre biológico, aunque nunca fue una relación estrecha.¿Cómo pasó una figura de la aristocracia a convertirse en una política progresista?Los orígenes no condicionan la ideología de las personas, y en el caso de Carmen fue más que evidente; eso y un viaje que realizó siendo casi adolescente a África, donde vivió tres años, en Costa de Marfil. Allí entró en contacto con una realidad que poco o nada tenía que ver con la suya, y, al regresar, vio a la sociedad española con otros ojos.Carmen Díez de Rivera durante una manifestación en 1978PropiasCarmen Díez de Rivera fue una política poco amante de la disciplina de partido. Háblenos de cómo defendía su propio criterio.Bueno, Carmen tenía una personalidad muy especial, y, además, viniendo de donde venía, digamos que no tenía “asumido” lo de la disciplina de partido. Simplemente, convencida de sus planteamientos, se dedicaba a llevarlos a cabo.Así que ella llamó “fascista” a Suárez nada más conocerle. ¿Cómo fue la relación entre ambos? ¿Qué nos dice acerca de los rumores de un supuesto romance?La anécdota dice mucho, tanto de ella como de Suárez, pero esa franqueza inicial hizo que más adelante trabajaran juntos durante años. La verdad es que los rumores fueron una constante en la vida de Carmen, concebidos sobre todo para desprestigiarla profesionalmente e inventarse una explicación de por qué había alcanzado determinados puestos de trabajo.¿Actuaba por cuenta propia? Su libro dice que a Suárez no le gustaba que se desenvolviera como una “francotiradora”.Sí, en muchos casos, como te he dicho, convencida de que debía actuar, si no lograba el apoyo de sus mandos superiores, mantenía su postura utilizando sus propias estrategias.¿En qué consistió su protagonismo en la legalización del Partido Comunista?Fue de las pocas personas que, teniendo una mirada política que la hacía pensar en el futuro, insistió ya desde que empezó a trabajar junto a Suárez en que una democracia en la que no estuvieran representadas todas las corrientes políticas no podría ser nunca una verdadera democracia. Se lo dijo a Suárez y se lo dijo también al rey, y no cejó en su empeño hasta que logró convencerlos a ambos.Carmen Díez de Rivera conversa con Santiago Carrillo en el bar del palacio de las CortesEFECarmen era una mujer hermosa. En cierta ocasión, se le ocurrió decir que tenía “cara de espía rusa”. Faltó tiempo para que sus enemigos tomaran estas palabras al pie de la letra y la acusaran de espionaje. ¿Eran corrientes en la Transición esas acusaciones conspiranoicas? ¿Cómo influyó el hecho de que se tratara de una mujer?Las acusaciones contra Carmen, mejor dicho, las invenciones de conspiraciones, fueron recurrentes casi desde el momento en que entró en Moncloa. La derecha y la ultraderecha tenían claro que ella iba a ser un agente democratizador y trataron de cargársela desde el principio.Tras distanciarse de Suárez, volvió a apoyarle en la aventura del CDS. Esta experiencia también terminó mal para Carmen. ¿Por qué?Por sorprendente que parezca, Carmen fue sumamente ingenua con Suárez, y cuando este la llamó para que formara parte de su nueva aventura política y volvió a contarle que el CDS sería cercano a la socialdemocracia, ella lo creyó. Este convencimiento le duró poco, porque, al cabo de un año, ya se había salido del partido, que había solicitado figurar con los liberales en el Parlamento Europeo.Con Suárez en 1976, como directora del gabinete de la Presidencia del gobiernoTusquets EditoresComo parlamentaria europea resultó incómoda para algunos de sus compañeros. ¿De qué se quejaban?En muchas ocasiones, no solo de que no siguiera la disciplina de partido, que no la seguía, sino también porque pactara con otras fuerzas políticas si creía que eso era lo conveniente para llevar adelante alguna propuesta suya que no apoyaría el PSOE.Su apuesta por el ecologismo resultó pionera en su época. ¿Qué es lo que hizo que se avanzara a su tiempo?Muchas de sus apuestas en el europarlamento fueron pioneras. Tenía una especie de intuición política, y, en el caso de la necesidad de legislar los temas medioambientales, fue más que evidente.Su libro cuenta con un título muy significativo. Para una mujer, ¿la soledad es el precio de la libertad y del éxito?Tú lo pones en presente. Yo lo he puesto en pasado, porque quiero pensar que ahora, en una situación parecida, las mujeres no tenemos que arriesgar nuestra compañía si tenemos puestos de responsabilidad.Afirma que en las recientes memorias de Juan Carlos I, Reconciliación, Carmen no aparece ni siquiera mencionada. ¿Por qué este olvido no le parece “ni casual ni involuntario”?Bueno, porque los olvidos, sobre todo en las memorias, nunca son casuales; siempre se elige qué se quiere contar y qué se quiere poner en valor de uno mismo. El drama es que eso es lo que en algún caso puede quedar en la historia, porque dudo mucho de que los lectores de memorias contrasten su contenido con libros de historia.
“Carmen Díez de Rivera concienció al rey y a Suárez de que la democracia no sería auténtica sin la legalización del Partido Comunista”
La figura de Carmen Díez de Rivera sigue rodeada de silencios, pese a haber sido una de las mujeres más influyentes de la Transición. Carmen Domingo recupera su trayectoria en La soledad fue el precio, biografía ganadora del Premio Comillas 2026










