A la espera de que el juez de turno concluya los trámites para que empapelen al novio de Ayuso o a Montoro y su cuadrilla, habrá que felicitar al juez de turno por la rapidez y facilidad con que han empapelado a Zapatero. Entre unas cosas y otras, mucho nos tememos que la espera va a ser larga, porque ya se sabe que España cuenta con una justicia minipimer, es decir, una justicia de dos velocidades que es la envidia de todos los países civilizados e incluso de los países sin civilizar. Consiste en un aparato jurídico que circula a toda hostia por el carril de la izquierda, pero que suele atascarse por el de la derecha, a lo mejor porque va cara al sol. Lo de izquierda, hablando del PSOE, es un decir, ustedes ya me entienden. Cuestión de geografía, nada más.PublicidadCon los chanchullos de Montoro, por ejemplo, la UCO se negó a hacer en su día los registros sorpresa ordenados por la fiscal anticorrupción porque los expertos de la Guardia Civil no veían indicios suficientes para molestar a un señor tan importante y tan de derechas. Mejor hacer las cosas por orden y sin prisas, solicitando el registro de los libros contables e internándose en una jungla de movimientos financieros que se remonta 20 años atrás e involucra nada menos que a 24 entidades bancarias. La Justicia no podía permitirse el lujo de caer de nuevo en el ridículo más absoluto, como cuando se pusieron a investigar si Irene Montero tenía una niñera contratada con dinero del Monopoly o si el móvil perdido de Pablo Iglesias habría caído en manos de un primo de Bin Laden. Al final nunca quedó claro si el teléfono era el mismo desde donde se enviaron los mensajes de ánimo a Bárcenas o si la niñera, en realidad, era Montoro con su disfraz de Halloween. A fin de cuentas, gracias al ministro Montoro disfrutamos del formidable empujón económico que supuso una amnistía fiscal donde se regularizaron unos cuarenta mil millones de dinero negro. Se dice pronto y se regulariza más pronto todavía, en un pispas. Sólo con ese blanqueo y centrifugado de billetes sucios, ya éramos la envidia del Fondo Monetario Internacional, del Banco Central Europeo, de Lehman Brothers, de la camorra napolitana, de la yakuza japonesa y de la lavadora de Walter White. Si con la ley por delante Montoro había logrado que Tony Soprano quedara como un gilipollas, imagínate qué no podía haber hecho con la ley por detrás. Normal que en la UCO no quisieran ni imaginarlo y que prefirieran ir paso a paso, sin dar patadas en la puerta ni asustar al personal. Para innovar en ficciones de economía sumergida y novela negra, en Estados Unidos tienen la HBO y la AMC, pero en España tenemos el BOE, el PSOE y el PP sin salirnos de la realidad.Frente a la velocidad con que enchironó a los Jordis (no confundir con los Javis, por favor) por montar un referéndum tupperware o con que está empapelando a Zapatero de arriba abajo, la Justicia española instruye el caso Montoro con una tranquilidad digna de una lista de espera en un hospital andaluz. Además de la minucia y la paciencia, hay que alabar la discreción, ya que la investigación permaneció en el más absoluto silencio administrativo durante siete años, hasta que se levantó el secreto del sumario. Probablemente, de nuevo, por no molestar. Esto de la discreción jurídica también es muy relativo, ya que, en otras ocasiones, no se sabe cómo, aparece el sumario filtrado en una portada de periódico, en un eructo de Miguel Ángel Rodríguez o en un discurso de Feijóo. Bueno, sí que se sabe cómo, pero tararí tarará. Eso sí, absoluto respeto a la justicia minipimer, qué le vamos a hacer si no tenemos otra.