En los cinco cuentos de ‘Personaje secundario’, la escritora argentina Sofía Balbuena convierte las formas del afecto y el dinero en una literatura de admirable precisión narrativa

Los relatos que componen Personaje secundario, el último trabajo de Sofía Balbuena (Salto, Argentina, 42 años), resultan frescos, sin que la experimentación estilística sea su seña de identidad. La disrupción creativa que se sugiere en ellos tiene más que ver con apresar lo real sin servirse de estereotipos o de esa cosa tan pesada en literatura, y que un montón de personas a nuestro alrededor hoy esgrimen sin pestañear para tirar balones fuera: es que soy yo, literal.

El tema es el que sigue: el fin del mundo es un hecho. Al menos, esa forma tan presuntuosa que teníamos de abordar la realidad se ha acabado. Y está bien, las narrativas se suceden para explicarnos como sujetos de la mejor forma posible, diría (querría que así fuese, vaya). En este marco, la autora nos brinda durante la lectura la oportunidad de darle la vuelta a nuestros monólogos marchitos y, por qué no decirlo, narcisistas. ¿Querremos hacerlo? No tengo tan claro que todos estemos ahí, dicho sea de paso, por lo que tenemos que decidir quiénes queremos ser en el argumento de este libro tan bueno y apechugar con ello.