Tienen forma de campana, pero, a partir de esta forma básica, los modelos de la colección Corolle, creada por Noé Duchaufour-Lawrance (Mende, Francia, 51 años) para Dior Maison, han sido elaborados con diferentes técnicas y acabados que buscaban trasladar la esencia de una serie de diseños icónicos, seleccionados por el diseñador entre la extensa documentación de los archivos de la firma. Su forma responde no solo a una voluntad de evocar un vestido en la mayoría de los casos, con sus pliegues o sus drapeados, sino también a que es muy simple y eficiente como luminaria para proyectar la luz. Representar las texturas de ciertos materiales o los volúmenes de los vestidos en piezas sopladas artesanalmente en los talleres italianos de Murano o tejidas con bambú en la ciudad japonesa de Kioto usando técnicas de cestería ha sido un proceso laborioso para el que Noé Duchaufour-Lawrance ha necesitado dos años de desarrollo. No solo porque las técnicas artesanales en sí mismas eran complejas, sino también porque, en el caso concreto del vidrio, la luz es un factor tan caprichoso en su relación con este material como magnánimo en sus resultados, si se tiene paciencia.“El reto estaba en integrar un elemento muy técnico en una figura muy orgánica. Había que controlar al detalle el grosor del vidrio para lograr la forma de una campana, que es sumamente difícil. Y dentro, teníamos que incluir un elemento técnico que no se podía mover… Así que tuvimos que probar y probar hasta dar con el equilibrio entre ambos. Pasamos por momentos muy desalentadores, en los que se nos hacía difícil ver cómo podríamos avanzar. Otras veces, nos sorprendíamos gratamente con el resultado, cuando aplicábamos la luz y de repente la pieza se convertía en una verdadera belleza”, recuerda Noé Duchaufour-Lawrance. “Con estas técnicas, si se usa un grosor de material incorrecto, la calidad o la belleza de la luz no es la misma. Estuvimos experimentando durante dos años. Pero, ya se sabe, este es el tiempo que requiere la artesanía”.Noé Duchaufour-Lawrance habla con gran sensibilidad sobre lo complejo de estos procesos, que tan bien conoce. Desde 2018 vive en Lisboa, donde ha puesto en marcha el proyecto Made in Situ, que no tiene fácil definición. En un lenguaje un poco simplificado del argot del diseño, podría decirse que es una editora, pero, en realidad, es casi más una forma de diseñar o un proceso ligado a un territorio, una artesanía y una materia, surgiendo de un encuentro entre el diseñador y una maestría que se da en un lugar, en torno a un material en concreto. El diseño y la producción detrás de las lámparas Corolle encierran precisamente estos tres factores.Duchaufour-Lawrance creció en Francia en un entorno local y familiar en el que los procesos manuales estaban muy presentes. Durante sus primeros años como diseñador, su rasgo más característico era su fuerte inspiración formal en la naturaleza, siendo el sofá Borghese para La Chance quizá su pieza más icónica. “Cuando eres diseñador, al principio intentas encontrar tu estilo y tu sello personal. Por eso, cuando empezaba decían que me inspiraba en la naturaleza, que tenía una forma muy fluida y orgánica de diseñar. En aquel momento intentaba seguir esa línea, por esto de mantener un sello personal, pero ahora ya no. El diseño egocéntrico no me interesa en absoluto. Para mí, dejar mi huella en todas partes no es diseño. Ahora, mi mayor inspiración son los encuentros y lo que surge de ellos y del contexto. Desde un punto de vista creativo, la artesanía ofrece muchísimas posibilidades de exploración. Abre tu campo creativo y te permite explorar cosas que jamás hubieras imaginado. Su formato es mucho más libre que el de la industria”.Por la complejidad técnica y la minuciosa elaboración artesana impulsada por Noé Duchaufour-Lawrance para este proyecto, la concepción de las lámparas Corolle se asemeja a la de una colección de alta costura. Para comprender la esencia, los orígenes y el proceso creativo de Christian Dior, el diseñador hizo una inmersión en sus archivos. De ahí, seleccionó una serie de diseños, como los vestidos Eventail (1948), Diorama (1951), Bettina (1953), Soirée à Tolede (1955), Opera y Tourbillon (1956) y Armide (1959), así como la chaqueta Harlequin (1948). Sorprende la reproducción en vidrio de los textiles, las estructuras o las texturas de estos modelos, con un mismo lenguaje que transmite la ligereza y el movimiento de un tejido, pero en otro material tan diferente y fluido, pero de condición final estática. Por otro lado, la textura del icónico bolso Lady Dior de 1995 no solo se ha trasladado a los modelos de vidrio, sino que también ha sido reproducida en bambú Madake por artesanos japoneses de Kioto, expertos en técnicas de cestería.“Los archivos de Dior están repletos de detalles y materialidad que nunca había visto. Decidí trabajar con esos detalles, intentando ver cómo podían plasmarse en vidrio. Y luego, observé cómo interactuaban con la luz. De algún modo, en este caso la luz casi se convierte en materia porque, a través del filtro del vidrio y de los efectos que se le puede dar, adquiere aspectos totalmente distintos. Entonces, la proyección de la luz es tan importante como el objeto en sí mismo”, apunta con un tono poético.Aparte de delicadeza, las lámparas Corolle destilan un cierto primitivismo, quizá porque son piezas nómadas. Están pensadas para que se puedan mover de un lado a otro, por eso incluyen un asa. “Son una fuente de sorpresa dondequiera que se las coloque. Quería introducir este factor porque la creatividad de Dior se basa en este tipo de sorpresas”, apunta el diseñador. “Aparte, también buscaba establecer una conexión entre interior y exterior, pues el jardín fue una gran fuente de inspiración para Christian Dior”.