Hace 23 años, en noviembre del 2003, los georgianos derrocaron al régimen postsoviético en un alzamiento que se llamó la Revolución de la Rosa. Hoy, Georgia, una pequeña república caucásica de apenas 3,5 millones de habitantes, vuelve ser una colonia de Moscú. El hombre más poderoso del país no es el presidente ni el primer ministro, sino un multimillonario que hizo fortuna en Rusia y que es un firme aliado de Vladímir Putin. En el 2012 fundó un partido populista que sigue en el poder, desmantelando el estado de derecho y bloqueando el acceso de Georgia a la Unión Europea.Bidzina Ivanishvili tiene una fortuna valorada en 5.000 millones de dólares, equivalente a un tercio del PIB del país. Ha encarcelado al expresidente Mijaíl Saakashvili, que cumple una condena de 12 años, así como a un centenar de activistas a favor de la democracia, entre los que hay escritores, artistas, cantantes y periodistas.Ivanishivili se erige como garante de la paz, el único que puede mantener una relación de equilibrio con Putin. El 75% de la población, sin embargo, preferiría estar en la UE y en la OTAN.Georgia es un ejemplo de cómo una sociedad movilizada a favor de la democracia puede perder un país. Sucedió en Turquía y está pasando también en Estados Unidos.Lasha Bughadze, escritor LVEl miedo de los georgianos a una nueva guerra con Rusia es un instrumento que el poder utiliza para justificar la deriva autoritaria. Aún así, muchos demócratas siguen desafiando a las fuerzas del orden en la avenida Rustaveli de Tbilisi, donde organizan concentraciones semanales contra el régimen del magnate Ivanishvili.El escritor Lasha Bughadze forma parte de esta resistencia y a él hemos preguntado esta semana cómo se pierde un país y qué es necesario hacer para recuperarlo. “El país lo perdimos el 26 de octubre del 2024”, responde Bughadze. Ese día, el régimen manipuló el resultado de las elecciones para mantenerse en el poder. “Desde entonces –añade el escritor–, vivimos en un largo día de protesta y parece que no amanece”.Georgia es un país forjado en la resistencia contra tres imperios muy poderosos: el ruso, el persa y el otomano. Las montañas han sido su mejor defensa. La población habla tres idiomas y está formada por 11 etnias o tribus.El escritor Bughadze considera que los georgianos “vivimos en la distopía orwelliana de ‘1984’”Rusia invadió Georgia en el 2008. Ocupó las regiones de Abjasia y Osetia del Sur, un 20% del territorio que aún hoy controla. La limpieza étnica supuso la expulsión de 250.00 personas de Abjasia y 30.000 de Osetia.Bughadze considera que Putin declaró la guerra “porque no toleraba que Georgia fuera un ejemplo de modernidad, como tampoco lo toleró en Ucrania. Nos ve como colonias soviéticas que deben volver bajo el control de Moscú. Imagino que ahora debe estar muy enojado al ver cómo Armenia se acerca a la UE”.El magnate Ivanishvili persigue a las ONG y a los medios independientes, controla la Iglesia, convertida en un puntal del régimen, rastrea las redes sociales a la caza de los críticos, fabrica troles y compra a los políticos. “Su primer objetivo –explica Bughadze– es la marginalización y la destrucción de la clase media”.Le pregunto por Mijaíl Saakashvili, acusado de corrupción y de violar los derechos humanos, y reconoce que también él cruzó líneas que no debería haber cruzado, pero remarca que no fue un dictador: “Los dictadores no pierden unas elecciones, y él perdió las del 2012 y pasó a la oposición”.Saakashvili lideró la Revolución de la Rosa y, como afirma Bughadze, “Putin no tolera a los líderes que surgen de revoluciones populares”. Ivanishvili tampoco. Es más, utiliza sus fábricas de troles y propaganda para erigirse en heredero de la historia y de la Iglesia, de los reyes y los santos. “Vivimos en la distopía orwelliana de 1984 ”, comenta Bughadze, que ha escrito una novela en la misma línea.Lo más lógico es que acabe en la cárcel o el exilio, y él es muy consciente del peligro, pero considera que no hay más salida que la resistencia. “No tenemos otra forma de recuperar nuestro país”.Georgia ha perdido el apoyo de la UE y también de Estados Unidos. Las ondas de la emisora La Voz de América han dejado de llegar. Cada vez es más difícil que la población sepa de verdad lo que ocurre. Se abre paso la opción de vivir en paz aunque sea como satélite de Rusia. “Lamentablemente –dice Bughadze–, olvidamos los crímenes de los tiranos con mucha facilidad, sobre todo cuando la conciencia desaparece de la política y solo queda el pragmatismo”.El magnate Ivanishvili aplasta a la disidencia y frena el acceso de Georgia a la UE, como le ha pedido PutinÉl, en todo caso, se conjura para sostener la rebelión contra la tiranía. “Nadie más puede hacer lo que nosotros debemos hacer para defender la libertad, y debemos hacerlo porque la libertad no es una abstracción, sino una palabra que significa vida ”.Corresponsal diplomático de La Vanguardia. Ha cubierto los principales acontecimientos internacionales desde la caída del muro de Berlín y numerosos conflictos en especial en Oriente Próximo. Como corresponsal en EE.UU. fue testigo del 11-S