Cuando un cubano en la isla quiere referirse “a los que mandan”, se golpea levemente el hombro con dos dedos. El gesto sutil, condicionado por casi siete décadas de censura, evoca la hombrera de un uniforme militar. En Cuba no se habla del Gobierno o del partido (Comunista, PCC, el único legal), sino de la “dirección del país”. Es un eufemismo que apunta al verdadero poder político y económico: el de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Es difícil de imaginar. Pero la hidra en cuyas tripas descansa una economía paralela a la cubana, con reservas multimillonarias en paraísos fiscales, y con cuentas que no pueden ser auditadas por el Gobierno, tiene como matriz un edificio, sin nombre en su fachada, en la Avenida del Puerto, una vía que bordea la bahía de La Habana. Se trata del Grupo de Administración Empresarial, SA (Gaesa), un conglomerado militar que controla prácticamente la mitad del PIB de la isla. En uno de sus últimos discursos, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, señaló directamente al holding: “Cuba está controlada por Gaesa”. El emporio empresarial verde olivo lo monopoliza casi todo. La mejor forma de resumir su alcance está en la sorna cubana: “Si hay dólares de por medio, seguro que lo maneja Gaesa”. Su cartera abarca desde los hoteles, el transporte, las gasolineras y la construcción, hasta el comercio —mayorista y minorista—, las telecomunicaciones, las remesas, el comercio exterior y la zona franca del puerto del Mariel. Y la joya de la corona: el Banco Financiero Internacional (BFI). La entidad financiera opera las transacciones internacionales de Cuba. También custodia las cuentas del personal diplomático, las embajadas, las corporaciones extranjeras en el país y las ganancias de las misiones médicas, que hasta hace pocos años eran la principal fuente de divisas del país. La orden dictada por Estados Unidos para multar a las empresas españolas que “trafiquen” con Gaesa supone una invitación forzosa para salir de la isla y un cambio de paradigma en una economía estatalizada que se puede convertir en otra de mercado. Fuentes empresariales muy cercanas al Gobierno cubano apuntan por esas sanciones a Estados Unidos: “Quieren quedarse con el negocio de los gallegos [en alusión a los españoles que emigraron a Cuba a finales del siglo XIX]”.La presencia más importante es la de la industria hotelera, que supone una de las principales fuentes de ingresos del Gobierno cubano. De los 120 hoteles con los que cuenta Gaviota, la división hotelera del grupo, 62 (un 56,3% del total) son gestionados por cadenas españolas. Entre ellas destacan Meliá, con 33 hoteles, e Iberostar, con 18. La cadena de la familia Escarrer prefiere no valorar la situación de Cuba, ante el elevado nivel de incertidumbre. Pero la combinación de los apagones eléctricos, las dificultades para aprovisionarse de bebidas y alimentos y la pérdida de conexiones aéreas desde Canadá, el mayor mercado emisor, ha provocado que ahora mismo tenga la mitad de sus hoteles cerrados por falta de demanda.Iberostar dispone de 18 hoteles y cuenta desde mayo de 2025 con el más grande de Cuba, con 42 plantas, 600 habitaciones y una inversión estatal de 200 millones de euros. La inauguración de este activo apenas tuvo repercusión pública en el Granma o en otros medios estatales. La razón fue la dificultad de publicitar un gasto de tal dimensión con una crisis económica y energética que ya empieza a convertirse en una humanitaria. No ha sido la única macroinversión. La clave es que Gaesa es el propietario de los inmuebles y en un hipotético escenario de apertura económica de la mano de Estados Unidos, los contratos de gestión con las cadenas españolas podrían ser rescindidos de forma unilateral y traspasados a los gigantes estadounidenses como Marriott, Hilton, IHG o Hyatt, que encontrarían un nuevo destino en el que dar servicio a los millones de viajeros que tienen en sus programas de fidelidad (solo Marriott tiene 271 millones de clientes con el programa Bonvoy). Desde la Secretaría de Estado de Comercio española reconocen que están monitorizando la situación en coordinación con la Oficina Económica y Comercial de España en La Habana. “Este trabajo incluye también contactos continuos con algunas de las empresas potencialmente afectadas, para conocer su situación concreta, identificar posibles riesgos y acompañarlas en la evaluación de escenarios. El objetivo es mantener una interlocución directa con las empresas, anticipar posibles impactos y facilitar capacidad de respuesta ante cualquier evolución”, aseguran en este departamento, dependiente del Ministerio de Economía.Ese escenario en el que EE UU podría proceder a la toma de control del sector turístico, por los importantes réditos que deja, ya no es una quimera. Y un buen ejemplo se produjo el pasado jueves, cuando la minera canadiense Sherrit International, que tenía una empresa mixta con el Ejecutivo cubano, hizo público un acuerdo no vinculante por el que Gillon Capital, una compañía ligada a un exasesor de Donald Trump, podría comprar una participación del 55% en la minera. La decisión supuestamente se produjo por la presión de las autoridades estadounidenses con posibles sanciones si comerciaban con Gaesa. Todo un aviso para las hoteleras españolas.Gaesa nació en los noventa, al calor del Periodo Especial, la grave crisis por la caída del mundo socialista. A regañadientes, Fidel Castro abrió ligeramente la economía. Permitió el turismo y despenalizó la posesión del dólar. La firma entró en escena como una forma para financiar a los militares en medio del colapso económico. La absorción de buena parte del Estado se logró progresivamente cuando Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias durante medio siglo, asumió la presidencia en 2006. Así es como lo resume Emilio Morales, presidente de Havana Consulting Group, con sede en Miami: “Gaesa no era poderoso. Tenía una participación modesta en el mercado cubano. Pero el golpe en la mesa lo da en 2016 cuando absorbe el BFI, con una orden firmada por Raúl [Castro]”, cuenta en entrevista telefónica.Nadie sabe quiénes están al frente del holding. Sus cuentas son secretas. Y ni los altos cargos del Ejecutivo ni los medios estatales lo mencionan. Ni siquiera las veces que Estados Unidos lo ha sancionado, la última a inicios de mayo. En 2025 se pudo ver una pequeña parte de su imperio económico. El periódico The Miami Herald accedió, a través de una filtración, a los estados financieros de marzo y agosto de 2023 y 2024. El reconocido economista Pavel Vidal, que trabajó para el Banco Central de Cuba, analizó los documentos y llegó a la conclusión de que el grupo abarcaba el 40% de la economía. En entrevista telefónica, Vidal lamenta lo poco que se sabe sobre los beneficios del conglomerado y asegura que, con la escasa información con la que se cuenta tras la filtración, es evidente que Gaesa funciona como una economía ajena a las estructuras políticas y civiles del país. “Está claro de dónde provienen los ingresos. Se sabe que esos ingresos, en una parte, están en cuentas bancarias, pero no queda claro qué se hace con las utilidades”, critica. En una entrevista con la agencia Efe en mayo de 2024, la entonces contralora general de Cuba, Gladys Bejerano, reconoció que el Estado no tenía jurisdicción para auditar a Gaesa. Fue cesada dos meses después. Llevaba 14 años en el cargo.Según las cuentas de 2024, el conglomerado contaba con activos líquidos por 14.500 millones de dólares (12.475 millones de euros). Aunque en un estudio reciente, la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist aseguró que para inicios de año, las reservas del holding, golpeado por la crisis del turismo en Cuba y las sanciones, se ubicaban por debajo de los 1.000 millones de dólares. “Ahora [en 2026] ya no sabría cuánto dinero tienen porque, obviamente, Gaesa se ha visto afectada como el resto de la economía del país”, asegura Vidal.Como muchas cosas en Cuba, todos los caminos conducen al apellido Castro. La hidra militar la construyó un hombre de toda la confianza de Raúl, su exyerno Luis Alberto Rodríguez López-Calleja. Se trata también del padre de Raúl Guillermo Rodríguez, más conocido como El Cangrejo, el nieto favorito del expresidente, exjefe de seguridad y el puente entre La Habana y Washington en los contactos más recientes con la Casa Blanca. Rodríguez ha estado presente en la primera línea de los altos cargos en las negociaciones sin tener un puesto formal en el PCC, el Gobierno o las Fuerzas Armadas. También fue parte del selecto grupo que se reunió la semana pasada con el director de la CIA, John Ratcliffe, en La Habana.Del consejero delegado vitalicio, fallecido en 2022, se sabe poco. Es como si el hermetismo del conglomerado se mimetizase con las formas de su director general. Al momento de morir, las agencias internacionales batallaron para encontrar una foto del hombre que pilotó al gigante militar. Se sabe que Luis Alberto Rodríguez López-Calleja nació en 1960 en la provincia central de Villa Clara. Y que fue hijo de un compañero de armas de Fidel Castro en la Sierra Maestra. También que estudió Administración de Empresas en la Unión Soviética. El PCC lo destaca en su web por su paso por la contrainteligencia militar. En una nota del periódico Granma, el rotativo comunista afirmó que el funeral del exyerno de Raúl Castro se realizó “sin estridencias ni protocolos innecesarios, tal cual fue en vida Luis Alberto”. En un hecho poco habitual, Castro se dejó ver por la prensa estatal ocho días después del fallecimiento de su exyerno en un recorrido por la zona franca del Mariel, otro de los jugosos negocios de Gaesa.El imperio económico de los militares también queda reflejado en el relieve: grandes hoteles lujosos que llaman la atención al lado de edificios en ruinas y calles con montañas de basura. Es el contraste que deja una apuesta que ha salido mal. El deshielo de la época de Barack Obama (2009-2017) motivó un apetito voraz del conglomerado por construir enormes complejos turísticos de cinco estrellas. Al paso de los años, incluso después de que la primera Administración de Donald Trump retomara las hostilidades contra la isla, Gaesa continuó erigiendo hoteles. La caída en picado en la llegada de turistas tampoco detuvo el boom del ladrillo. En 2024, el último año con datos anualizados, casi el 40% de las inversiones estatales se concentró en esa actividad. Es una cifra 11 veces mayor a la que se destinó a Educación y Sanidad juntas, de acuerdo con estadísticas oficiales analizadas por la agencia Efe. Para Morales, las actividades de Gaesa quebraron el pacto social de la Revolución cubana: “Antes de convertirse en un pulpo que absorbe todo lo que huele a dólares, Cuba le quitaba los derechos básicos al pueblo a cambio de cubrir sus necesidades. Pero ahora ha pasado de ser un Estado socialista a un Estado mafioso”.
¿Qué pasará con el turismo en Cuba? Así funciona Gaesa, el conglomerado militar en el punto de mira de Estados Unidos
La Administración de Trump sueña con hacerse con la gestión de los hoteles, controlados por una macroempresa estatal













