En el pueblo de Rioja concurren dos fenómenos extraños. Para empezar, esta localidad de 1.609 habitantes se encuentra en el centro neurálgico de la explotación de invernaderos. Pero no hay invernaderos. En segundo lugar, porque, pese a ubicarse en la provincia de Almería, feudo tradicional de la derecha, históricamente fue un bastión de la izquierda. Hasta ahora.El pasado domingo, Rioja se erigió como el único municipio de toda Andalucía donde ganó Vox. Y cambiando drásticamente su tendencia. En 2018, la izquierda logró en este municipio el 57,44% de los votos en las urnas autonómicas, con el PSOE en primera posición. Ya en 2022 empezaron a perder la mayoría y, este 2026, el vuelco ha sido total. Su caso representa el paradigma de la provincia almeriense, donde la formación de Santiago Abascal ha logrado superar al Partido Socialista en número de papeletas. Y en unos comicios en los que la extrema derecha se contuvo y ganó un escaño. ¿Por qué? Esta es una ruta por las motivaciones.La primera incógnita sobre por qué no hay apenas invernaderos en Rioja se resuelve atendiendo al propio nombre del pueblo, topónimo que suele generar confusión al identificarlo con la comunidad autónoma del norte famosa por su vino. Pero este Rioja se encuentra en el sur del sur, a unos 13 kilómetros de la capital de Almería en sentido opuesto a la costa. Existe una teoría que atribuye Rioja al árabe “al-Ryoa” (“lugar del río”), porque la localidad se encuentra en la ribera del Andarax. Los vecinos cuentan que los alcaldes del valle se pusieron de acuerdo para que, justo ahí, no se levantaran invernaderos y se siguiera cultivando la naranja al aire libre como tradicionalmente se había hecho entonces, ayudados por el cauce del Andarax.Así, el pueblo está dividido en dos: a un lado los naranjos, que se meten casi en las calles. Y a otro, las casitas de colores de uno y dos pisos de techo plano típicas de la provincia. Desde el mirador más alto se ve incluso parte del Mediterráneo que baña la capital. También, ahí sí, los invernaderos que rodean como una colmena la ciudad de Almería. Y donde se desloman, cada día, miles de jornaleros. En su gran mayoría, inmigrantes. A la entrada de Rioja hay una gasolinera en la que Abascal ha recalado al menos dos veces en distintas campañas electorales. Junto al surtidor, Antonio Calderón, de 28 años, se esmera en la limpieza de un coche. “¿Qué alternativa hay?”, sentencia el joven para justificar su voto a Vox. Calderón compagina su trabajo de electricista con la limpieza de los vehículos. Hace una semana, fue la primera vez que cogió la papeleta de la extrema derecha, tras abandonar al Partido Popular. Calderón incluso fue en las listas del PP al Ayuntamiento y ahora se ha cambiado de bando. “Si no hay recursos para nosotros, ¡¿cómo va a haber recursos para los de otro país?!”, exclama. Calderón está hiperinformado: se sabe al dedillo el programa de Vox, conoce los pactos de Extremadura, de Aragón... comulga de plano con la “prioridad nacional”. También se queja de las listas de espera en la sanidad y del supuesto colapso de los centros de salud por la afluencia de inmigrantes. —¿Y una solución no sería más dinero para el sistema sanitario?—¡El gasto público acaba en la corrupción!Es miércoles por la tarde, un día después de que la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero caiga como un bombazo en la política española. Calderón está bien enterado del tema. Esa misma mañana, aún con la trascendencia de la noticia todavía incandescente, Abascal decide utilizar su pregunta dirigida a Pedro Sánchez durante la sesión de control en el Congreso para martillear con la “prioridad nacional”. Apunta a Zapatero, José Luis Ábalos, Santos Cerdán... pero se detiene aquí. “¿Cómo es posible que las ayudas sociales acaben en los extranjeros, que han llegado, en teoría, a contribuir?”, lanza al presidente del Gobierno.Los ecos de las palabras del líder de Vox retumban en cada calle de Rioja. Todos los consultados que se decantaron por su papeleta —30.52 % de los 698 votos emitidos— repiten el mantra de que “las ayudas se las quedan los inmigrantes, que tienen que ir para los españoles”. Ni siquiera sale mucho el tema de Mercosur pese al cultivo del naranjo, cuyas fincas adueñan escasas familias. Pero nadie concreta qué ayudas han perdido ellos en favor de los inmigrantes. Todos saben de un conocido que sí...”La renta media bruta de Rioja ronda los 20.000 y la edad media, los 40 años. Entre los preguntados hay electricistas, albañiles... En el caso de Calderón, este joven decidió mudarse hace un año a la capital, donde pudo comprar un piso de precio limitado del Ayuntamiento de Almería a 98.000 euros. Pero sigue censado en su pueblo. El joven coge su móvil y busca la tabla de viviendas adjudicadas ahora. Él asegura que sus conocidos españoles ahora no pueden optar a una porque se las quedan los inmigrantes. “¡Mira los apellidos!”, inquiere. Hay nombres de origen árabe. Y también castellano. El porcentaje de población de origen extranjero en la provincia de Almería se sitúa en torno al 22%. Este dato representa una de las tasas más altas de España y muy por encima de la media de Andalucía. —¡Santiago Abascal al poder! ¡A ver si limpiamos ya la era!Una veintena de hombres de entre 20 y 50 años juegan a la petanca en el parque del pueblo. Hay también un grupo de mujeres en torno a una mesa. Prácticamente todos muestran su rechazo a los inmigrantes, y más en concreto a los magrebíes. Casi todos, salvo Ana María Cazorla, maestra de Primaria de 59 años, que fue concejal por el PSOE en un pueblo donde incluso hubo dos décadas de Ayuntamiento de Izquierda Unida. Cazorla está escandalizada con la fama adquirida por Rioja como único municipio donde ha ganado Vox y siente “vergüenza”. “Antes este pueblo era de izquierdas”, rememora. “Ahora todos son de Vox por los inmigrantes”, añade Cazorla, que se muestra en contra de ese discurso. Otros consultados alegan el rechazo a las políticas de izquierda “en contra de la caza” como otro de los motivos para el auge de Vox, en una localidad donde muchos cazan liebre o jabalí. En el pueblo hay un par de bares y otros tantos supermercados, más parques y un centro médico. Y un puente del siglo XIX por donde pasaba la antigua carretera nacional que iba a Granada y Madrid.Según los expertos, en Almería han confluido desde hace años tanto una mentalidad de defensa a cualquier precio del negocio agrícola impulsado por los invernaderos con una permeabilidad a los discursos de mano dura con la inmigración, lo cual ha ido favoreciendo a los partidos de derechas. También existe un fuerte sentimiento de denuncia de abandono por parte de las instituciones. Además, se registró un alto grado de abstención en el referéndum que dio luz verde al Estatuto de Autonomía.El empuje de la derecha se ha hecho más patente en esas últimas elecciones, con el sorpasso de Vox al PSOE, imbuido por la derechización del país y, en particular, por un mayor rechazo al de fuera, sobre todo en los municipios del poniente almeriense. En toda la circunscripción almeriense, el PP ganó el 17-M con 128.829 votos y 6 escaños; los ultras lograron 69.689 y 3 diputados; y los socialistas, 64.604 papeletas y 3 parlamentarios. El PIB per cápita de la provincia se ha situado, por lo general, en los puestos altos de la tabla andaluza debido a la economía hortofrutícola de los invernaderos, principalmente. Aunque contrasta con datos bajos de renta per cápita.Los invernaderosDejando de lado Rioja, en Almería capital Vox quedó muy cerca del PSOE en porcentaje de voto: 21,12% de los de Abascal frente a 21,86% de los socialistas. Por zonas, la extrema derecha ganó sobre todo en las barriadas de fuera del núcleo urbano, mientras que, en el centro, el PP fue predominante. Es decir, la extrema derecha se impuso en buena parte del término municipal de Almería que va desde la ciudad hasta el Cabo de Gata, en el este, donde empieza ya la demarcación de Níjar, también con distritos donde los ultras se alzaron con la victoria. Ese área ocupa las pedanías de La Cañada, El Alquián, El Toyo o Retamar, plagadas de invernaderos y donde residen muchos de los inmigrantes que cultivan el tomate o la berenjena en el mar de plástico almeriense. Este jueves, por la carretera todavía se veían carteles de propaganda de Vox. Y en ellos se leen las promesas de los ultras: “seguridad”, “prioridad nacional” y al propio “Santiago Abascal”. El candidato andaluz, Manuel Gavira, ha anticipado una negociación larga con el presidente en funciones de la Junta, el popular Juan Manuel Moreno, que perdió la mayoría absoluta, para prestarle su apoyo a la investidura después de que el PP doblara el brazo en Extremadura y Aragón, con sendas coaliciones, y la asunción de la “prioridad nacional” en la adjudicación de ayudas y subvenciones. Por el momento, Vox no ha pedido entrar en un eventual Ejecutivo de Moreno.El matrimonio formado por Raúl Enciso y Míriam Martín, ambos de 44 años, gestiona una explotación de invernaderos que ocupa cuatro hectáreas y da empleo a media decena de personas, todas inmigrantes, en el término municipal de Almería que casi pega ya a Níjar. Criados en El Ejido, se mudaron hace unos años a esta zona y viven de alquiler en un piso cercano a la playa. Enciso y Martín votaron a Vox el domingo. Ya se habían decantado por la extrema derecha en 2018, cuando irrumpió en un Parlamento autonómico —el andaluz— por primera vez. Pero sus motivaciones han cambiado. Antes tenía más que ver con el rechazo a los pactos del PSOE con el independentismo, ahora se decantan por Abascal porque lo que “más” les “preocupa” es la seguridad de sus hijas, de 17 y 19 años. Y consideran que se ve amenazada por la mayor presión migratoria. “¿Cómo vas a regularizar a un tío que está en la cárcel?”, se pregunta Enciso. Hasta ahora, casi 550.000 personas han solicitado la regularización masiva. Como requisito, no pueden contar con antecedentes penales. “Los que vienen a trabajar, qué más da de dónde sean”, añade el empresario. La periodista plantea la contradicción entre tener empleados inmigrantes y mostrar el rechazo. Enciso explica que los españoles no están dispuestos a ese trabajo y que se les paga poco porque luego los intermediarios son los que hacen el agosto al incrementar mucho los precios. Como en Rioja, el tema de las ayudas también sale a relucir. “¿Por qué tienen que ayudar antes a Mohamed que a Míriam o a Paola?”, pregunta en referencia a sus hijas.Cerca del piso donde viven los dueños del invernadero, Daniel Massanet, de 27 años, trabaja en la nave de una empresa de embalajes propiedad de su familia. Es campeón de tenis de mesa de la provincia de Almería y el hastío por la política le había hecho abstenerse hasta el domingo pasado, cuando cogió la papeleta de Vox. Se decantó por los de Abascal sobre todo por las políticas pro bajadas de impuestos. —¿Y cómo sufragar los servicios públicos? —Hay que unificar entidades administrativas. Y hay ministerios, como el de Igualdad, que no sirven para nada. —¿Qué opinas de la violencia de género?—La violencia existe, pero como otras.—¿Cuál es tu receta para el precio de la vivienda?—El problema es que los que tienen pisos no alquilan porque tienen miedo a los okupas.Ya en el núcleo urbano de la capital de Almería, hay también calles completamente verdes, con voto predominante de Vox. La mayoría corresponde a barrios muy humildes. “Vamos a ver si con Vox cambia algo”, plantea Ana Ruiz, de 50 años, trabajadora de la limpieza adscrita al Ayuntamiento. Reside en una vivienda de alquiler social a 100 euros el mes y se lamenta de que en Almería no hay futuro ni para su hijo ni para los de sus conocidos de aquello en lo que han estudiado, se queja de los precios de la cesta de la compra... Ruiz siempre había sido del PSOE, asegura. Este viaje termina en El Ejido, uno de los primeros feudos de Vox. En esta ocasión, los ultras concitaron el 31,36% en las urnas andaluzas, por detrás del PP, que ganó con 41,64%. El PSOE se quedó en 15,95%. En este municipio, embrión de la expansión de los invernaderos, el porcentaje de inmigrantes se sitúa en torno al 33%. “Todas mis amigas son de Vox, yo he votado a Adelante Andalucía”, cuenta una funcionaria de la localidad, que no quiere dar su nombre por miedo a represalias, que siempre ha sido de izquierdas. “La crispación se nota en el ambiente”, añade la mujer, de más de 60 años, que lleva toda su vida en El Ejido, que antes de ser municipio propio era un barrio de Almería. Y que se acabó segregando por el aumento de población llegada sobre todo de la Alpujarra para explotar los invernaderos. “Ahora se forman guetos”, remacha.Uno de los jornaleros, originario de Gambia, camina hacia su casa. Vive de alquiler con otros inmigrantes en una casa de los barrios más humildes. Sobre si percibe racismo, cuenta que depende de la situación. “Cuando buscas una casa, sí”, dice este hombre de 41 años, que tampoco quiere aportar su nombre. Llegó hace siete años a España y sueña con volver con su familia para ser alcalde de su pueblo. —¿Siente que las personas de El Ejido le tratan bien?—Unas sí y otras, no.