Tres de tres. En cada final en alto del Giro, un nombre campea. La historia se repite, sin fallo. Siempre Vingegaard el más fuerte, siempre el danés triunfal. Lo hizo en el Blockhaus, lo repitió en el Corno alle Scale y no dio ninguna oportunidad en el Pila. Todo para él. En las metas de los tres puertos, el mismo ritual: tres besos al manillar y uno al anillo de su mano derecha, dos dedicatorias para la familia. “Esta es la que más recordaré”, dice el jefe de filas del Visma al comparar las tres victorias de etapa en Italia.Porque sí que hay una diferencia, una sustancial diferencia. Vingegaard cambia la maglia azzurra, de escalador, por la maglia rosa, de líder. Toma el mando definitivamente en su debut en la prueba italiana. Su sombra acechaba al portugués Afonso Eulálio, que tras nueve días de lucimiento le entregó la prenda.De líder Había llevado 27 días el maillot amarillo del Tour y se enfundó 15 veces el maillot rojo de la VueltaSin grandes exhibiciones pero con una seguridad implacable, el doble ganador del Tour y el vencedor de la última Vuelta va a por su primer Giro. Ha llevado el maillot amarillo en 27 etapas y se enfundó el maillot rojo 15 veces, por primera vez sabe lo que es vestirse de rosa, para estar más cerca de ser el octavo ciclista en conquistar las tres carreras de tres semanas.Obligado, por nombre y caché, por ser quién es, está Enric Mas a dejarse ver en la montaña. Aunque no tenga las mejores piernas, el balear tira más de orgullo que de fuerzas. En su foro interno sabe que no llegará muy lejos pero su presencia motiva al equipo Movistar. Y en Saint-Barthélémy, el primer puerto, 16 km de subida de salida, se mete en la escapada. No solo él. Con Mas se van otros tres ciclistas del conjunto telefónico: Einer Rubio, Juanpe López y Milesi. Todos el día anterior se descuelgan estratégicamente para economizar los esfuerzos. Así es como el Movistar, que está corriendo más peleón que nunca, junta mayoría en la fuga de 25 unidades. Y mantienen a tres cuando solo quedan 12 en la cabeza de carrera.Llevan compañeros de fatiga duros de pelar como Ciccone, Vlasov, David de la Cruz o Poels. Aunque ese no es el mayor de sus problemas ni mucho menos, sino lo que llega por detrás a toda prisa.Obligado, por su palmarés y por calidad, está Jonas Vingegaard en el Giro, por ser el máximo favorito. Y obligado parece que sea en los Alpes del Valle de Aosta, en l penúltimo sábado de la corsa rosa, donde deba enfundarse ya al fin la maglia. Por eso, el Visma no rehúye la responsabilidad, lo que anula las opciones de los aventureros.Como si fuera un videojuego o una pizarra, Lemmen, Campenaerts, Kuss y Piganzoli van apretando. Cada uno un poquito más. Más, más, más. El ritmo machacón y el calor causan estragos y mandan al vagón de atrás al líder Eulálio, al que su compañero Caruso le tira agua con el bidón en la nuca para refrescarle, pero nada le salvará.Piganzoli atrapa a Rubio y Ciccone a falta de 5 kilómetros. Ya no hay nadie por delante. Es cuestión de tiempo que llegue el ataque. Lo sabe Felix Gall, que sin embargo no podrá responder. Como en el Blockhaus, como en el Corno alle Scale y como en el Pila, el austríaco es segundo tras Vingegaard. Casi obligado. ¡Qué remedio! Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour
Tres de tres para Vingegaard, que se viste de rosa en el Pila
El danés, que ha ganado en todos los finales en alto, toma el mando en el Giro con casi tres minutos sobre Gall













