Carles Ruipérez Tirado 30/05/2026 17:21 Actualizado a 30/05/2026 17:29 El Giro es historia, tradición y memoria. Cincuenta años después, plantea una penúltima etapa como homenaje a las víctimas del terremoto de 1976, que tuvo su epicentro en Gemona del Friuli, de dónde parte el pelotón. Hubo 990 muertos en la zona. Y hasta la maglia rosa que porta Jonas Vingegaard es especial. Sin publicidad, se lee 'El Friuli agradece y no olvida'. Porque el recuerdo es lo que siempre queda, más pertinaz que la esperanza.Con la solemnidad que merece la ocasión, el danés se toma los 200 kilómetros y la doble subida a Piancavallo. Otra cosa no, pero el jefe del Visma es un gran campeón. Y ejerce como tal. Como el capo que ha sido desde el 8 de mayo. Como si estuviera destinado y nadie pudiese oponerse a los designios del oráculo.El modus operandiSe repitió la historia del Blockhaus, el Corno alle Scale, el Pila y Carì: un ataque demoledor para quedarse sin rivales El líder sale dispuesto a sumar su quinta victoria. A ganar donde lo hicieron Marco Pantani y Mikel Landa, dos escaladores puros con menos triunfos que carisma. Quizás lo opuesto a él, al que nadie le puede discutir su increíble palmarés (a un día de ser el octavo ciclista en ganar las tres grandes) aunque no derroche don de gentes.El Visma convierte la corsa rosa en un desfile de maillots amarillos, con mención a Tim Rex y Campenaerts, que igual suben que llanean, que controlan las escapadas con precisión milimétrica. La misma que exhibe después Vingegaard, que de los siete finales en alto ganará cinco. Solo en Andalo descansó (triunfó Valgren desde la fuga) porque en Piani de Pezzè permite que sea su inseparable Sepp Kuss quien levante los brazos.Nada le aparte de su objetivo. Ni siquiera el mal día de Kuss, cansado de la víspera, y Piganzoli, que no podrá asaltar el maillot blanco del genial Eulálio. No le importa. Falla el equipo pero no él. Antes de lo previsto, a 10,5 km de la meta, ataca. Gall hace el amago de seguirle. Dura apenas 200 metros a rueda, no más. Se pliega a la evidencia, un día más. Su lugar es el segundo. Y el de Hindley, tercero, más fuerte que Arensman en la tercera semana.La historia se repite. Blockhaus, Corno alle Scale, Pila, Carì y Piancavallo. Repóquer de victorias camino de Roma. “Soy ciclista y me gusta ganar. Cuántas más carreras, mejor. Era el último día en las montañas y decidimos ir a por la etapa. Yo he tenido un día muy bueno. Son cinco etapas ganadas y llevar la maglia a Roma, es un resultado fantástico”, resume el Giro. Lo dice como si fuera fácil. Y seguramente para él lo ha sido. Porque Vingegaard tiene piernas pero sobre todo posee cabeza. Y cada pedalada ha sido pensando en el Tour, en la salida de Barcelona, en su duelo con Pogacar. Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour
Vingegaard domina el Giro a su antojo con un repóquer de etapas y ya ve Roma
El danés gana en Piancavallo como un campeón, en solitario, sin dejar ni las migajas a sus contrincantes











