Hoy la sal parece un producto cotidiano, barato y prácticamente invisible dentro de cualquier cocina. Sin embargo, durante siglos la sal fue uno de los bienes más codiciados del planeta. Servía para conservar alimentos cuando todavía no existía la refrigeración industrial y resultaba indispensable tanto para la alimentación humana y animal como para numerosos procesos productivos. Por eso, alrededor de la sal crecieron guerras, fortunas, ciudades enteras y enormes redes comerciales.
En pleno País Vasco existe uno de los mayores testimonios históricos de esa relación entre el ser humano y la sal. El Valle Salado de Añana, situado a unos 30 kilómetros de Vitoria-Gasteiz, conserva una explotación salinera que lleva activa miles de años y que está considerada una de las más antiguas del planeta.
Un paisaje construido alrededor de la sal durante milenios
La historia del Valle Salado comenzó hace aproximadamente 7.500 años, cuando las comunidades prehistóricas empezaron a aprovechar los manantiales naturales de agua salada de la zona.
Tal y como menciona su fundación, “las investigaciones, todavía en curso, nos están informando que los inicios de la producción de sal en el Valle Salado de Añana se remontan a hace unos 7.500 años. Durante la Prehistoria, las salinas tenían un aspecto muy diferente al que podemos ver en la actualidad. Esto se debe a que el sistema productivo era distinto. No basado en la exposición de la salmuera que surge de los manantiales a los agentes atmosféricos (sol y viento) sino en la evaporación forzada mediante la combustión de materiales ígneos”.









