Ahora que los cambios de reglamento están tan de moda en la Fórmula 1 es buen momento para recordar uno de los más trascendentales en la historia del certamen: en 2009, la Federación Internacional del Automóvil (FIA) prohibió los entrenamientos privados durante la temporada. Aquella restricción destrozó a Ferrari, la escudería que más músculo económico tiene; que se pasaba días enteros dando vueltas en Fiorano, el circuito adyacente a su cuartel general, afilando su monoplaza. Un protocolo que no reparaba en gastos y que contribuyó, de forma incuestionable, a la consecución de los cinco títulos consecutivos que Michael Schumacher celebró entre 2000 y 2004.Desde que se cerró el grifo de los ensayos, la Scuderia no ha vuelto a ganar y allí sigue, intentándolo, a pesar de que por su garaje hayan pasado campeones como Fernando Alonso (2010-2014), Sebastian Vettel (2015-2020) o Lewis Hamilton, que este año cumple su segundo curso enfundado en el mono del Cavallino Rampante, y que sigue sin vencer una carrera con los de Maranello.Si comparamos el paisaje actual con el que había cuando Ferrari triunfaba, el panorama parece de otra galaxia. No es solo que los entrenamientos por cuenta propia sean ilegales, sino que, además, los equipos están obligados a cumplir con el límite presupuestario impuesto en 2021, y que para este ejercicio quedó fijado en 185 millones de euros. Eso hace que herramientas que antes se consideraban de apoyo tengan ahora un papel absolutamente central en los resultados que se dan después, en los fines de semana de gran premio. Además del túnel de viento, los simuladores hace ya tiempo que juegan un rol trascendental en la preparación de las carreras. Algunos se encuentran más a gusto que otros en estas PlayStation, que están conectadas a una plataforma móvil que imita los movimientos del monoplaza, con el piloto dentro del habitáculo. Otros, como Hamilton, tira de ellos más o menos en función de lo que le pide el cuerpo. Y para Canadá, donde este fin de semana se celebra la quinta parada del calendario, el de Ferrari ha pasado de videojuegos.“El enfoque para esta carrera es distinto, porque la he preparado de forma diferente. Cuando me meto en el simulador y luego salgo a la pista, siento el coche de otra forma”, reconocía antes de llegar a Montreal, donde estrenó su casillero de victorias en el Mundial, en 2007, y donde se ha impuesto en un total de siete ocasiones; la última, hace ya siete años (2019). “Paso tiempo en el simulador, pero, en general, no me gustan. Estás muchas horas metido en él, preparando la carrera en cuestión, y luego, llegas al trazado y pruebas el ajuste que has hecho en el simulador, y no funciona”, añadía el siete veces campeón del mundo, que con vistas a lo que pueda ocurrir en el circuito Gilles Villeneuve, ha seguido la rutina que mejor resultado le ha dado durante este 2026. Fue en Shanghái, donde terminó el tercero y firmó su primer y único podio con Ferrari. “Cuando fuimos a China, tuve el mejor fin de semana sin usar el simulador”.Al margen del evento en China, el careo con Charles Leclerc, su vecino de taller, está ligeramente a favor del monegasco, que figura el tercero en la tabla general, aunque con solo ocho puntos más que el corredor de Stevenage. En Miami, la última cita disputada hasta el momento, Hamilton fue en todo momento por detrás de Leclerc. Tanto en la cronometrada de la carrera corta (cuatro décimas), como en la de la larga (casi dos décimas). El domingo rodaba a más de 20 segundos de Leclerc, cuando este hizo el trompo que le apartó de la pelea por el podio en la última vuelta. En parrilla, Hamilton solo arrancó por delante de su compañero en China, precisamente la carrera que ha cogido como referencia para encarar su paso por Montreal.
Hamilton aparta los ‘videojuegos’ por un tiempo: “No me gusta el simulador”
El piloto de Ferrari se aleja de las pruebas en el simulador en su preparación del Gran Premio de Canadá con la intención de acercarse a Leclerc














