¿Qué tal la semana? Tranquilita, ¿no? Uno se imagina a Trump llamando enfurecido a la Embajada americana en Madrid preguntando por qué ninguno de sus inflamables comentarios en Truth Social con los que va detonando a diario el orden mundial ha tenido el más mínimo eco en la prensa española. ”Sapatero, Shakuira, Moureno Bounilla, Rial Madrís, ¿y mí? Yo parar estreich Órmuz, boumba relohería. No great job! No grillóu!”. Al otro lado del teléfono, un vigilante de la subcontrata de seguridad le contestaría: “Entendido, aquí son las cuatro de la mañana”. Al llegar a casa una hora después, antes de probar las madalenas del sexo convexo de la canción de Mecano y compartir un somier taciturno que usar por turnos, el mismo vigilante aún tendría fuerzas para decirle a su mujer: “Ha vuelto a llamar el jefe con lo de siempre, que si grillo, que si no grillo”. Son las cosas de trabajar para una importante multinacional. A veces se dan estos pequeños problemas de comunicación, incluso en las semanas en las que se encuentra fuera del radar informativo. Como diría Rajoy, mi jefe es guiri y mucho guiri.¿A qué viene todo esto? Como en estos cruceros de lujo a 100.000 euros el pasaje y hantavirus de polizón, las grandes corporaciones españolas navegan por las aguas del capital con una creciente variedad de pasaportes a bordo. Entre las 35 del Ibex ya hay siete con algún presidente o consejero delegado nacido en el extranjero, mientras que en otros sectores como las telecomunicaciones estos perfiles son casi dominantes. Todo ello mientras de vez en cuando algún español llega al puente de mando de una gran multinacional. No está de más hacer un repaso, aunque solo sea para dejar constancia.Un fenómeno relativamente reciente en España, sobre todo en los sectores estratégicos. Y que tiene que ver con el capital internacional de sus compañías, pero también con su proyección exterior y con la necesidad de estar al tanto de las grandes tendencias. Hace años resultaría inconcebible que el primer ejecutivo de un banco, obligado a congeniar con el Ministerio de Economía y el Banco de España, hablase con acento extranjero, y mucho menos que lo hiciera el alto responsable de una eléctrica, cuya habilidad más preciada siempre fue la de atornillar intereses al BOE. Ahora, cuanto mayor es la organización, más probabilidad tiene de estar dirigida por un directivo nacido fuera.Gianni Armani, consejero delegado de EndesaREDACCIÓN / TercerosEl ejemplo más reciente. En esta temporada de juntas de accionistas, el italiano Gianni Vittorio Armani ha asumido el cargo de consejero delegado de Endesa, en sustitución de José Bogas, que dejó el puesto tras doce años. Armani es un McKinsey a quien de forma oficial se le atribuye un perfil más técnico que político. Lleva desde el 2023 en el consejo de Endesa, en representación de Enel, que tiene el 70% del capital. El suyo es un ejemplo de liderazgo foráneo por causas accionariales y no es ni mucho menos un caso aislado en el panorama corporativo español. Su nombramiento fue por cierto un misterio hasta el día de la junta de accionistas, y el misterio es ahora qué deparará el nuevo mandato. Hay un compromiso de repartir más del 70% del beneficio entre los accionistas. Sobre la mesa, el debate sobre la extensión de las nucleares.También Iberdrola. En la eléctrica de la competencia el negocio local lo dirige otro directivo de perfil internacional, en este caso el chileno Mario Ruiz Tagle, consejero delegado de Iberdrola España desde el 2022, de nuevo una anomalía dentro de un sector tan apegado a la regulación. Cierto que es difícil tomar por guiri a una persona así. Con veinte años de experiencia al frente de la eléctrica brasileña Neoenergia y formado en Chile, Ruiz Tagle ha comentado alguna vez de forma distendida que sus orígenes le han dado cierta experiencia en apagones. Por eso el 28 de abril del 2025 fue capaz entender rápidamente lo que estaba pasando. Como muestra aquí o aquí Pilar Blázquez, no se arredra al entrar en los grandes debates nacionales. Por cierto, esta semana Iberdrola ha cumplido 125 años, lo que equivale a 1.500 recibos mensuales de electricidad.En la banca la tendencia se nota mucho más: el negocio internacional tiene en los casos del Santander y del BBVA más peso que el español y las grandes entidades han tirado de talento foráneo para dirigir la embarcación. El mexicano Héctor Grisi lleva desde el 2022 como consejero delegado del Santander, cuando su nombre emergió como respuesta al fracaso del intento de fichaje del italiano Andrea Orcel. Grisi venía de dirigir la actividad en Norteamérica, una región clave para el Santander, mucho más ahora que el banco se encuentra inmerso en la compra de Webster Bank por más de 10.000 millones de euros. El objetivo es ganar escala en uno de los mercados más exigentes mientras desarrolla una plataforma de negocio global.El consejero delegado del BBVA, Onur Genç EFEEl BBVA en esta ocasión había ido por delante. Su consejero delegado es el turco Onur Genç, que viene también de la propia casa y que se encontraba dirigiendo el negocio en Estados Unidos antes de acceder al cargo. Como Grisi, tiene ese marchamo de banquero global, bendecido en la meca del capitalismo. Su trayectoria profesional se encuentra muy ligada a la del presidente Carlos Torres: ambos llegaron al cargo a la vez, tras la salida de Francisco González, y ambos son, como el nuevo consejero delegado de Endesa, unos McKinsey. Con Genç al frente, el BBVA vendió el negocio en Estados Unidos porque, a diferencia del Santander, no veía opciones de lograr escala y porque recibió una muy buena oferta. El bagaje internacional incluye el conocimiento de Turquía, uno de los tres grandes mercados del banco. Y sin embargo, la obstinada realidad ha condenado a Genç a emplearse a fondo en una gran operación local, la opa al Sabadell, convertida en una trifulca plagada de claves políticas y territoriales. Fracasó, y fue en parte porque el banco no tuvo en cuenta algunos elementos de este tipo.Las telecos no se quedan atrás. El italiano Marco Patuano, consejero delegado de Cellnex, bromeaba en la última rueda de prensa de la compañía en torno a la dislocación entre nacionalidades de los primeros directivos de la compañía y las regiones que controlan. Ninguno está en su país de origen. Sin embargo, España es un caso llamativo para el sector. El austriaco Meinrad Spenger es el consejero delegado de la segunda operadora, Masorange, en la que el francés Ludovic Pech ejerce de número dos. El portugués Mário Vaz dirigió hasta hace dos años Vodafone España, controlada como en el caso de Masorange por capital extranjero, en esta ocasión británico, a través de Zegona. José Miguel García lidera ahora el negocio. Y el rumano Marius Varzaru dirige Digi. En suma, ninguno de ellos es capaz de imitar a Chiquito de la Calzada, toda una anomalía en todo sector con altas tasas de masculinización.Meinrad Spenger dirige Masorange Mané EspinosaTelefónica conserva en cambio un elevado peso de directivos españoles. Quizá demasiado elevado para su proyección exterior. De los quince miembros de su comité ejecutivo solo hay dos extranjeros, el brasileño Christian Gebara y el alemán Lutz Schüler. El primero está al frente de Telefónica Brasil y el segundo es consejero delegado de Virgin Media O2. Sin embargo, los periodistas tienen a Gebara en sus quinielas para sustituir a Emilio Gayo como futuro consejero delegado del grupo, por dirigir el negocio en una región de por sí estratégica y por su perfil internacional. Por cierto, Gebara es también un McKinsey, para seguir alimentando el mito.Más casos, el de Moeve: al frente de la compañía, la antigua Cepsa, se encuentra el holandés Maarten Wetselaar, un ejecutivo muy en la onda de la multienergía, que es en lo que se centró en su etapa anterior en Royal Dutch Shell. La empresa, propietaria de una parte de este parque refinero español tan alabado estos días por su producción de queroseno, tiene en realidad mucha tradición de directivos extranjeros, fruto de un capital que ha transitado por manos francesas, árabes y anglosajonas. Antes de Wetselaar, el consejero delegado era el francés Philippe Boisseau, y en su momento el directivo al mando era el espigado Dominique de Riberolles.¿Y qué decir de la automoción? Hace apenas un mes la directiva francoargelina Zineb Ghout se convirtió en la directora general de Stellantis en España, al frente de las plantas de Vigo, Figueruelas o Villaverde, que, como cuenta aquí Noemi Navas, está cerca de encontrar su tabla de flotación gracias a la llegada de fabricantes chinos. El único fabricante de origen español, Seat y Cupra, está dirigido por el alemán Markus Haupt, de madre española por otro lado, lo cual no tiene nada de sorprendente: Volkswagen ya situó al frente del negocio al germanobritánico Wayne Griffiths, un directivo enrollado a quien se le notaba encantado de vivir junto al mar, entre Barcelona y Sitges.Marco Sansavini, consejero delegado de Iberia EpUna última tanda de ejemplos. Iberia está dirigida por el italiano Marco Sansavini, Grifols tiene como presidenta a la suiza Anne-Catherine Berner y Amadeus cuenta con el francés William Connelly para el mismo cargo. Fluidra llegó a tener un consejero delegado estadounidense, Bruce Brooks, fruto de su fusión con Zodiac, cuyos accionistas ya se han diluido como una pastilla de cloro en una piscina, de lo que habla aquí Gabriel Trindade.Queda demostrado, los perfiles internacionales ganan peso. Lo hacen en unas corporaciones españolas muy abiertas por otro lado al capital extranjero. Detrás de esta tendencia hay otros motivos. Uno de ellos, el ya comentado: la relación con el Gobierno y los reguladores ya no es tan intensa como antaño. Otra: se impone la necesidad de hablar el idioma global de los negocios, de estandarizar fórmulas de gobernanza y de barnizarse de una cultura legible para los inversores internacionales. A eso se añade el interés de las grandes empresas españolas por los mercados de la UE, Reino Unido, Brasil o Estados Unidos.Súmese a todo esto que la fiscalidad es favorable para los directivos extranjeros en España. Aprobada en el 2005, la ley Beckham sigue metiendo muchos goles y amplió su alcance en el 2023, a través de la ley de startups, a nómadas digitales, emprendedores y teletrabajadores. El punto fuerte: un tipo de IRPF del 24% hasta 600.000 euros durante seis años, frente al 47% habitual. Hay además exenciones y ventajas en pagos en especie, bonus o entrega de acciones. Una forma de atraer talento y una fuente de alegrías futbolísticas, por otro lado.¿Y qué pasa en sentido contrario? También hay casos de españoles al frente de grandes multinacionales. Y en esta temporada de juntas de accionistas ha habido ejemplos destacados. Amparo Moraleda es el más reciente: se convertirá en la primera española en presidir Airbus. En apenas seis meses hemos sabido que Pablo Isla presidirá Nestlé, que Belén Garijo dirigirá Sanofi o que Enrique Lores se hará cargo de PayPal. Una llamativa secuencia de encumbramientos de directivos españoles de la que ha escrito aquí Elisenda Vallejo.A eso puede añadirse que el conglomerado de aerolíneas IAG tiene desde enero a dos españoles al frente: Luis Gallego como consejero delegado y Antonio Barrionuevo como director financiero. Y que en el sector de la automoción los directivos españoles han tradicionalmente llegado lejos. Josep Maria Recasens es ahora el presidente ejecutivo de la filial de coches eléctricos de Renault, Ampere, mientras que José Muñoz dirige Hyundai Motor desde finales del 2024.¿Hay más directivos extranjeros en las grandes empresas de España que en las de Francia o Alemania? En un rápido vistazo, todo parece indicar que sí, sobre todo si se compara con Alemania. Al margen de los bancos, en España se imponen los perfiles foráneos en compañías con capital extranjero, más abundantes que en otras grandes economías de la zona euro. Sin embargo, en Francia hay conocidos directivos de otros países que logran prosperar al frente de grandes multinacionales, no tanto por el origen del capital, como por la implantación global de la compañía. Alemania en cambio parece un país algo más cerrado, quizá por su capacidad para desarrollar una industria y conocimientos propios. Son solo impresiones, no se lo tomen como una verdad universal de las que se leen en Truth Social.Algunos ejemplos franceses. Dentro del CAC 40, el canadiense Ben Smith dirige Air France-KLM, el polaco Slawomir Krupa está al frente de Société Générale y el portugués Carlos Tavares se hizo cargo durante años de Stellantis antes de ceder el cargo al italiano Antonio Filosa. AXA tiene como consejero delegado al alemán Thomas Buberl. El enarca de toda la vida, ya saben, el graduado en la elitista Escuela Nacional de Administración (ENA), ese estereotipo que sale hasta en los tebeos de Asterix, va dejando espacio a perfiles más diversos.En Alemania no son tan frecuentes los directivos extranjeros. El más influyente es el sueco Ola Källenius, al frente de Mercedes-Benz. Dentro del mundo de la salud y la medicina, sí han hecho carrera los estadounidenses Helen Giza y Bill Anderson, a los mandos de Fresenius y de Bayer, respectivamente. Quién sabe, quizá dentro de poco el italiano Andrea Orcel acabe dirigiendo Commerzbank, tras la toma de control de Unicredit.Nada más. Quedan pendientes de revista los consejos de administración de las empresas del Ibex, también cada vez más abiertos al exterior. Lugares en definitiva desde los que contemplar el mundo, panópticos corporativos. Algo así como el Aleph del que escribió Borges, ya saben, “uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos”. En la imaginación del escritor argentino aquel lugar se encontraba en el sótano de una casa. En la nuestra, el Aleph son esas piscinas de Magaluf en las que caen guiris del cielo propulsadas por el balconing o son también los vestuarios de los equipos de fútbol de la shempions, en los que se departen soflamas en inglés entreveradas con el idioma local cuando no intercede el esperanto del puñetazo entre compañeros. O incluso el infausto Hondius, con sus 19 nacionalidades, sin contar la del virus. Luego está el caso diferente del no lugar, el de Shakira, que es una apátrida fiscal, como escribe aquí Eduardo Magallón.OTRAS NOTICIAS DE LA SEMANAMarc Puig preside Puig Mané Espinosa· Puig y Estée Lauder rompen las negociaciones de fusión. No ha habido acuerdo entre los dos grupos para unir los negocios y conformar un gigante de la belleza, tal y como comunicaron anoche, de lo que informa Elisenda Vallejo.· Simón y el Gobierno cambian de CEO en Indra. Desde Moncloa ha llegado la decisión de relevar al primer ejecutivo de la compañía, José Vicente de los Mozos, para emprender una nueva etapa en la que el nuevo presidente, Ángel Simón, reordenará la casa y lanzará un nuevo plan. El martes está previsto que se conozca el nombre del nuevo consejero delegado.· Criteria se refuerza en ACS. El holding de participadas de La Caixa ha acudido a la ampliación de capital de la constructora y ya tiene más del 10% de las acciones.· Riquelme se medirá Florentino Pérez en el Real Madrid. El presidente de Cox ya ha informado a la junta electoral de que quiere presentarse a las elecciones para presidir el club.Redactor de la sección de Economía y Empresas de La Vanguardia. Licenciado en Periodismo (UCM) y en Psicología (UNED). Ha trabajado en Europa Press y en Expansión
Mi CEO es un guiri y mucho guiri
Endesa, Moeve, Santander o BBVA confían puestos clave a directivos extranjeros














