Actualizado Mi�rcoles,
mayo
00:03Dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Jes�s Ruiz es la prueba de que la frase no es solo un clich�. El equipo que lideraba en KPMG, una veintena de consultores en su mayor�a especializados en energ�a, perdi� a su mejor cliente cuando la big four gan� la auditor�a de Endesa. Para evitar conflictos de inter�s, desde que el grupo empez� a fiscalizar sus cuentas, Ruiz y su equipo tuvieron que renunciar a atender a la segunda mayor el�ctrica espa�ola en la �rea de consultor�a. Ese fue el detonante que le hizo dar el salto y ponerse al frente de la divisi�n ib�rica de la firma italiana Business Integration Partners (Bip), un gigante de los servicios profesionales con m�s de 6.700 empleados y una cartera de clientes que incluye m�s de 330 grandes multinacionales.All� aterrizo, llev�ndose consigo a buena parte de su equipo. "Entonces no sab�a que irme para volver con una marca menos conocida era relativamente f�cil. Ahora lo tengo claro. Muchos clientes para los que hab�amos trabajado pronto empezaron a llamar a nuestra puerta". Despu�s de Endesa, su segunda gran oportunidad fue Acciona, para la que han trabajado mucho en la parte de energ�a. Cuando Ruiz desembarc� en Bip Iberia, hace siete a�os, la divisi�n ten�a unos 50 empleados y, tras m�s de una d�cada de trayectoria en Espa�a, se hab�a estancado en una facturaci�n de unos cinco millones. Ahora, tiene 140 proyectos en marcha, su plantilla supera los 400 trabajadores y apunta a cerrar este a�o con entre 45 y 50 millones de ingresos.La consultora se ha hecho fuerte en energ�a -que sigue acaparando m�s de la mitad del negocio-, pero ha ampliado sus horizontes con buenos resultados al sector financiero y asegurador, a las infraestructuras y a las ciencias de la salud. Tambi�n al sector p�blico, donde han empezado a trabajar este a�o, aunque ah� su modelo no brilla tanto. "Es un poco triste. Es muy complicado hacer los trabajos bien en el sector p�blico por el modelo de contrataci�n, que lo que persigue es que nadie se lleve el dinero a espuertas, pero donde una propuesta de valor como la nuestra no garantiza triunfar porque solo importa el precio", reflexiona.Abrirse hueco en el imperio de las big four no es f�cil. Su receta es la flexibilidad para reaccionar r�pido y una especializaci�n que permite bucear, m�s que surfear, en los desaf�os que plantea el cliente. "Trabajamos en las cosas que son complicadas, en temas fastidiados en los que lo que importa es hacerlo bien y no solo el nombre. Cuando surge algo as�, estamos ah�", destaca. De la colosal estructura de su antigua casa aprendi� la ventaja de no tener murallas chinas. "Culturalmente no queremos que nos pase lo que hemos visto. Al final, la gente en este negocio lo que quiere es tener clientes y tener equipo. Si todos creen que esto es un proyecto conjunto, si un a�o a uno le va mal y a otro bien y se compensa... Construir confianza en un equipo cuesta mucho, pero romperla es f�cil. Desde arriba tratamos de mantener la tensi�n porque queremos ser potentes y crecer. No es f�cil, pero est� funcionando", explica.�Qu� les diferencia? "Intentamos que toda la gente tenga un perfil emprendedor y colaborador, porque a la larga es m�s importante que facturar un poco m�s. Eso es lo que en otros lados no pasa. A veces le hemos tenido que decir a alguno que, aunque facture m�s, no nos compensa si luego nos monta un l�o. Aqu� no venimos a tener l�os, venimos a trabajar".En los �ltimos siete a�os, muchos de esos grandes desaf�os han orbitado alrededor de las sucesivas crisis energ�ticas que han puesto patas arriba los planes de las grandes empresas. De Ucrania al actual shock global por la guerra en Oriente Medio. En Bip las han estudiados todas."Ucrania cambi� la direcci�n de la pol�tica energ�tica, porque demostr� que la presi�n viene por todos lados. Viene por la garant�a de suministro, pero tambi�n por los precios de la energ�a". Afirma que Europa cogi� la bandera de la descarbonizaci�n, que hace varias d�cadas no entraba en la ecuaci�n, pero despu�s de las recientes crisis entendi� tambi�n que no deb�a centrarse solamente en eso."La posici�n original de Europa es 'yo soy el bueno y hago lo que hay que hacer, y ya los dem�s luego me siguen'. Por dar ejemplo y tambi�n porque tiene el dinero. �No le vas a pedir a Sud�n del Sur que empiece la revoluci�n verde!". �Fue un error? "La cuesti�n es que eso cuesta dinero y te pone un poco m�s en riesgo. Si t� inviertes y los otros no te acompa�an, lo que haces es perder competitividad. Subvencionas una tecnolog�a para que mejore, pero cuando tiene sentido econ�mico ya no hay que ayudarla. �Qu� ha pasado? Europa ha puesto m�s de lo que ten�a sentido. Si fueran solo criterios t�cnicos, quiz�s habr�amos invertido un poco menos en renovables y tendr�amos m�s cuidado con c�mo y cu�ndo operan. Nos hemos pasado un poco", explica.En afrontar esa realidad estaban los gobiernos y las empresas europeas justo antes de que estallara la guerra de Ir�n. "Est�bamos reorientando a nivel Europa las prioridades y la agenda verde para encajar la autonom�a estrat�gica". �Qu� preocupa ahora? "Ya no solo falta petr�leo, sino muchos destilados medios. Las compa��as est�n s�per cortas de esos productos y la gran pregunta es c�mo cubrir ese hueco". Ruiz apunta que Espa�a est� bien posicionada gracias a las refiner�as. "Las empresas han invertido much�simo en el sistema de refiner�as y son muy flexibles, pueden cocinarlo todo".La guerra ha trastocado la foto global de muchas compa��as, pero no tanto el d�a a d�a. "La din�mica de negocio no ha cambiado. En Europa, el riesgo de garant�a de suministro ya estaba, ahora se ha visto, pero estaba. Las empresas siguen enfocadas en su red comercial, en mejorar su eficiencia operativa, en meter hidr�geno y biocombustibles, porque han cogido las ayudas y ahora toca montarlo todo y que la cosa funcione", concluye.Hace semanas, Bip proyect� tres posibles escenarios para la guerra en Ir�n. El regular, el malo y el peor. �En cu�l estamos? "Ha habido ataques a infraestructuras que tardar�n a�os en arreglarse, otras han tenido que parar y no podr�n reactivarlas de un d�a para otro. Estamos peor que hace semanas porque han roto m�s cosas, pero el da�o a infraestructuras en Ir�n a�n no es dram�tico".












