Keiko Fujimori se ha hecho eco de las denuncias del candidato de ultraderecha que quedó fuera en la primera vuelta y resucita sus propias quejas por supuestas irregularidades en su derrota en 2021

Las elecciones en el Perú han dejado de ser solo una disputa por el poder para convertirse también en un terreno fértil para la sospecha. La palabra fraude, repetida hasta la saciedad en cada crisis, ha ido desgastando la confianza en el sistema electoral. En 2021, tras perder la segunda vuelta frente a Pedro Castillo por poco más de 44.000 votos, Keiko Fujimori denunció un supuesto “fraude sistemático”. La acusación nunca logró sostenerse con pruebas que demostraran que se torció la voluntad popular. La candidata evitó reconocer el resultado y se resistió a concederle la victoria a su adversario.

Cinco años han pasado y, aun así, Keiko Fujimori parece no haber terminado de procesar aquel segundo lugar. En el aniversario de Fuerza Popular, el año pasado, volvió a poner en duda el desenlace de 2021. “Ganamos las elecciones, pero nos robaron los votos”, dijo ante una militancia que respondió con aplausos y consignas. En buena parte de la actual campaña eludió quedar atrapada en esa controversia, pero el tema reapareció apenas se confirmó su pase a la segunda vuelta. El mismo día en que se oficializó que disputará por cuarta vez la presidencia del Perú —esta vez frente a Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, el próximo 7 de junio— Keiko Fujimori volvió a deslizar la idea de que en 2021 no perdió solamente una elección, sino que fue víctima de una trampa.