Los subterfugios y tesoros de Malasia, que combina lo humano, lo divino y lo natural, hacen que sea difícil decantarse por un itinerario si el tiempo es limitado. Muchos optan por recorrer sus islas o aventurarse hasta Borneo, conocido por sus junglas y sus orangutanes. Pero una de las singularidades de este país del sudeste asiático, que se independizó de Inglaterra en 1957, es su riqueza cultural e histórica, debida en gran parte a su pluralidad religiosa. En esta ocasión, proponemos Kuala Lumpur como punto de partida, seguido de una visita a dos ciudades históricas declaradas patrimonio mundial por la Unesco en 2008, Malaca y Georgetown, y, entre medias, adentrarse en dos ciudades bellísimas y poco turísticas que representan bien cómo se vive en este país de contrastes, Teluk Intan y Kampar.Kuala LumpurEl mosaico cultural y espiritual de Malasia, un país oficialmente musulmán pero respetuoso con otras religiones, que están bien integradas en la ciudad, se hace patente en Kuala Lumpur. Las cuevas de Batu, la atracción turística principal a unos 30 minutos del centro de la ciudad, se cedieron a los hindúes, que necesitaban de un lugar sagrado, y lo convirtieron en un complejo de varios templos dentro y fuera de las cuevas. Es una peregrinación a través de 272 escaleras pintadas por bloques de distintos colores, como metáfora de las emociones que se atraviesan mientras se acomete el esfuerzo de la subida por una colina repleta de macacos. El Thaipusam Festival, a finales de enero, concentra a miles de devotos que ascienden haciendo penitencia. Las escaleras se encuentran junto a la estatua más grande del mundo de Murugan (algo más de 42 metros de altura), el dios de la valentía y la victoria, que fue colocada hace relativamente poco, en 2006, teniendo en cuenta que las cuevas son un santuario desde el siglo XIX.Uno puede hacer las cuevas por la mañana y por la tarde subir a las Petronas —las torres gemelas más altas del mundo (452 metros; 88 pisos)— o la Merdeka 118 — que se inauguró en 2023 y es el segundo edificio más alto del mundo (118 pisos), solo por detrás del Burj Khalifa—, y admirar cómo lo selvático y la urbe se combinan en perfecto equilibrio. Otra muestra de ello es el Forest Eco Park, en el corazón de la ciudad, donde se puede recorrer un puente flotante en medio de la jungla mirando los rascacielos.Si algo caracteriza a Kuala Lumpur es la mezcla de tradición y modernidad. Aquí tiene lugar uno de los festivales de cómic más prominentes de Asia, Comic Fiesta (cuya próxima edición es el 26 y 27 de septiembre), y es interesante el contraste de miles de cosplayers junto a mujeres con el tudung, el velo islámico malayo. La ciudad, construida para ser transitada en coche, puede recorrerse en un par de días, dedicando el restante a perderse en los bazares: el mercado central, para ropa y artesanía; o el Petaling Street Market, donde abundan las imitaciones. Chinatown es ahora uno de los barrios más hípsters de la ciudad. Allí se encuentra el REXKL, un antiguo cine convertido en centro cultural, y el restaurante Lai Fong Lala Noodles, especializado en sopa de fideos con almejas, recomendado varios años consecutivos por la guía Michelin.MalacaEn Malaca confluyen armónicamente la cultura portuguesa, holandesa y británica, con la malaya y la china, y quizá sea ese su mayor encanto. No hay muchos lugares en el mundo donde las religiones cohabiten de forma tan armónica como aquí, donde en un reducido espacio se encuentran iglesias, mezquitas y templos budistas, hinduistas y taoístas. A tan solo dos horas y media en coche de Kuala Lumpur, los viajeros a veces programan una mera excursión a esta pequeña ciudad durante el día, pero es recomendable pasar varios. Es una de las cunas de la cultura peranakan, también llamada baba-nyonya, que se refiere a los descendientes de chinos que se establecieron en Malacca creando una tradición cultural única. El Baba & Nyonya Heritage Museum, un lugar histórico del siglo XIX, constituye una parada obligatoria. A lo largo de las dos calles principales de la ciudad, Jonker Street (Jalan Hang Jebat) y la colindante Jalan Tun Tan Cheng Lock, el principal cometido es pasear admirando la arquitectura de las fachadas coloniales. A diferencia de otras ciudades que han sido restauradas hasta el punto de parecer un decorado impostado, aquí la pintura está medio borrosa, las paredes desconchadas y las grietas invadidas por la vegetación, y es esa autenticidad que deja entrever el paso del tiempo sin corregirlo lo que le da mayor belleza. Una decadencia que bien puede provocar el síndrome de Stendhal en aquellos que sepan apreciarla. Pasear por el río Melaka, a pie o en barco, es también una delicia. La gastronomía del lugar es bastante distintiva y, si se quiere tener una experiencia memorable, es recomendable ir al Peranakan Place o al Wild Coriander.Teluk IntanEs fácil transportarse en el tiempo mientras se pasea por el casco histórico de esta pequeña ciudad llena de encanto. Es conocida por tener la torre de Pisa asiática (de la mitad de tamaño), llamada Menara Condong. Más interesante que eso son las salidas en barco a la Isla de las Garzas y dejarse asombrar viendo cientos de árboles poblados de nidos gigantes y pájaros blancos que se posan en sus ramas al atardecer, en un recorrido por el río Perak, donde abundan los cocodrilos. O ya entrada la noche, embarcarse en otra aventura onírica, con la intención esta vez de dejarse envolver por las libélulas.La gastronomía en Teluk Intan es un deleite para los amantes del curri y del rotti. Y qué decir de las frutas. Para los amantes del dulce hay lichi, rambután, jackfruit, mango, papaya, dragon eye o salak (fruta de la serpiente); y quienes prefieren lo amargo tienen el durian, la fruta icónica del país.KamparEsta ciudad al pie de unas montañas verdes llenas de bruma parece estar envuelta en las nubes. Su halo poético puede apreciarse en las cinematográficas fachadas del casco antiguo, en los mercados, las casas humildes, en la gente mayor que maneja la bicicleta con una mano y con la otra sostiene una sombrilla para protegerse del sol. Las oraciones del Corán, que se repiten cinco veces al día por altavoces repartidos por Kampar, tienen algo de hipnótico mientras se pasea por las calles de este lugar difícil de olvidar, donde los lugareños, en vez de perros o gatos, tienen tortugas gigantes como animal doméstico.PenangLa belleza de la isla de Penang, donde abundan los monos por doquier, hace perdonable el turismo que la invade. Uno puede alojarse en uno de los resorts de lujo jungla-paraíso, a orillas del mar, y dedicar las mañanas a explorar aquello que no se puede encontrar en ninguna otra parte del mundo. Se trata de Penang Hill, una colina a la que se accede mediante un funicular que sube a 830 metros de altura para, casi rozando las nubes, observar una panorámica de ensueño. Allí se encuentra Habitat, una jungla en la que se puede hacer un recorrido inmersivo que incluye columpios gigantes y una pasarela suspendida a la altura de las copas de los árboles. Otra de las atracciones de la isla es el complejo budista más grande del país, el Kek Lok Si Temple, cuyo emplazamiento en medio de las montañas hace que la experiencia sea sublime, convirtiéndose probablemente en el paisaje-templo más memorable de Asia. Y, por último, Georgetown, una ciudad que es pura belleza, hecha para caminar, y donde se encuentran edificios históricos como The Blue Mansion (donde se rodó Indochina y Crazy Rich Asians). Llega un momento en que el viaje termina y uno regresa adonde sea que viva, pero regresa más rico, distinto, con el alma y los ojos llenos de historia y de vida.
En ruta por Malasia, un país de contrastes donde conviven lo humano, lo divino y lo natural
De Kuala Lumpur a las históricas ciudades de Malaca y Georgetown, patrimonio de la Unesco, con paradas en Teluk Intan y Kampar













